Ruta por el Geoparque del Cuaternario de Granada

En la mitad norte de la provincia de Granada se encuentra uno de los enclaves más insospechados y sorprendentes de la península. Es el Geoparque del Cuaternario de los Valles del Norte de Granada, un lugar en el que un paisaje espectacular narra la evolución geológica y la vida durante el Cuaternario, hace millones de años, para entender cómo hemos llegado hasta aquí.

Anabel Rodríguez
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Foto: Fotomicar / ISTOCK

Con poco más de cien mil habitantes, este territorio olvidado que abarca el Geoparque del Cuaternario de los Valles del Norte de Granada es un gran centro de interpretación natural que nos ofrece el testimonio de 250 millones de años de historia a través de sus decenas de miles de cárcavas, el mayor registro de grandes mamíferos de todo el continente y los restos de los primeros europeos.

Apenas 40 kilómetros separan Granada de Guadix, una pequeña ciudad que en otros tiempos gozaba de un gran esplendor del que aún quedan muchos vestigios que podemos visitar. Guadix es el punto ideal de partida si vamos a recorrer el Geoparque del Cuaternario, ya que su orografía nos ayudará a entender todo lo que vamos a visitar. Es un enclave en el que a un lado encontramos una blanca e imponente Sierra Nevada y al otro la Sierra de Cazorla. Y en medio, las cárcavas, decenas de miles de ellas. Un paisaje salvaje tremendamente parecido al del Valle de la Muerte en California, a Utah o a Arizona. Y está aquí, en España. 

Las razones de este espectacular relieve se deben a la existencia de un lago que quedó atrapado como si de un mar interior se tratase durante unos cuatro millones de años. Al abrirse al mar por el Guadiana Menor la erosión fue modelando miles de cárcavas de múltiples colores. En la zona de Guadix las encontraremos de un color rojizo; en las comarcas de Baza o Huéscar, serán de un color más blanquecino. El Geoparque del Cuaternario es considerado uno de los lugares con más depósitos fósiles del mundo. Hay muchas formas de perderse en la inmensidad de estas cárcavas, pero si queremos abarcar un recorrido más amplio es recomendable que lo hagamos en 4x4 o en bicicleta. Desde Guadix podemos iniciar nuestra ruta con un vuelo en globo que nos permitirá hacernos a la idea de la inmensidad a la que nos vamos a enfrentar. Partiremos después hacia Purullena, donde visitar la cueva museo La Inmaculada nos ayudará a entender cómo es la vida en un hábitat troglodita y las costumbres del último siglo. Desde allí, con Sierra Nevada enfrente, iniciaremos nuestra ruta al mirador del Fin del Mundo, en Beas de Guadix, un espacio en el que admirar y comprender la evolución geológica del territorio del Geoparque: los badlands o baldías (paisaje de características áridas y de litología rica en lutitas, extensamente erosionado por el agua y el viento, debido a la falta de vegetación), que nos acompañarán durante toda la jornada, y la continuidad lateral de los estratos horizontales. Según la hora que se nos haya hecho, Manuel nos recibirá en el Tío Tobas, en Alcudia de Guadix, para mostrarnos sus cuevas y su huerta. De ella salen las verduras que posteriormente nos servirá para acompañar las carnes y los embutidos a la brasa. Nuestra ruta estará repleta de cuevas hasta nuestra próxima parada: Fonelas. Allí podremos visitar su Centro Paleontológico, un enclave referente en Europa en el que podremos ver gran cantidad de fósiles de los grandes mamíferos que vivieron en nuestro continente hace dos millones de años.

Mirador del Fin del Mundo, cerca de Beas de Guadix. | Joan Vendrell

Tras esta educativa visita ponemos rumbo a Gorafe disfrutando de los distintos colores de las cárcavas. El principal atractivo de Gorafe son sus 240 dólmenes neolíticos. Se trata de la mayor concentración de túmulos prehistóricos de nuestro país. Podremos observar una gran diversidad de estructuras que, principalmente, servían para dar culto a los muertos. Desde el Balneario de Alicún, muy cercano, también se organizan rutas en las que nos hablarán sobre las distintas energías que podemos percibir en los dólmenes.

