Los campos de España que no estamos viendo florecer (de momento)

Están ahí, plenos de primavera, aunque no podamos disfrutarlos… Los recorremos en imágenes. 

Noelia Ferreiro
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Foto: Hotel Rural Los Ánades

Apenas nos hemos enterado, pero ya está aquí la primavera con su estallido de color. En estos días en los que las horas trepan lentas, en los que no hay alegría de viernes ni melancolía de domingo, estos días tontos en los que el ritmo ha quedado detenido entre unas cuantas paredes, afuera los campos de España están rebosantes de vida.   

Camelias en Galicia

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Un suelo con características óptimas, un clima húmedo y unas temperaturas suaves hacen de Galicia el lugar ideal para que crezcan estas flores orientales que, procedentes de China y Japón, llegaron a la esquina noroccidental de la península a finales del siglo XVIII. Las camelias, que pueden ser rojas, rosas o blancas (o incluso de una combinación de estos colores) sirvieron en un principio para decorar los pazos y las casas señoriales. Pero acabaron por tapizar las fincas y los jardines, los parques y los espacios públicos, hasta convertirse en la flor gallega por antonomasia. Tanto, que hasta existe una ruta por este territorio para admirar las más de 8.000 variedades de camelias que ya forman parte del patrimonio de Galicia. Estos días brillan solitarias pero tremendamente hermosas.  

 

Piornos en Gredos

En la época primaveral, la sierra de Gredos, esa espina dorsal que culebrea entre las provincias de Salamanca, Cáceres, Ávila, Madrid y Toledo, aparece cubierta por un aromático manto amarillo que proviene de las trece variedades de piornos que cubren el agreste paisaje de montaña. Son flores pequeñas y del color del limón, que desprenden una fragancia similar al de la vainilla y que dan lugar a un fruto en forma de legumbre pelosa con el que los valles de la sierra quedan alfombrados de manera sorprendente. Su explosión, más o menos por estos días (siempre depende de las lluvias) es todo un acontecimiento que ha dado origen al Festival de Piornos en Flor, con concursos de decoración de exteriores, actividades deportivas en la naturaleza, rutas a caballo, exposiciones fotográficas, demostraciones del tradicional uso del piorno en el medio rural, actuaciones musicales... Este año, los eventos tendrán que esperar, pero ahí queda el espectáculo de sus flores.

Cerezos en el Valle del Jerte

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Es uno de los espectáculos más esperados del año. Más de un millón y medio de cerezos explotan en blanco cada primavera en este valle cacereño modelado en terrazas de cultivo. Un manto que arropa y perfuma los campos entre las localidades de Navaconcejo y Tronavaca y al que sus habitantes de la comarca reciben con toda una celebración popular que, esta vez, claro, ha tenido que suspenderse. Volverá la fiesta del cerezo en flor, la alegría, el vino de la tierra, las  muestras de la riquísima gastronomía extremeña. De momento, estos días queda la belleza de este valle custodiado por la sierra y atravesado por el río que le da nombre, el blanco esponjoso que tiñe los prados y que es, para muchas culturas, un símbolo de gratitud y esperanza.

Lavanda en Brihuega

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Pronto llegará también este otro bello fenómeno a estas tierras de La Alcarria en Guadalajara, a las que ya muchos han dado el nombre de la Provenza castellana. Porque todos los años sus campos se visten de lavanda en lo que constituye la plantación más importante de esta flor en España: dicen que su cultivo representa un 10% de la producción mundial. La vista se pierde entre tonos lilas, violetas y morados, mientras la pituitaria agradece el aroma embriagador. No en vano, prestigiosas firmas como Loewe emplean la esencia de estas flores para elaborar sus perfumes.

Almendros en Loarre

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A la escena de los cientos de almendros coloreando los campos de blanco y rosa, hay que añadir el dramático paraje de una fortaleza dominando la hoya de Huesca desde su elevada posición sobre un peñasco. Nos referimos a Loarre, el castillo románico mejor conservado de Europa, ahora libre de los miles de curiosos que vienen a transitar por sus torres para sentir que retroceden en el tiempo. Un lugar barnizado de leyendas y por el que, dicen, que hasta puede verse transitar a los fantasmas. En primavera, a su majestuosa silueta enmarcada por el Prepirineo aragonés y salpicada de buitres y río bravos, hay que añadir el espectáculo de los almendros.