La Garganta de Vikos, el desfiladero más profundo del mundo

Esta joya del norte de Grecia esconde unos paisajes deslumbrantes que se asoman al abismo

Noelia Ferreiro
 | 
Foto: FabioCali / ISTOCK

Remota y desconocida, la Grecia de interior pasa desapercibida al trasiego turístico, eclipsada como está por esa otra Grecia que nutre el imaginario popular: la de las resonancias mitológicas, las ruinas de la Antigüedad y las bellas postales de islas mediterráneas pintadas en azul y blanco.  Sin embargo, conviene explorar este territorio solitario y agreste que contiene algunas de las joyas naturales más impactantes del país. Entre ellas, el desfiladero de Vikos, perdido en el norte secreto de la península helénica, allí donde los pliegues del paisaje tienen un perfil balcánico. 

FabioCali / ISTOCK

Este estremecedor accidente orográfico no sólo deja a su paso todo un reguero de vegetación, sino que está catalogado en el libro Guinness como el cañón más profundo del mundo. Un tajo descomunal que raja la montaña a lo largo de 12 kilómetros con una separación entre sus paredes de apenas un millar de metros.

PanosKarapanagiotis / ISTOCK

Joya para los caminantes

Una de las excursiones más fascinantes para los senderistas es recorrer esta grieta caliza siguiendo el curso del rio Voidomatis que fluye bajo las paredes de piedra. Para ello hay que acercarse al corazón del Parque Nacional Vikos-Aoos, en el que descansa la garganta. Un auténtico jardín botánico y una suerte de zoológico natural donde los dos cañones que le dan nombre (también está el de Aoos, bastante menor) se esconden entre bosques, prados y lagos en cuyas aguas se reflejan los dientes de sierra del macizo de Tymfi, que forma parte de los montes Pindo. 

verve231 / ISTOCK

Sólo en este espacio reside casi un tercio de toda la flora griega, junto a especies de fauna tan paradigmáticas como el oso pardo, el zorro o el rebeco endémico. Y mientras en los ríos se puede ver nadar a las nutrias a la pesca de truchas despistadas, en las alturas no es raro divisar halcones, águilas y alimoches sobrevolando las rocas escarpadas.

Charalambos Andronos / ISTOCK

Abordar el desfiladero de Vikos a lo largo de sus múltiples caminos significa también descubrir otro tesoro nacional: el conjunto de cuarenta y seis aldeas de montaña milagrosamente conservadas al que se conoce como Zagorohoria. Remotas, desperdigadas, embutidas en las laderas, se trata de un refugio perfecto para olvidarse del mundanal ruido. Una condición que se debe al aislamiento del que han gozado siempre, desde que emergieron como un escondrijo para evitar los impuestos pesados del imperio otomano.

MNStudio / ISTOCK

La vida como antaño

Los pueblos zagorohorios consisten en apenas un puñado de viejas casas de piedra y pizarra, con recoletas iglesias y una población mínima entregada a sus ancestrales costumbres de pastoreo seminómada. Uno de ellos es Monodendri, emplazado a más de mil metros sobre el nivel del mar. Es justo donde comienza la caminata por la garganta para culminar unas siete horas después en los evocadores Megalo Papingo y Mikro Papingo. 

verve231 / ISTOCK

Por el camino, además de la naturaleza, irrumpen joyas tan apreciadas como el monasterio de Agias Paraskevis o los dos miradores desde los que se vierte la más soberbia panorámica: el de Oxya y el de Beloi, en los que uno puede marearse contemplando el abismo a sus pies.

Arsty / ISTOCK

También en esta parte de Grecia conviene dedicar tiempo a su gastronomía. Porque los sabrosos y variados platos del país, exponentes de la dieta mediterránea, cuentan en esta zona de interior con unas peculiaridades regionales derivadas de las influencias balcánicas. Los contundentes guisos montañeses de carne son la estrella de los fogones, siempre sobre la base de productos frescos de temporada y sabores genuinos.