El curioso pasado de cuarentenas en Menorca: la historia del puerto de Mahón

La interesante cara menos conocida de la isla balear...

José Miguel Barrantes Martín
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Menorca es la isla más oriental del territorio de las Baleares. Esta situación geográfica ha hecho que Mahón, su capital, haya sido históricamente la puerta de entrada de nuestras costas desde el mar Mediterráneo.

El puerto de Mahón, el fondeadero natural más grande del Mediterráneo y uno de los de mayores dimensiones y profundidad del mundo, ha contado con ese protagonismo desde bien antiguo.

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Su privilegiada posición convirtió a su puerto en un lugar de incesantes llegadas y partidas de barcos y sus tripulaciones, siendo el foco de intercambios comerciales pero, también, de infecciones traídas de otros lugares.

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La estrategia para salvaguardar a la población local de esta amenaza ha dejado una huella indeleble en Mahón, siendo en la actualidad una de las facetas más interesantes y menos conocidas por el turismo de la isla.

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Los islotes de las cuarentenas

A lo largo y ancho de sus seis kilómetros de longitud y más de un kilómetro de amplitud en su punto de mayor envergadura, el puerto natural de Mahón cuenta en la actualidad con la presencia de varios islotes.

Dos de ellos, la Isla de la Cuarentena y la Isla del Lazareto, nos dejan entrever con sus nombres el rasgo histórico que ha marcado sus topónimos.

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Ya en el siglo XV, Venecia comenzó a tomar medidas para evitar la propagación de enfermedades infecciosas a través de los barcos que arribaban a su costa, implementando medidas sanitarias que copiarían otros puertos importantes de la época como Génova o Marsella.

Un poco más tarde, las Islas Baleares tomarían también medidas ante el creciente comercio marítimo que presentaban sus puertos, con vistas a defenderse de los estragos que podrían ocasionar en su población la fiebre amarilla, el cólera o la peste.

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Menorca, debido a su situación, tomó la delantera sometiendo a barcos, mercancías, tripulantes y pasajeros a controles, derivándose en cuarentenas en el que caso de que entrañaran algún riesgo.

Los establecimientos de control sanitario de La Consigna, la Isla de Colom o La Isleta – más tarde llamada Isla de la Cuarentena – fueron los primeros lazaretos de Menorca.

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Estos lugares contaban con lazaretos - edificios donde se trataban las enfermedades infecciosas – muy rudimentarios en sus inicios, que posteriormente fueron mejorando o acabaron siendo clausurados en detrimento del gran lazareto que se construiría en la antigua península de San Felipe.

La Isla del Lazareto, uno de los centros de cuarentena más importantes del Mediterráneo

Situada a la entrada del puerto de Mahón, la actual Isla del Lazareto era en su origen una península.

La península de San Felipe fue convertida en isla a raíz del proyecto de construcción de un importante lazareto en su superficie, en época de la dominación británica de Menorca.

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Las obras comenzaron a finales del siglo XVIII para iniciar su funcionamiento en la segunda década del siglo XIX, inaugurando una etapa en la que acabaría por convertirse en uno de los lazaretos más destacados de Europa.

Su finalidad de control de los barcos que llegaban al puerto de Mahón se llevaba a cabo mediante las conocidas como «patentes», que no eran sino divisiones que repartían a los pasajeros, las tripulaciones y las mercancías en función de su grado de afectación de enfermedades infecciosas, sometiendo a los que se confirmaban a una cuarentena.

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Tras una centuria en funcionamiento, fueron miles las embarcaciones que pasaron por el control de este lazareto, habiendo superado periodos de grandes infecciones que supusieron la pérdida de numerosas vidas humanas.

Hoy en día, sus edificios forman parte del paisaje del puerto de Mahón y suponen un interesante ejemplo histórico de este tipo de construcciones en el Mediterráneo, uniéndose como reclamo turístico a los típicos puntos populares de La Isla del Rey o la Fortaleza de La Mola.

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