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Yaya (71 años), vive sola en la montaña por no poder pagar el alquiler: “Quiero seguir haciendo cabañas en la montaña y morir en una de ellas"

Historias de emancipación y supervivencia en la España deshabitada.

Casas abandonadas donde la soledad y la falta de servicios marcan el día a día de sus últimos habitantes

Casas abandonadas donde la soledad y la falta de servicios marcan el día a día de sus últimos habitantes / Istock / nigo Arza Azcorra

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El éxodo rural es uno de los problemas más preocupantes que tiene España a día de hoy. Son muchas las personas que llegan a la gran ciudad en busca de nuevas oportunidades y un futuro mejor; mientras que en las ciudades no falta el ruido ni la gente, en otras partes de España se vive todo lo contrario. Son muchos los pueblos abandonados donde sus calles vacías y la falta de personas convierten lo que para muchos es su hogar en un lugar totalmente deshabitado y desértico.

El pueblo de Girona que parece sacado de una película de Disney

Redacción Viajar

Creadores de contenido como Diego Revuelta nos ayudan a conocer más a fondo estos casos como el ejemplo de Yaya Bushcraft, una jubilada de 71 años, que se mudó a las montañas de Girona donde está construyendo su propia cabaña para vivir completamente sola, apoyándose en tutoriales de internet, está jubilada aprendió técnicas de construcción y supervivencia que le han permitido levantar no una, sino varias cabañas utilizando únicamente recursos de su entorno.

pueblo medieval hecho todo con piedra en las montañas de Cataluna, Beget, Girona.

pueblo medieval hecho todo con piedra en las montañas de Cataluna, Beget, Girona. / Istock / Jose Miguel Sanchez

La mayoría entiende que vivir solo en la montaña es algo sumamente complicado, pero lo cierto es que Yaya siempre se ha considerado una “outsider”, “desde los 17 años me fui de casa de mis padres, considero que tener una casa y un trabajo para toda la vida es algo aburrido”. De esta manera, confesó que ha estado toda su vida buscando esta sensación de libertad que ahora, a sus 71 años, ha alcanzado con su cabaña: "Quiero seguir haciendo cabañas en la montaña y morir en una de ellas", concluyó Yaya Bushcraft.

fachada románica de la iglesia y el campanario. Girona, Cataluña. España

fachada románica de la iglesia y el campanario. Girona, Cataluña. España / Istock / ABBPhoto

¿Cómo se sobrevive ante una situación así?

La historia de Yaya, es el ejemplo de cuando el mercado de la vivienda te deja fuera, pero la creatividad y tus ganas de libertad son tu mejor salida. Después de tres desahucios por culpa de los precios tan altos del alquiler y pese a su pensión de solo 800 euros, "Yo tengo una pensión de 800 euros, que no llegan, y puedo pagar alquiler, pero me lo suelo gastar en comer". Yaya no se rindió y decidió levantar su propia cabaña de 18 metros cuadrados en Girona.

Pasadizos arqueados bajo los edificios, Peratallada, Girona, España

Pasadizos arqueados bajo los edificios, Peratallada, Girona, España / Istock / Jose Miguel Sanchez

Son muchos los que preguntan si realmente está cometiendo alguna ilegalidad, y realmente no, la dueña del terreno se lo cede gratis a cambio de que cuide el bosque, un trato que sale beneficioso para los dos. Sus condiciones no son las mejores, sin luz, agua corriente ni comodidades básicas, todo esto es insignificante comparado con la tranquilidad de poder vivir a sus 71 años en plena naturaleza.

Vista de la Villa Medieval de Santa Pau, La garrotxa

Vista de la Villa Medieval de Santa Pau, La garrotxa / Istock / Eloi_Omella

Más historias para contar: Yaya no es la única excepción

Si miramos más allá, nos daremos cuenta de que esta situación es mucho más común de lo que parece como es el ejemplo de Tomàs de 64 años y el único habitante de un pueblo de Lleida, Solanell, "Es fácil vivir aquí con un subsidio de 480 euros, no hay donde gastarlo".

Puente medieval de piedra que cruza un tranquilo arroyo en Ripoll, Cataluña

Puente medieval de piedra que cruza un tranquilo arroyo en Ripoll, Cataluña / Istock / Alexandre Landriault-Brule

Benigna, una mujer de 92 años, también es una víctima de la despoblación, una aldea abandonada de Asturias en la que ella es la única habitante, “Yo creo que el pueblo no debe de perderse. Porque además nunca sabes lo que vas a necesitar” u otros casos donde se escapan del bullicio de la ciudad para revivir el pueblo que vio crecer a su padre como es el ejemplo de Kike Collada, un hombre de 28 años, que se hizo alcalde para intentar salvar el pueblo de su familia paterna: “Te das cuenta de que solo podrás disfrutar de este lugar si sigue habiendo gente”.