Descubriendo Egipto: aventura en el reino de Tutankamón

Egipto se prepara para celebrar el centenario del descubrimiento de la tumba de Tutankamón en noviembre. Tan ilustre efeméride sirve como reclamo para numerosos egiptomaniacos, una curiosa secta viajera fascinada por el legado de los faraones y su impacto en el siglo XXI. 

Pablo Fernández
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Foto: Anton Aleksenko / ISTOCK

La codicia es una mala compañera de viaje. En 1916, un grupo de profanadores de tumbas egipcios descubrió un nuevo sepulcro en el Valle de los Reyes. Descubrimiento = negocio. Sin embargo, el rumor de este hallazgo llegó a oídos de un clan de saqueadores rival. Ansiosos por obtener jugosos beneficios, marcharon rápidamente hacia el lugar para disputar el botín. Al encontrarse, los dos grupos rivales comenzaron una batalla campal... Y es entonces cuando aparece en escena el verdadero protagonista de esta historia: el arqueólogo y egiptólogo Howard Carter (1874-1939).

Necrópolis de Guiza, con las pirámides de Keóps, Kefrén y Micerinos
Necrópolis de Guiza, con las pirámides de Keóps, Kefrén y Micerinos | oversnap / ISTOCK

A pesar de no tener ninguna responsabilidad sobre la tumba en disputa, decidió intervenir para evitar que las piezas encontradas sufrieran algún desperfecto o desaparecieran en el mercado negro de obras de arte. Con la única ayuda de un pequeño grupo de obreros que encontró a la carrera se presentó en el lugar del crimen. Más allá de acobardarse ante tan amenazadora reunión de saqueadores, Carter les conminó a marcharse o atenerse a las consecuencias. Tras un  momento de tensión e incertidumbre, los profanadores ascendieron por la cuerda con la que habían descendido a la tumba y desaparecieron en el desierto

Entrada del templo de Luxor
Entrada del templo de Luxor | Wilfredo Nieves / ISTOCK

Esta anécdota ejemplifica el coraje y la resolución de Carter, cualidades que le llevaron a protagonizar en 1922 el mayor descubrimiento de la historia de la arqueología: la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes. Esta necrópolis, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979, fue el enclave elegido por los antiguos egipcios para enterrar a los faraones del Imperio Nuevo. Allí se han encontrado 63 tumbas. Y solo dos relativamente intactas ante el acoso que han sufrido durante siglos por parte de los saqueadores: la de Tutankamón y la de Yuya y Tuya -sus bisabuelos-. Pero la más importante, y que aún desata pasiones entre los aficionados a la egiptología, es la tumba de Tutankamón. Una cifra que transmite la magnitud del hallazgo: en su interior se encontraron 5.398 objetos. La historia de su descubrimiento, asociada a la fascinación generada por la sociedad del Antiguo Egipto, ha sido la mejor campaña de publicidad que el Ministerio de Turismo egipcio hubiera podido idear. 

Tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes
Tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes | Getty Images

El 4 de noviembre de este año se celebra, por tanto, el centenario de la hazaña de Carter. Ese día, un siglo atrás, el arqueólogo encontró una puerta cerrada, tapada con argamasa y sellada. “Era pues una realidad”, escribió Carter. “Llegó el momento en que  todo excavador se estremece”. Y Carter abrió la puerta que le dio paso a los libros de historia. Para conmemorar tan histórico evento, el país prepara numerosos eventos. El arqueólogo Zahi Hawass (Egipto, 1947), el rostro más popular de la egiptología contemporánea, es uno de los organizadores de esta celebración. “El día 4 de noviembre”, explica Hawass, “vamos a abrir al público la casa de Howard Carter en Luxor. Haremos una gran fiesta con los turistas en el Valle de los Reyes y celebraremos un ciclo de conferencias”. No hay duda de que, en el último tercio del año, Egipto va a ser uno de los destinos más excitantes que visitar.

Sarcófago de Tutankamón
Sarcófago de Tutankamón | Getty Images

Un museo al aire libre

Los enamorados del Antiguo Egipto que visiten el país por primera vez deben enfrentarse a una apremiante cuestión: “¿Por dónde empezar?”. Nacho Ares, historiador  y comisario de la exposición Hijas del Nilo — en Madrid hasta el 31 de diciembre —, ofrece cinco sugerencias. Las tres primeras se encuentra en la capital del país, El Cairo, y sus alrededores: “Mi primera recomendación  sería la meseta de Guiza. Las tres pirámides — Keóps, Kefrén y Micerinos — son el icono no solo de una civilización, sino también una marca de la historia de la humanidad”. La segunda recomendación de Ares se encuentra 26 kilómetros al sur: “La necrópolis de Sakkara cuenta con tumbas increíbles — Mereruka, Kagemni, Maya, el Serapeum, Ptahotep, la recientemente abierta pirámide de Zoser...—, que merecen un día entero”.

Sala hipóstila del templo de Karnak
Sala hipóstila del templo de Karnak | hadynyah / ISTOCK

En la actualidad, los tesoros de la tumba de Tutankamón se encuentran en el Museo de El Cairo, concretamente en la sala 81 de la planta primera. A pesar de su atribulada ordenación, y de las numerosas piezas que fueron expoliadas por coleccionistas occidentales, el museo sigue siendo la mejor colección del mundo de arte egipcio (así lo define Ares y de ahí que también recomiende su visita). En el horizonte de 2023 — aunque bien podría demorarse algo más — se vislumbra la apertura del esperado Museo Egipcio, que acogerá la colección de Tutankamón.

