Santo Domingo: ritmo, color y sabrosura

Palpitante, acogedora y hermosa, la capital de la República Dominicana es la joya urbana del trópico.

Noelia Ferreiro
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Foto: 3dan3 / ISTOCK

Se dice que es bailonga y seductora, luminosa y vociferante, una ciudad para repasar la historia o descoyuntarse a ritmo de merengue, para descubrir una gastronomía racial o empaparse de nuevas tendencias. Pero lo que no se dice es que es una ciudad hermosa que atrapa desde el minuto uno y en la que la diversión es más bien una forma de ser.

En Santo Domingo la vida tiene ritmo, color y sabrosura. Y por eso sugerimos devorarla antes de dar el salto a idílicas playas caribeñas. Descubriremos así el origen del Nuevo Mundo, el epicentro de la colonización de América. Porque su casco histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad, no sólo fue el primero al que la Corona española le otorgó su carta real sino también el que más huellas contiene del almirante Cristóbal Colón. Un entramado compuesto en forma de tablero de ajedrez (tan sólo existen tres calles curvas) que se erigió en el modelo de la urbe colonial por excelencia.

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Es aquí donde seguir la pista a los monumentos más bellos: las casas de piedra, los palacios, las iglesias, las plazas recogidas a la sombra de plantas tropicales. La Catedral, pionera en el continente, destaca sobre todos ellos con su dualidad de estilos: románico por fuera y gótico por dentro. Pero no hay que dejar pasar los museos (de las Casas Reales, de la Familia Dominicana, del Ámbar…), el Alcázar de Colón (que perteneció al hijo del descubridor) o el Convento de los Dominicos donde tuvo lugar un hito histórico: aquí retumbó atronador el Sermón de Adviento, el primer alegato pronunciado en defensa de los indígenas. Está considerado por ello el origen de los derechos humanos.

También en Santo Domingo hay que dirigirse a estas dos calles: la De las Damas, la más antigua de la ciudad, que debe su nombre a las elegantes damas de la nobleza española que se dejaban ver al atardecer; y la Cuesta de la Hostos, con sus bellas casitas de colores, que ha quedado inmortalizada en una escena de El Padrino II, así como en el archifamoso videoclip Bailando que elevó hasta el Olimpo a Enrique Iglesias.

Alcázar de Colón, | Stefan Becker / ISTOCK

Quienes quieran revivir el pasado, sobre todo el que tuvo que ver con piratas y bucaneros, han de embarcarse en la aventura de The Colonial Gate. Un viaje en 4D hacia el año 1586, cuando el temido Francis Drake decidió invadir la ciudad. Participar en la batalla, esquivar los cañonazos, volar sobre las murallas y sentir (literalmente) el calor de las llamas, son sólo algunas de las sorpresas de esta inédita lección de historia.

Menos adrenalina (o tal vez más) tendrá entregarse a las compras en este enclave especialmente indicado para ello. Porque además de las tiendas de artesanía local que salpican la zona colonial, además del ambiente pintoresco que destila la calle Del Conde, hay un hueco en el que cabe la total sofisticación. Está en el barrio de Piantini, en la zona moderna, con prestigiosos centros comerciales (Acrópolis y Blue Mall, entre otros), en los que hallar centenares de firmas y reconocidas marcas.

Terrazas en la plaza de España. | eugenesergeev / ISTOCK

Pero a Santo Domingo, como decíamos, se viene ante todo a disfrutar. Y para ello sólo hay que darse una vuelta por la Plaza de España y dejarse contagiar por el fantástico ambiente de sus terrazas. Hay incontables restaurantes para comer de lo lindo en la zona colonial o, algo más alejado, a la orilla del malecón, donde la oferta se basa en los productos del mar. Finalmente tampoco hay que dejar pasar algún local con música en vivo para saber lo que es el ritmo sabrosón. Y para descubrir la alegría que gastan los dominicanos.