Vuelve a la infancia en la Ruta de las Xanas, las hadas de agua de Asturias

Una fantástica ruta considerada el "mini Cares"

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: JAH / ISTOCK

Asturias es una tierra mágica. No son solo sus montañas, sus prados, sus concejos y sus gentes. Es esa aura que emana en el ambiente que hace que cada viaje al Principado se convierta en una experiencia irrepetible.

En pleno centro de la región, al norte del corazón del Parque Natural de Las Ubiñas-La Mesa, se encuentra una de las rutas senderistas más bonitas de entre las que podemos encontrar en esta maravillosa región.

Parque Natural de Las Ubiñas-La Mesa | JaviJ / ISTOCK

Considerada el «mini Cares», en clara alusión a la emblemática travesía que recorre la garganta más famosa de Los Picos de Europa, de la Ruta de las Xanas se dice que es incluso más hechizante, a pesar de su tamaño bastante inferior.

Una combinación más que atractiva

Las Xanas son los seres mitológicos por excelencia de Asturias. Hadas cuyo hábitat natural se encuentra ligado a la presencia de agua. Una figura femenina de origen fantástico que comparte en la península con Galicia, la provincia de León y la región cántabra, pero que aquí se ha mezclado de forma férrea al folclore local hasta el punto de aparecer, como en este caso, en la toponimia de la zona.

Parque Natural de Las Ubiñas-La Mesa | JAH / ISTOCK

La Ruta de las Xanas hace mención a lo mágico con justicia. Allí donde la Naturaleza despliega sus alas para hacernos volar con su belleza, no podemos sino volver a la infancia y dejarnos llevar mientras admiramos su gran obra.

El arroyo de Viescas, conocido como de Las Xanas, discurre silencioso por un desfiladero de dos kilómetros de longitud y más de quinientos metros de desnivel sin parecer asumir su papel en las abruptas paredes esculpidas por la fuerza de esa misma agua sosegada.

Arroyo de Las Xanas | JaviJ / ISTOCK

Un espacio por el que discurre una de las rutas más bonitas de toda Asturias, siguiendo la estela de un regato que busca sin dilación su encuentro con el río Trubia.

Ruta de las Xanas | JaviJ / ISTOCK

La foz de Las Xanas, que une Villanueva de Santo Adriano con Pedroveya y La Rebollada, se ha convertido con el tiempo, además de en Monumento Natural, en el escenario de uno de los recorridos senderistas más reputados de esta región del norte de España.

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Un antiguo camino inacabado

Hace décadas, cuando más allá de la posterior aparición del turismo una de las lógicas más apremiantes de las zonas de montaña era la necesidad de comunicación, las gentes de estos concejos trataron de tallar en la roca caliza un camino que uniera las distintas poblaciones que separaba este impresionante desfiladero.

Ruta de las Xanas | JaviJ / ISTOCK

A media altura de la garganta, alcanzando en algunos tramos los ochenta metros de caída hacia el precipicio, un sendero se va abriendo paso entre las paredes dejando tras de sí una especie de túneles abiertos que son el alma paisajística de este trayecto que, no obstante, es fruto de una empresa inacabada, pues aquella vía que trataron de dar forma penosamente nunca llegó a ser finalizada dada su dificultad.

Sin embargo, su legado nos ha sido entregado para nuestro disfrute dando como resultado un recorrido de unos siete kilómetros y medio de ida y vuelta, de no demasiada dificultad, pero no apto para quienes sufran de vértigo.

Ruta de las Xanas | JaviJ / ISTOCK

Considerado popularmente como el «mini Cares», la ruta parte de la zona recreativa de Molín de Las Xanas, donde un área habilitada como aparcamiento nos permite acercarnos hasta ella cómodamente.

Más allá, un pequeño trecho empedrado nos da acceso al sendero para ir poco a poco adentrándonos en este enorme tajo en la roca en cuyos flancos la vegetación boscosa nos sume de lleno en un ambiente de cuento.

Vistas de Pedroveya y su iglesia de San Antonio de Padua | Urbano Suárez

Ya fuera de este impresionante tramo, el bosque va desapareciendo en transición hasta los claros, que van tomando el protagonismo para anunciarnos el final de la ruta, en la iglesia de San Antonio de Padua y su tejo centenario, en Pedroveya, donde la horizontalidad de los prados contrasta poderosamente con los paisajes precedentes.