Burdeos, mucho más que vino

Burdeos no es solo una región de vino, a pesar de que la fama de sus caldos ha alcanzado los límites geográficos más insospechados. La capital de Nueva Aquitania se presenta también al mundo como una ciudad llena de tesoros y lugares asombrosos.

Revista Viajar
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Foto: Eduardo Grund

 El casco viejo de la capital del vino está registrado en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco desde el año 2007 como el más extenso conjunto urbano protegido por esta organización, con 1.810 hectáreas. Paseando este espacio único se observa una mezcla de arte e historia que enamora por sus edificios de los siglos XVIII y XIX, por sus iglesias imponentes, como la catedral de San Andrés; por plazas encantadoras, encabezadas por la del Parlamento, la de La Bolsa o la de Quinconces, una de las más grandes de Europa, y por el famoso Espejo de Agua que atrae a miles de visitantes junto al río Garona. Y si se dispone de más tiempo para el viaje, la región de Burdeos muestra suficientes atractivos desde la costa atlántica hasta su desarrollo por el este del país hacia la encantadora antigua provincia del Perigord, que contiene los primeros testimonios del arte primitivo en el Viejo Continente. Nos esperan en el camino viñedos, paisajes despejados, ciudades trogloditas, castillos medievales y una excelente cocina regional.

Eduardo Grund

El pequeño París

Burdeos, la capital de la región vinícola más grande del mundo, seduce por su perfección nada más aterrizar en sus calles, con edificios hermosos y plazas llenas de encanto y de tentaciones. Sus seguidores le atribuyen un apodo superlativo, El pequeño París, con sus palacios elegantes, las pastelerías, los bistrós, los cafés y las enotecas. Sí, porque Burdeos es, sin discusión, una de las grandes capitales del vino en el planeta.

No en vano uno de cada cinco habitantes de la ciudad vive directa o indirectamente de los caldos que producen sus viñas. Y ahora, en pleno siglo XXI, la población asciende a 250.000 habitantes en el centro, que se convierten en un millón si se añade a los vecinos del extrarradio. Un destino atractivo que ha borrado esa ciudad desaliñada y ennegrecida de hace veinte años, desértica en verano, pues sus habitantes se marchaban a las playas del cercano Atlántico y dejaban vacías sus calles; ahora los turistas abarrotan la ciudad deseosos de descubrir los atractivos arquitectónicos y culinarios de la capital de la Nouvelle-Aquitaine.

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Los barrios históricos de Saint-Pierre, Saint-Michel y Les Chartrons siguen siendo imprescindibles en un paseo por este Burdeos que está a punto de estrenar su cuarta línea de tranvía. Al igual que la plaza de Quinconces, con sus hermosas fuentes, volcada al río Garona  con dos columnas que simbolizan el poderío del comercio y el imperio de la navegación.

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Entre los monumentos e iconos de Burdeos destaca la catedral de San Andrés, escenario majestuoso de la boda de Enrique II con Leonor de Aquitania, un matrimonio que supuso que toda Aquitania cayera bajo dominio inglés, y la iglesia de Notre Dame, que acogió el funeral de don Francisco de Goya tras terminar sus días en esta ciudad francesa. Y, cómo no, su último icono, el Espejo del Agua, una lámina de agua con orificios que hacen alternativamente de surtidor y sumidero, dando lugar a un ciclo continuo de llenado y vaciado a lo largo del cual el espejo acuático se mueve, se enturbia y aclara, haciendo aparecer y desaparecer las imágenes de las personas que lo visitan frente a la extraordinaria silueta arquitectónica de la plaza de la Bolsa, como si se tratara de un juego de un ilusionista. Todo un espectáculo, diario y gratuito, que hay que disfrutar in situ.

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La cité du vin

La Ciudad del Vino se ha convertido en el nuevo faro del enoturismo bordelés gracias a sus 19 módulos temáticos que ofrecen una visión diferente del vino a través de las diferentes épocas históricas y de todas las culturas y civilizaciones. La Cité du Vin es una infraestructura cultural inédita dedicada al vino como patrimonio cultural, universal y vivo. La propuesta es también sensorial e interactiva para ver, olfatear y tocar en este parque temático del vino. Como no podía ser de otra forma, la experiencia concluye en el octavo piso del edificio con una degustación de una copa de vino a elegir, al tiempo que se disfruta de una vista panorámica diferente de Burdeos.

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También es recomendable, de tener más tiempo, probar un buen entrecot con espárragos en el restaurante principal del museo, que ofrece también una carta de 500 vinos llegados de todo el mundo. En el exterior, basta con decir que este moderno edificio de 14.000 metros cuadrados sor prende por su forma y sus curvas atrevidas y traslada al visitante al mundo de las viñas y el vino. Está construido con fibra de vidrio, de ahí que el color de la fachada varíe en función de la luz que recibe durante el día.

