Arashiyama, 24 horas en la zona más verde de Kioto

Kioto es igual a tradición. Sus templos, su barrio de las geishas, los caminos interminables de toris... Pero también esconde un tesoro en el que entrar en contacto con la más pura naturaleza: Arashiyama

Macarena Escrivá
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Foto: VIAJAR

Kioto esconde lugares excepcionales. No se trata solo de una hermosa visita, sino de un lugar privilegiado con años de historia a sus espaldas. Hablamos de Arashiyama, una zona de Kioto que data del año 794, en el momento en que la ciudad todavía se llamaba Heian-Kyo, que sirvió como hogar a la corte imperial.

Arashiyama floreció como un destino de verano y vacaciones para los nobles de la corte, atraídos sin duda por su especial ubicación y sus encantos sin igual: un pueblo colindante con la ciudad rodeado de montañas y densos bosques, en los que habitan animales mitológicos japoneses como el Tanuki, un ser medio perro medio mapache que anuncia la fortuna.

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Llegar a Arashiyama es hacerlo a un mundo de colores verdes, a un lugar de apabullante belleza. La mejor forma de llegar a esta zona es hacerlo en tren a la estación de JR Arashiyama o en el autobús número 11 que finaliza su recorrido junto al puente Togetsukyo, el 'puente que cruza la luna' sobre el río Hozu. Cuentan que el emperador Kameyama, mientras paseaba, vio cómo la luna parecía cruzar el puente y de ahí fue de dónde se le dio este nombre tan sugerente. Junto al puente Togetsukyo se encuentra la reserva natural de Iwatayama, una zona en lo alto de la montaña donde más de 200 macacos campan a sus anchas.

Sin duda, uno de los lugares más visitados es el célebre bosque de bambú de Arashiyama. Recorrer sus caminos circundados por altísimos troncos de bambú supone una maravilla para entrar en pleno contacto con la naturaleza. Si visitas el bosque a primera hora de la mañana o antes de que caiga la noche, podrás disfrutar de la suave brisa que mece los troncos de bambú, sin más sonidos que la plenitud de la naturaleza en sí misma. ¿Sabías que el gobierno japonés ha declarado éste como uno de los 100 sonidos a preservar en Japón? Perderse por sus caminos y admirar la naturaleza en estado puro es casi obligatorio.

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Nada más dejar atrás el bosque de bambú, conviene aventurarnos por la calle principal, Arashiyama Shôten-gai. Allí podréis comer algo en sus múltiples restaurantes, degustar street-food en sus puestos callejeros o comprar artesanía y dulces típicos japoneses. Todo ello mientras esquiváis turistas y portadores de rickshaw –pequeños vehículos tirados por hombres–.

Nuestra siguiente parada es una de las maravillas del territorio, el templo Tenryu-ji. Declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, data del siglo XIV y está rodeado de un imponente jardín Zen ideado por Muso Soseki, un importante monje budista, poeta y diseñador de jardines.

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¿Lo mejor del día? Terminarlo alojándonos en una de las joyas de la zona, Suiran, a Luxury Collection hotel. Ubicado en la ribera de las aguas de color jade del río Hozu, este hotel cuenta con hitos de la historia en su haber. Desde las fiestas de navegación del 898 que allí se celebraban, hasta el haber formado parte de la villa imperial de Kameyama-domo. Sin olvidarnos de que en el XIV pasó a formar parte del complejo del templo Tenryu-ji y que en la historia más reciente, sirvió como casa de verano de Kawasaki Shōzō, fundador de la industria Kawasaki de motocicletas, transportes y equipamiento defensivo.

Nada más entrar en la propiedad nos encontraremos con el delicioso Café Hassui, una construcción tradicional japonesa con más de 100 años de antigüedad, con una terraza sobre el río y las laderas de Arashiyama. Abre al público en general hasta las 17 horas y, a partir de su cierre, obsequia a todos los huéspedes que les visiten con un aperitivo y bebidas como champagne o sake. Sentarse en su terraza y admirar cómo pasan las barcas sobre el color jade del río no tiene precio. Otra de sus opciones gastronómicas es el restaurante Kyo Suiran, una construcción de 1899 frente a los jardines japoneses, donde se sirven los desayunos y cocina de temporada, así como la posibilidad de disfrutar de una cena teppanyaki.

TOOTEN

Como no podía ser de otra forma, muchas de sus habitaciones están inspiradas en la luna y en la leyenda del emperador Kameyama, decoradas por artistas locales y ataviadas con mobiliario artesano de las más altas calidades. Otras obedecen al estilo tradicional de un ryokan con tatami en el suelo y un onsen abierto al cielo en su jardín. Además, el hotel cuenta con una zona de spa con tratamientos y dos salas privadas 'Raku' y 'An' con onsen donde deleitarse con los sonidos y la brisa de las montañas.

Reserva un día –o varios– en tu viaje a Japón para conocer las bondades de Arashiyama. No te defraudará.