Casi lisérgicas: las fachadas policromáticas de Cudillero

Aunque parezca una locura, ponte de espaldas al mar: los infinitos colores de las casas del pueblo asturiano son embriagadores

Jesús Torbado/Silvia Roba
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Existen muchas formas de contemplar Cudillero, precioso pueblo pesquero en la escarpada costa occidental de Asturias. Una de ellas es desde abajo, desde la Plaza de la Marina, con las casas de colores –amarillas, rojas, verdes, azules– colgadas sobre ese anfiteatro natural que, en realidad, es el pueblo, como si estuvieran a punto de precipitarse al vacío.

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Otra es desde arriba, desde cualquiera de los miradores a los que se llega recorriendo calles empinadísimas que parecen querer elevarse hasta el mismo cielo. Balcones, por así llamarlos, hay muchos, como el del Picu, el de la Atalaya y el de la Garita, desde los que se obtienen unas fantásticas vistas del municipio, recogido y acurrucado entre las montañas y el mar, su mar, el Cantábrico, más furioso y rebelde aquí, sobre todo al llegar el invierno.

El viernes llega desde uno de los pueblos más bonitos de Asturias, se trata de Cudillero que nos deja postales tan bellas como esta.  | Perszing1982 / ISTOCK

Podríamos decir que no hay uno sino dos Cudilleros. El que vive de forma reposada en el casco antiguo, con las terrazas de las casas adornadas con los típicos curadillos, o lo que es lo mismo, pequeños escualos que, una vez limpios, son secados al aire –todo un manjar–, y el que abre de par en par su corazón al viajero en torno al puerto.

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Es este el lugar preferido por los que llegan de fuera, gracias a esas tabernas y restaurantes en los que siempre apetece degustar sidra y pescado fresco, incluido su famoso pixín, nombre por el que los pixuetos, los habitantes de Cudillero, conocen al rape. Los que quieran saber más sobre la cultura marinera solo tienen que acercarse hasta la antigua lonja, hoy reconvertida en aula didáctica que profundiza en las costumbres locales.

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Cuando las tormentas se presentaban de improviso, los hombres de mar solían refugiarse en la playa del Silencio, la más hermosa y solitaria del concejo, protegida por altos acantilados. Conocida también como el Gavieiru, forma parte del Paisaje Protegido de la Costa Occidental, igual que la cercana playa de la Gueirúa y el Cabo Vidio, espectacular con la luz del atardecer.

Playa del Silencio, Asturias | Sima_ha / ISTOCK

Altares y maestros

Para tocar el altar más antiguo de España hay que dirigirse a El Pito, a dos kilómetros de Cudillero. Ahí está la iglesia de Jesús el Nazareno, en cuya cripta se encuentra un altar prerrománico, del siglo VIII, erigido por el rey Silo y que perteneció a la iglesia de Santianes, en Pravia. En el mismo lugar es posible visitar el Palacio de la Quinta, del siglo XIX, con una colección de obras de arte firmadas, entre otros, por Rubens, Goya y El Greco.