Pollença, el pueblo mallorquín de los 365 escalones (y las 14 cruces)

Se encarama a la sierra de Tramuntana, Patrimonio de la Humanidad de la Unesco

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Vladislav Zolotov / ISTOCK

Tres chopos, un gallo y un lucero de gules nos saludan seis kilómetros mar adentro desde la bahía más septentrional de la isla de Mallorca. Se trata del escudo de la población de Pollença, el núcleo principal del municipio situado en el extremo norte de este territorio balear, donde se sitúa el célebre cabo de Formentor.

Escaleras del Calvari | Vladislav Zolotov / ISTOCK

Pollença se encarama a la sierra de Tramuntana, Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, y desde allí ve cómo la espina dorsal de Mallorca acaba por hundirse bajo las aguas del mar Mediterráneo. Es en estos relieves, en pleno casco urbano, donde se sitúa un escenario espectacular e impresionante, el Calvari, una interminable escalinata que se ha convertido en el lugar más emblemático de esta población y en el punto perfecto para capturar unas vistas formidables de todo el entorno.

Municipio de artistas y de paisajes

Aunque la villa de Pollença es la más destacada de las poblaciones de la municipalidad, no es el único núcleo de población ubicado en este territorio. Junto a ella conviven también Port de Pollença, la Cala de Sant Vicenç y Formentor. Localidades que comprenden urbanizaciones costeras que se entremezclan entre los magníficos paisajes de calas de aguas tranquilas, antes de dar paso a la inconfundible península de Formentor, uno de los espacios más bellos de la geografía de la isla de Mallorca, culminando en el famoso faro, a 210 metros sobre el nivel de las aguas, donde los miradores atraen a miles de turistas a lo largo del año para contemplar las espléndidas vistas o dejarse enamorar por unas puestas de sol de ensueño.

Dawid Kalisinski Photography / ISTOCK

Aquí, en las estribaciones de la Sierra de Tramuntana y ante la inmensidad del mar Mediterráneo, se ocultan rincones litorales entre montes y acantilados que cautivan a primera vista. Una belleza que atrapa, al igual que hizo con muchos pintores de reconocido prestigio y celebridad desde principios del siglo XX, cuando se empezó a popularizar toda esta zona entre los ambientes artísticos.

Vista del pueblo de Pollença | Alex / ISTOCK

Personajes como Dionís Bennàssar, Hermenegildo Anglada Camarasa, Joaquín Mir y Trinxet, Ramón Picó Campamar, Santiago Rusiñol y Prats o el mismísimo Joaquín Sorolla cultivaron el arte del paisaje tomando como referencia estas tierras, capturando y plasmando para la eternidad la esencia de este sector mallorquín, aportando una dimensión internacional antes desconocida que se ha prolongado en el tiempo favorecida por iniciativas como la Fundación Marti Vicenç o la Casa-Museo Dionís Bennàssar.

Pollença y su Calvari

La población de Pollença, como en tantos otros pueblos de Mallorca, destila un inconfundible estilo mediterráneo que se percibe a simple vista en el color de sus edificios, la vegetación mediterránea y las pintorescas calles.

Una localidad que cuenta con un patrimonio muy destacable, del que sobresale por encima de todo el de naturaleza religiosa. Desde el Convento de Sant Domingo y su apreciado claustro – escenario de eventos culturales de gran renombre -, constituyendo ambos el epicentro cultural de la población, - con el añadido del distinguido Museo de Pollença -, pasando por los diferentes santuarios hasta llegar a la icónica Parroquia de Mare de Deu des Angels, el núcleo urbano nos ofrece un buen recorrido en el que ningún aspecto de nuestro paseo tendrá desperdicio.

Parroquia de Mare de Deu des Angels | sndr / ISTOCK

Junto al patrimonio religioso, otros espacios y monumentos demuestran la riqueza de la villa. Los Jardines de Joan March, con la Torre Desbrull, o el antiquísimo Puente Romano – llamado así desde el siglo XIX a pesar de que la fecha de su construcción permanece siendo un misterio -, se unen a lugares emblemáticos como la Plaza Almoina y su Fuente del Gallo -  el símbolo de la villa - o la Plaza Mayor.

Mientras, el Torrente de la Vall d’en Marc, que bordea por el norte Pollença, parece conducirnos sutilmente hasta el punto más representativo de la población y su estampa más carismática: el Calvari.

Escaleras del Calvari | Allard1 / ISTOCK

Se trata de una elevación que alcanza los 123 metros de altura, vinculada desde antiguo a los Caballeros Templarios – sus propietarios en origen - y en cuya parte más alta se encuentra el santuario del Calvario, una construcción del siglo XVIII venerada en la zona que es protagonista absoluta una vez al año durante la Semana Santa, con la celebración del conocido como «Davallament de la Creu», que representa el desprendimiento de la cruz de Cristo, partiendo a continuación en una procesión multitudinaria colina abajo por la extensa escalinata que se encuentra a sus pies.

Iglesia del Calvari | pwmotion / ISTOCK

La escalera, que consta de 365 escalones – representando los días del año -, es sin lugar a dudas la vía más bella y espectacular de toda Pollença. Construida entre los siglos XIX y XX, los inacabables peldaños se ven jalonados por dos columnas de cipreses y una serie de catorce cruces de grandes proporciones que nos hacen sentir en un verdadero Via Crucis. Las incomparables vistas que se obtienen desde lo alto del monte del Calvario merecen la pena todo el esfuerzo realizado tras remontar la pendiente por la escalinata.