Tesoros de Irán

Foto: Seux Paule

Hay que desconfiar de los tópicos del Eje del Mal. Hoy, un viaje a Irán no es ningún descenso a los infiernos. Cierto, las reglamentaciones puntillosas de un régimen de índole teocrática parecen a veces opresivas, sobre todo para las mujeres. Pero lo compensa la riqueza arquitectónica de un país que goza de una excepcional densidad de monumentos islámicos, muchos suntuosos. Y, sobre todo, su gente. ¿Será porque los iraníes sufren de un síndrome de aislamiento, conscientes como son de la mala imagen que sufre su país en algunos círculos en el exterior? Lo cierto es que lo combaten con una eficaz arma de disuasión masiva: el afecto.