Saint-Émilion, un imprescindible

Célebre por su encanto y por ser un museo al aire libre, Saint-Émilion es sin duda la localización estrella de las rutas del vino en la región y se encuentra solo a 45 kilómetros de Burdeos. La Unesco la reconoció así en 1999 cuando la incluyó como paisaje cultural en el Patrimonio de la Humanidad, reconociendo por primera vez en el mundo a un viñedo con esta distinción. Atrás quedaban sus trece siglos de historia, desde que un monje bretón procedente de Vannes, llamado Émilio, eligiera una cueva natural de la región de Ascumbas para disfrutar los últimos días de su vida.

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Hoy Saint-Émilion presume de sus 17 monumentos históricos, con la Iglesia Monolítica, la Torre del Rey y la Iglesia Colegial a la cabeza, y de sus 820 bodegas, de las cuales 82 guardan la etiqueta de Grand Crus Classes (denominación francesa surgida en 1855 con el objetivo de seleccionar los mejores vinos para la Exposición Universal de ese año). Todo ello en un conjunto encantador repleto de tiendas y boutiques vinícolas en la superficie, donde se puede comprar una botella de Petrus, uno de sus caldos más afamados, con precios entre 2.495 euros la botella de 2011 a los 15.400 euros si se atreve a comprar una de 1945.

Además, la villa esconde 80 hectáreas de galerías subterráneas que forman un laberinto gigante de casi 200 kilómetros de longitud. Bruno Dumery, director de la Mansión del Vino, ubicada en un edificio situado junto a la Oficina de Turismo, define estos vinos como insuperables “gracias a los suelos calcáreos, cuidados hasta el más mínimo detalle, de manera casi científica”, que hacen de Saint-Émilion una zona ideal para el cultivo de la vid. Las variedades que predominan en estas casi 6.000 hectáreas de viñedos son merlot, cabernet franc y cabernet sauvignon y representan el 6 por ciento del total de viñedo que se cultiva en Burdeos.

Perigord, trufa negra y foi gras

De camino a la antigua provincia del Perigord, la región que ofrece la más hermosa arquitectura medieval de Francia y las cuevas prehistóricas más importantes de Europa junto a las de España, da la impresión de que el ritmo del campo se va haciendo cada vez más lento, a la vez que regala algunas perlas gastronómicas como la trufa negra, el foie gras producido con sus patos y ocas, las setas o el aceite de nuez. Las colinas presentan un verde intenso, complementado con el color de las flores que crecen en primavera, y los pintorescos pueblos y castillos históricos emocionan por su encanto y su excelente conservación. Un buen aperitivo a la hora de organizar el viaje puede ser acercarse a los meandros del Dordoña para admirar La Roque Gageac, una hilera de edificios de color ámbar que se esparce en paralelo al río y maravilla si el día es soleado. Es este el tercer pueblo más visitado de Francia, tras Mont Saint Michel y Rocamadour, y de él parten los cruceros de dos compañías y las excursiones en canoa, más de tres mil diarias, que se organizan en verano.

Eduardo Grund


Rutas del vino por palacios y castillos

Descubrir alguna de las seis rutas vinícolas de Burdeos y su región es una opción muy recomendable para comprobar cómo la producción de los viñedos seduce por su variedad, desde los tintos, más afamados, hasta los pocos rosados, todos entre los más caros del mundo. Los palacios del Médoc, las laderas de Bourg, las vinotecas de Saint-Émilion, las villas fortificadas de Entre deux Mers o la propia Burdeos constituyen algunos puntos clave en las subregiones dedicadas a la producción de este apreciado vino.

Si quiere acertar en su elección lo mejor es ponerse en contacto con la Oficina de Turismo de Burdeos, que ofrece más de sesenta circuitos con diferentes posibilidades: un día gastronómico en Margaux; Burdeos y Saint-Émilion, Grands Crus Unesco; media jornada de descubrimiento de los caldos con visita incluida a dos chateaux (castillos con bodega); iniciaciones a la cata del vino de dos horas de duración (a partir de 25 euros); Best of Tour, circuito de tres viñedos diferentes; circuitos de los Crus Classés como Médoc 1855 o Crus classés de Margaux, visitas a los viñedos en barco por Médoc o Blaye o sencillas rutas en bicicleta por Saint-Émilion, lugar Patrimonio de la Humanidad. Durante las visitas se pueden descubrir las particularidades de los chateaux más prestigiosos o más familiares, pero todos capaces de convertir la vendimia en una labor romántica, probando sus vinos y conociendo el proceso de elaboración de los caldos, la selección de las uvas, la cosecha, la producción y la cata. Más información: burdeos-turismo.es