Siguiendo nuestra ruta, entre Gorafe, Bácor y Freila, llegaremos al Desierto de los Coloraos: una amalgama de cárcavas en tonos rojizos de una belleza sobrecogedora que nos hará sentir que estamos en el decorado de alguna película. Es uno de los puntos selfie obligatorios de nuestro recorrido. A nuestro regreso, qué mejor que un buen homenaje en el restaurante casa cueva La Tinaja. Mario nos preparará embutidos y carnes a la brasa. Solo trabaja con las mejores carnes asadas con leña de encina. Es importante no dejar de probar alguno de sus quesos curados de forma natural en cueva. Un manjar especial.

Excursión en globo sobre el desierto de Gorafe. | A. Navarro / Glovento Sur

Zona oriental

Las dos comarcas situadas en la zona norte del Geoparque nos ofrecerán también una visita inolvidable. Aquí también encontramos cárcavas, pero estas ya no son rojizas sino de un color blanquecino, debido a los niveles de yeso lacustre que se intercalan entre otros sedimentos, a veces formando grandes cristales de yeso que brillan con el reflejo del sol.

Un buen lugar para apreciar contrastes es el Mirador del Jabalcón. Desde ahí, con unas vistas de 360º abarcamos la Sierra de Cazorla, los badlands, el pantano del Negratín y el tránsito de colores entre el sector occidental y el oriental, controlado en parte por una estructura geológica: la Falla de Baza. Los más aventureros pueden lanzarse en parapente, ala delta o paramotor desde el Cerro del Jabalcón y disfrutar del contraste de las aguas turquesas del embalse con las cárcavas que lo rodean. En verano el pantano permite la práctica de windsurf, esquí náutico o kayak.

Los más tranquilos podrán practicar astroturismo, ya que esta zona puede presumir de contar con el cielo más limpio de Europa. Siempre que la luna y las nubes lo permiten, es posible realizar un tour guiado del cielo nocturno y, mediante telescopios, ver estrellas, constelaciones y planetas.

Mirador del Jabalcón.  | A. Tauste

Al paso por Baza, recomendable una visita a sus Baños Árabes. Datados entre los siglos XIII y XIV, su restauración permite contemplar las distintas salas y el ciclo del agua. Otra parada obligatoria en Baza será en el CIYA (Centro de Interpretación de los Yacimientos Arqueológicos Bastetanos), donde recreaciones en 3D nos adentrarán en la ciudad íbero romana de Basti y nos mostrarán el enterramiento de la Dama de Baza. A tan solo 40 kilómetros al norte de Baza encontramos Galera, un enclave en el que interpretar el paso del tiempo gracias a la geología y a la arqueología. Galera es un pueblo de unos mil habitantes cuya arquitectura te hace sentir que estás en uno de los pueblos más bellos de Andalucía. Sus barrios de casas cueva han atraído a centenares de extranjeros, que han decidido afincarse aquí. En Galera podremos visitar un afloramiento de sismitas único a nivel mundial. Las sismitas son vestigios de los terremotos acaecidos a lo largo de milenios, estructuras redondeadas de roca que actúan como un sismograma.

También en Galera está expuesta la momia más antigua de la península. Se trata de los restos de un hombre que aún conserva una enorme trenza y piel en el rostro. El cuerpo fue hallado junto al esqueleto de un niño y rodeado por un gran ajuar funerario en el Yacimiento Castellón Alto. Una visita por este yacimiento permite conocer cómo era la vida hace unos 4.000 años. Otra visita obligada es la de la Necrópolis de Tútugi, donde se encontró la Dama de Galera, una figura femenina de alabastro que hoy se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional.