El Gran Templo de Abu Simbel
El Gran Templo de Abu Simbel | benedek / ISTOCK

Como dos últimas recomendaciones, Ares — autor de Tutankamón. El último hijo del Sol —, recomienda desplazarse hasta Luxor, ciudad ubicada junto al río Nilo sobre las ruinas de la histórica Tebas. A sus afueras se encuentra el Valle de los Reyes, “la necrópolis de los grandes faraones del Reino Nuevo — 1600 a. C.-1100 a. C. —. Allí está la tumba de Tutankamón y, sobre todo, la de Seti I, la más hermosa de todas, cuyos colores sorprenderán al visitante”. 

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Y, como última visita imprescindible, el templo de Karnak, “donde se encuentra la gran sala hipóstila levantada por Ramsés II y sus columnas de casi 20 metros de altura. Además, allí es posible ver edificios de todas las épocas de la historia de Egipto, lo que permite que el visitante tenga un espectro muy amplio de su arquitectura”.

La máquina del tiempo en El Cairo

El peso de la historia es tan evidente en Egipto que amenaza con sepultar al presente bajo la arena. Buena parte de los viajeros que acuden al país lo hacen a causa de su esplendoroso pasado. ¿Y qué hay del presente? Paradójicamente, José Miguel Parra, egiptólogo y guía de la próxima Expedición VIAJAR a Egipto, apunta que los límites entre el pasado y el presente se desdibujan en el país del Nilo: “Me fascina la ‘modernidad’ del Antiguo Egipto, en el sentido de que sus comportamientos — celos, amor, pasión, ansias de poder, desengaños amorosos, corrupción política...— son idénticos a los nuestros y podemos leerlos en todo tipo de documentos antiguos”. 

Mercadillo en la calle Al-Muizz
Mercadillo en la calle Al-Muizz | Getty Images

Esa convergencia entre pasado y presente resulta especialmente evidente en El Cairo, una urbe de cerca de 10 millones de habitantes en la que convive el legado musulmán, el católico copto y el romano. Si tuviéramos en nuestro poder la máquina del tiempo ideada por H. G. Wells, podríamos confirmar las sospechas de que adentrarse en el bazar de Khan al-Khalili es una experiencia similar a perderse por un antiguo mercado medieval repleto de especias, perfumes y piezas de joyería. Construido en 1382 por orden del emir Dyaharks el-Jalili, su origen está vinculado con un caravasar, lugar en el que los comerciantes en tránsito podían reponer fuerzas y almacenar sus productos. A partir de ese caravasar fue creándose toda una red comercial que daría pie al bazar que aún hoy puede visitarse.

El popular café El Fishawi, en Khan al-Khalili
El popular café El Fishawi, en Khan al-Khalili | Emily_M_Wilson / ISTOCK

En el punto opuesto del arco de la historia se encuentra la Torre de El Cairo, una moderna torre de comunicaciones de 187 metros de altura construida a finales de los años 50 del pasado siglo por el arquitecto local Naoum Shebib. En su planta superior se encuentra un mirador —desde el que se observa un espectacular atardecer sobre la ciudad— y un restaurante giratorio. Curiosamente, a pesar de su modernidad, el diseño del edificio toma como inspiración la forma de la planta de loto. Este es un elemento recurrente en la iconografía empleada en las pirámides y en los antiguos templos. Mitológicamente se asocia con la creación del mundo, de ahí que se considere que Horus, dios con el que comenzaría la civilización egipcia, nació de una flor de loto.

Torre de El Cairo
Torre de El Cairo | Joel Carillet / ISTOCK

La Torre de El Cairo es uno de los principales focos de interés del barrio de Zamalek, que ocupa la isla Gezira en mitad del río Nilo —algo así como un Manhattan de pequeñas dimensiones—. Allí se encuentra el teatro de ópera de la ciudad, el Museo de arte moderno de Egipto, el Liceo francés... La isla se conecta con las riberas este y oeste del río a través de tres puentes: 15 de mayo, 6 de octubre y Qasr al-Nil. Cruzando por este último, a tan solo 15 minutos andando, se encuentra la plaza Tahrir, centro neurálgico de la vida cariota. Además, la plaza tiene un fuerte componente simbólico, ya que ha sido escenario de múltiples sucesos históricos como las revoluciones de 1919 y 2011. Al igual que se dice que las pirámides han sido testigo mudo de la historia de Egipto desde la antigüedad, la plaza Tahrir ha sido testigo —y protagonista— del devenir del país en los siglos XX y XXI.         

El hipnótico encanto de Egipto

Si bien es cierto que los actos de celebración del descubrimiento de la tumba de Tutankamón han vuelto a traer el nombre de Egipto a los titulares de los periódicos, la egiptomanía es una “enfermedad” que lleva mucho tiempo entre nosotros. Egipto ha ejercido una cautivadora atracción para los viajeros desde la antigüedad. El historiador griego Herodoto (484 a. C.-425 a. C.), el emperador Napoleón (1769-1821) y la escritora Agatha Christie (1890-1976) —cuyo segundo marido fue arqueólogo—son algunos ejemplos de esta contagiosa afección.

Faluca surcando el Nilo
Faluca surcando el Nilo | MaRabelo / ISTOCK

¿Cuál es el motivo de esta fascinación? Zahi Hawass sostiene que tiene que ver con el misterio que envuelve a esta enigmática civilización. “Basta con preguntar a un niño qué sabe de Egipto”, explica. “Te hablará de las pirámides, la esfinge, las momias... ningún otro país en el mundo posee esta magia”. Tiene sentido. Al viajar a Egipto se despierta ese niño curioso que todos llevamos dentro.