Entre hadas y gnomos, los 7 hayedos que jamás podrías imaginar

A pesar de su carácter atlántico, los bosques de hayas han penetrado hasta el centro de la península, llegando a La Rioja, a Guadalajara y a Madrid, con los hayedos más meridionales de la península. Entre hadas y gnomos, recorremos siete tesoros naturales.

Irene González
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Foto: Txiriguili / ISTOCK

En otoño los bosques se renuevan para mostrar una belleza tan espectacular, que produce vértigo. Estas frondosidades se tornan ocres, rojizos, naranjas y amarillos, con tonos tan puros, que resulta imposible plasmarlos tal y como son en realidad.

Los bosques de hayas inundan el otoño con una riqueza cromática única e inimitable. La magia de estos árboles, que suelen alcanzar los 40 metros de altura, produce un singular juego de colores. Los hayedos de Europa forman una riqueza natural milenaria que se extendieron rápidamente desde finales de la era glaciar.

Partieron de algunos refugios aislados de los Alpes, los Cárpatos, el Mediterráneo y los Pirineos, en un proceso que llevó miles de años y que continúa en la actualidad, a pesar de la fragilidad de los ecosistemas.

Afortunadamente el haya es un árbol fuerte y en nuestro país encontró un lugar ideal para seguir extendiéndose y forrando los paisajes. A pesar de su carácter atlántico, estos bosques han llegado hasta el centro de la península. Los bosques de hayas en España, son los hábitats de hadas y gnomos, lugares mágicos donde corretean entre sus troncos. Los hayedos, que se dispersan entre valles, cumbres, barrancos, son una invitación al silencio, a un recorrido donde el único sonido, casi imperceptible, es la caída de las hojas. Impulsan a un paseo terapéutico y fascinante, tanto para el alma como para el cuerpo. Sin duda, el haya es la reina del otoño, la que domina las áreas montañosas de clima húmedo. Y aunque de vocación solitaria, suele formar bosques mixtos con abetos, tejos, abedules, serbales y acebos.

Pocos árboles son tan tenaces como esta amante de las umbrías, que resiste el órdago invernal. La frondosidad y altura de su copa, deja escasas posibilidades a otros árboles que la acompaña en la penumbra del sotobosque. Sus largas ramas se dispersan como brazos, y ocupan todo el espacio que encuentra a su alrededor. En estos bosques, junto a las hadas y los gnomos, conviven jabalíes, nutrias, lobos, corzos y ciervos. En otoño es tiempo de caminar entre senderos cuajados de hayas. Y hoy recorremos siete hayedos que te enamorarán.