El calor africano de Benín

Foto: Peeter Viisimaa

La espuma de las olas parece nata batida en las largas y vacías playas de Ouidah, la vieja capital de los esclavos. La resaca es traidora y aún queda la barra: "Cuidado, prestad atención a la ensenada de Benín, donde muchos fueron y pocos regresaron", cantaban los viejos marineros. Pero la peor parte fue para los esclavos, los que salían por miles de Ouidah, rumbo a América, llevando, además de sus grilletes, los fundamentos del vudú.