Formaciones de cristales de yeso en Galera | A. Tauste

Ya que estamos en Galera, no hay que desaprovechar la ocasión de probar el alimento estrella de la zona norte del Geoparque de Granada: el cordero segureño. Protegido por el sello IGP, el cordero nace y se cría en este abrupto territorio. Los adultos se mantienen en pastoreo durante todo el año, mientras que los pequeños basan su alimentación en la leche de sus madres. Una carne jugosa y tierna, sin olor o sabor a sebo, que hará que pensemos que jamás antes habíamos probado el cordero. El Bar Terraza Manolo goza de una gran tradición preparando su famosa lata de cordero: un asado al horno de leña acompañado de patatas.

En este territorio los yacimientos son muy numerosos, tanto arqueológicos como paleontológicos. En Orce, a tan solo 7 kilómetros, fue encontrado un fósil óseo, un diente, del llamado Niño de Orce, con una antigüedad en torno a 1,4 millones de años. Lo que supone que estamos hablando del resto humano más antiguo de Europa Occidental. Los yacimientos de Orce son de un valor equiparable a los de Atapuerca, así que una visita a ambos es fundamental para comprender la evolución humana.

Hasta aquí llegaba el lago del que hablábamos para explicar la formación del territorio del Geoparque y por ese motivo se han encontrado, y se siguen encontrando, abundantes restos de grandes mamíferos: tigres de dientes de sable, mamuts, rinocerontes…

Barrio de las Cuevas en Guadix. | Anibal Trejo

Visita educativa

Puede resultar muy educativa una visita al Centro de Interpretación de los Primeros Pobladores, donde podremos hacer un recorrido por la fauna del Pleistoceno y conocer mejor el hallazgo de esa pieza humana. Y si en algún momento nos apetece adentrarnos en paisajes más verdes, debemos visitar Castril. Para llegar a este pueblecito que se halla en la confluencia con Jaén, atravesaremos Huéscar, capital de la comarca más oriental del territorio, y también el cañón kárstico del río Guardal. Un espectacular cañón excavado en rocas calizas dentro del Geoparque del Cuaternario.

El Parque Natural de Castril nos permitirá realizar rutas al alcance de todos. Un recorrido por la pasarela sobre el río nos permitirá asimismo gozar de una excepcional belleza, con túneles excavados en roca, puente colgante e incluso cascadas. Al regresar del paseo, nada mejor que parar en el Café de Emilio, en el mismo centro de Castril. Allí Mati tendrá preparado el menú que haya elegido el primero en reservar mesa. Destacan la pepitoria, tallarines con perdiz y sus exquisitos maimones.

Joan Vendrell

Dormir en una casa cueva

Si Granada es famosa por sus cuevas, en el territorio del Geoparque del Cuaternario encontramos las zonas de mayor concentración de casas cueva de toda la provincia. Estas viviendas trogloditas han sido habitadas durante milenios. Cuentan que tienen su origen justo después de la toma de Granada, cuando los moros tuvieron que huir de la ciudad y buscar un refugio seguro. Siglos después fue aumentando su uso, especialmente por las familias más humildes, ya que su construcción requiere una menor inversión. Hasta que a finales del siglo pasado empezaron a percibirse como un hábitat lleno de ventajas, tanto para vivir en ellas como para su uso turístico. Fue entonces cuando lugareños y extranjeros comenzaron a invertir en su rehabilitación y acondicionamiento. Hoy encontramos cuevas con todas las comodidades e incluso algunos caprichos, como jacuzzis.

Las casas cueva son asimismo viviendas bioclimáticas que presentan una arquitectura respetuosa con el medio ambiente, mimetizándose con el paisaje y el relieve. Su temperatura se mantiene estable tanto en invierno como en verano, oscilando entre los 18 y los 20 grados centígrados. Excavadas en la roca, dormir en una casa cueva se ha convertido en una experiencia obligatoria para aquellos que buscan descansar en un alojamiento singular.

Casi siempre sin cobertura de móvil en las habitaciones interiores, que suelen ser los dormitorios, dormir en una casa cueva constituye un viaje en sí mismo, experiencial y sensorial, alcanzando un completo estado de desconexión gracias al silencio. El turismo del silencio es una de las tendencias del momento, que, dicen, ayuda enormemente a la segregación de dopamina, serotonina y endorfinas, favoreciendo el placer y la felicidad.