Francia también tiene su Toscana: la recorremos tras los pasos de D’Artagnan

Por sus suaves colinas y sus bellos paisajes, algunos apodan a la región de Gers-Gascuña la Toscana francesa. Situada en el sur de Francia, esta región aislada y por eso muy auténtica propone varias rutas para descubrir su gastronomía y su patrimonio en las tierras que vieron nacer a Charles de Batz, el famoso mosquetero D’Artagnan.

Javier Carrión
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Foto: CRISTINA CANDEL

En Gers-Gascuña no hay grandes carreteras ni macrohoteles. Los viejos caminos de esta región que hoy solo pueblan 190.000 habitantes se convirtieron lentamente con el tiempo en carreteras locales que conducen a castillos, abadías, bastidas, pueblecitos con encanto y a un territorio repleto de viñas y de granjas donde crecen miles de patos. En estas tierras nació el célebre D’Artagnan, héroe de Alejandro Dumas, cuyo nombre real era Charles de Batz, y sus amigos Athos, Porthos y Aramis vieron la luz entre esta región y los cercanos Pirineos. El “uno para todos y todos para uno” se hizo muy popular en la novela publicada a mediados del siglo XIX y mucho más tras su aparición en el cine. Desde la primera gran versión muda de Los tres mosqueteros, protagonizada por Douglas Fairbanks hace ahora 100 años, a la última en 2011 con la top model Milla Jovovich en el papel de Milady de Winter.

Ricardo Salvador

El caballero D’Artagnan constituye el gran icono de esta vieja Gascuña anclada en sus tradiciones y se asoma en forma de esculturas por tres puntos de la región. La figura más antigua del mosquetero se halla en la gran escalinata monumental de la capital Auch delante de la prodigiosa Torre de Armagnac y fue construida en 1931; la segunda, levantada en 2010, se alza junto a la catedral de Condom y en ella el héroe gascón, considerado el guardia del rey ideal por su pasión e impetuosidad, está acompañado de sus tres amigos mosqueteros; por último, en Lupiac, su ciudad natal, la plaza mayor está presidida por una hermosa escultura del caballero a caballo realizada en 2015.

Escultura de D'Artagnan y los tres mosqueteros en Condom. | CRISTINA CANDEL

Un antepasado en Lectoure

Todas esas estatuas constituyen un reclamo constante para el viajero en cualquiera de las rutas de Gers, como la de las bastidas o las del célebre armañac. Más difícil es encontrar un descendiente actual de este típico gascón espadachín, pero existe y vive en Lectoure, una villa histórica situada a 35 kilómetros al norte de Auch. Se trata de Victoire de Montal, una elegante dama de 86 años que presume de formar parte de la familia Montesquiou Artagnan, cuyo origen se sitúa en el siglo IX, a la que perteneció el mosquetero.

La Taverne de D'Artagnan, en la plaza principal de Lupiac. | CRISTINA CANDEL

En 1979 Victoire, periodista de profesión, y su marido, Patrick, regresaron a las tierras gasconas y adquirieron una finca en ruinas de viñedos castigados por la filoxera, el actual Domaine d’Arton, en la que solo encontraron unas viejas monedas romanas con el deseo de cumplir su gran sueño: criar el mejor armañac. “Cuando llegamos a esta tierra comenta Victoire en una de las salas de su bodega teníamos mucha fuerza para obtener un gran armañac y lo hemos conseguido, pero esta actividad en la región no es para mí una industria, sino un arte de vivir, una pasión, una manera diferente de entender la vida en plena naturaleza.”

Población de Lectoure desde la torre de la catedral de San Gervasio y San Protasio. | CRISTINA CANDEL

Hoy, esta pareja y su equipo de cinco trabajadores venden 12.000 botellas al año, tras obtener en 2017 el Prix d’Excellence en el Concurso General de París, imponiéndose por primera vez a un coñac y al resto de aguardientes franceses y han ampliado su finca que ahora se extiende por 80 hectáreas. “Somos felices porque no se consigue un excelente armañac sin un buen vino y una correcta destilación”, concluye Victoire, orgullosa de su familia compuesta por seis hijos y 17 nietos. Uno de ellos, Jean, y su esposa, Lily, continuarán la tradición iniciada por sus padres.

Armañac, el aguardiente más antiguo de Francia | Mathilde Audibert / ISTOCK

La Romieu, paso de peregrinos

Antes de abandonar Lectoure y su rue Nationale, repleta de palacetes y torres —quedan en pie seis de las 30 que se elevaban antiguamente—, conviene armarse de valor y subir a la torre de la catedral de San Gervasio y San Protasio a través de una larga escalera hacia el cielo. Arriba, la vista del pueblo y de los alrededores es un regalo visual que no hay que perderse. Quince kilómetros separan La Romieu de Lectoure y una colegiata histórica reclama la atención de los visitantes y de los peregrinos a Santiago de Compostela.

Pueblo de Lavardens. | CRISTINA CANDEL

El edificio, catalogado como monumento y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, destaca por su claustro suntuoso y abandonado, su iglesia de nave única, la sacristía con unos bellísimos frescos del siglo XV y sus dos imponentes torres. Una de ellas contiene también una joya arquitectónica: una doble escalera construida probablemente para facilitar la evacuación en caso de invasión, 200 años antes de la diseñada por Leonardo da Vinci en el castillo de Chambord. Al salir de la colegiata una calle conduce a la plaza principal de La Romieu con 18 gatos de piedra, situados estratégicamente, que hacen referencia a una leyenda que asegura que fueron estos animales los que salvaron a los habitantes del pueblo de la hambruna tras una plaga de ratas.

Puente sobre el río Gers en la localidad de Auch. | CRISTINA CANDEL

Otro importante monumento religioso, la abadía cisterciense de Floran, queda muy cerca de La Romieu. La abadía, fundada en 1151, quedó abandonada tras la Revolución Francesa, pero su estado de conservación es excelente a pesar de dos sucesos acaecidos en este lugar: un aparatoso incendio y un intento fallido de venta del claustro a un anticuario de Nueva York en 1913. Ese claustro que mantiene varios capiteles decorados con figuras vegetales y animales está considerado hoy su gran joya con una bella sala capitular en la que los monjes podían comunicarse, pero solo con signos y sin hablar. La iglesia impresiona por su tamaño y ahora se encuentra vacía, pues tras la pandemia de la covid-19 no ha sido utilizada para sus exposiciones habituales. Sí se pueden visitar en el primer piso las celdas de los religiosos, adornadas ahora con cuadros de la colección de Mickaël Simonov con una llamativa pieza de Monet, Marine, Pourville (1881).

Catedral de San Gervasio y San Protasio y plaza principal de Lectoure. | CRISTINA CANDEL

El claustro de Condom

Un gran mercado, sobre todo del armañac, en torno a la imponente catedral de San Pedro. Eso era Condom a orillas del Baïse, una villa episcopal con elegantes palacetes del siglo XVIII, como los de Polignac y Cugnac, y su catedral del siglo XVI, custodiada ahora por los cuatro mosqueteros de Dumas, esculpidos por el artista ruso Zurab Tsereteli con figuras de 2,20 metros y un peso de 5,5 toneladas. Curioso es su claustro de estilo gótico flamígero, liberado de la iglesia como si fuera un patio más de la ciudad, donde todos los años, durante el segundo fin de semana de septiembre, se celebra la gran fiesta de la Cofradía de los Mosqueteros de Armañac. El claustro, embellecido con miles de flores, se cubre para recibir a más de 600 cofrades de todo el mundo, hombres y mujeres vestidos como mosqueteros, que comen, bailan y saborean los productos de la región encabezados por el popular aguardiente.

Colegiata de San Pedro, en La Romieu. | CRISTINA CANDEL

Para completar la visita a Condom se recomienda visitar dos de los pueblos más bellos de Francia. Larressingle, conocido como la pequeña Carcasona, es una de las últimas villas gasconas cuyos muros siguen intactos. En el interior del pueblo, donde brilla su torre del homenaje, solo viven ahora siete miembros de dos familias que regentan una tienda y un restaurante, pero el paseo por sus callejuelas recuerda lo duro que debía ser la vida en estas comunidades fortificadas casi siempre en guerra. La segunda villa de este tour próximo a Condom es Fourcès, rodeado también de prados y viñas, una bastida original con forma circular. Bajo la sombra de un puñado de plataneros, se extiende su coqueta plaza también redondeada, un espacio rodeado de pintorescas casas antiguas con arcadas de gran encanto.

El castillo de D’Artagnan

Más al sur de la región, ya en el corazón de Gers, la villa de Lupiac (315 habitantes) aparece como el lugar ideal para descubrir mejor la emocionante vida de D’Artagnan, pues fue en el castillo de Castelmore donde nació Charles de Batz. En la actualidad, este palacio situado a dos kilómetros de Lupiac se vende por 2,5 millones de euros, aunque de momento no hay comprador a pesar de que Lupiac se ha convertido en un destino de moda en la región desde que empezó a organizar cada segundo domingo de agosto el Festival d’Artagnan.

Abadía de Flaran | CRISTINA CANDEL

La primera fiesta tuvo lugar en 2012, y año tras año se reconstruye un día de feria en Lupiac en el siglo XVII. El festival moviliza a 500 voluntarios vestidos de época, más de 30 mosqueteros incluido D’Artagnan (un médico alemán de Hamburgo llamado Thomas Samek le representa desde la primera edición), un destacamento militar de la guerra de los Treinta Años y un grupo de artesanos, seguidos por unos 3.500 visitantes que se acercan a la villa.

Previamente, alrededor de 20 mujeres del pueblo, como Annette Emms, una de las tejedoras, confeccionan los trajes del festival en el taller de costura de la plaza principal justo enfrente de la figura ecuestre del caballero D’Artagnan (2015). “Una casaca de mosquetero requiere al menos de unas ocho horas de trabajo —comenta Annette— y se alquila por 50 euros en la fiesta, pero hay hasta seiscientos vestidos diferentes para elegir.” Los invitados pueden también asistir a una misa en gascón, escuchar canto y música barrocos, degustar platos y bebidas de la época e incluso disparar con mosquete o manejar la pica, o simplemente asistir a combates y bailes de las gitanas y lavanderas.

Casa de huéspedes Maison Ardure, en Terraube. | CRISTINA CANDEL

Esta es, sin duda, una agenda completa para honrar al séptimo y último hijo de Bertrand de Batz Castelmore y Françoise de Montesquiou, nacido en 1613, cadete del cuerpo de mosqueteros al trasladarse a París con 17 años y a la postre gran protector del rey Luis XIV, pues al monarca le gustaba el carácter valiente y fiel del que acabó siendo capitán de los mosqueteros. Desgraciadamente, Charles de Batz murió en Maastricht el 25 de junio de 1673 durante la guerra contra los holandeses. Esta y otras muchas historias sobre D’Artagnan pueden conocerse en el museo que lleva su nombre a la salida del pueblo. Como, por ejemplo, la que llevó a Alejandro Dumas a escribir su famosa novela después de leer las Memorias del señor D’Artagnan (1700) de Gatien de Courtilz.

Cruz de los Mosqueteros | CRISTINA CANDEL

De camino al destino final de la ruta en Auch, dos paradas en Tour de Termes y Tillac permiten adentrarnos todavía más en la Edad Media. El primero de ellos, por su gran torre de 36 metros de altura, donde se prepara actualmente un museo interactivo para deleitarse con una inmersión en la época medieval, y el segundo, para pasear por su calle principal, llena de encanto, en la que se suceden hermosas casas antiguas porticadas y con entramados.

Auch, ciudad de canónigos

Espera la capital de la región, ciudad de canónigos en su parte más alta y vieja, con un referente, la catedral de Santa María, realizada en estilo gótico tardío. El imponente templo brilla por la sillería del coro de madera de roble tallada que representa a 1.500 personajes bíblicos, históricos, sabios y mitológicos y por 18 vidrieras que datan del siglo XV, atribuidas al maestro vidriero Arnaud de Moles, que muestran imágenes con colores espectaculares de patriarcas, profetas y apóstoles sumando más de 360 figuras. Muy recomendables para el visitante son las dedicadas a la Creación, la Crucifixión y la Resurrección.

Castillo de Castelmore, en Lupiac. | CRISTINA CANDEL

En la fachada trasera de la catedral de Santa María se divisa la magnífica silueta de la Torre de Armañac, de 40 metros de altura, que fue antigua cárcel y almacén del cabildo catedralicio, y la majestuosa escalera monumental de 374 peldaños presidida por la escultura más antigua de D’Artagnan, escondida en la Segunda Guerra Mundial tras conocerse que los nazis pretendían fundirla para reforzar su armamento.

La mirada del mosquetero se dirige a las colinas circundantes quedando detrás un laberinto de calles y mansiones de antiguos comerciantes, con la rue Dessoles a la cabeza, que invitan a un tranquilo y sosegado paseo.