La vuelta al planeta con Amelia Earhart, la mujer que quiso volar

Un periplo por las etapas del viaje que la convirtieron en leyenda

José Miguel Barrantes Martín
 | 
Foto: D.R.

Amelia Earhart fue una de esas personas que rompen moldes. Nacida en Estados Unidos en 1898, con la llegada de la Primera Guerra Mundial tuvo sus primeros contactos con el mundo de la aviación gracias a su labor como enfermera durante la contienda. En 1920, tras su vuelta a California, donde se instaló su familia, Amelia tuvo la oportunidad de realizar un breve vuelo como pasajera. Fue tal la sensación que experimentó que a partir de aquel momento su destino estaría sellado.

D.R.

No tardó mucho tiempo hasta que comenzó a tomar clases como piloto de la mano de otra leyenda, Mary Anita Snook – más conocida como Neta Snook -, primera mujer estadounidense en dirigir una escuela de vuelo y un aeropuerto privado.

Estas primeras lecciones llevaron a la impetuosa Amelia a comprar su propio avión y en los siguientes años, ya lanzada a los aires, comenzaría a fraguar su leyenda batiendo marcas e hitos.

Una mujer empeñada en convertirse en leyenda

En 1922 batió su primer récord de altitud. En 1928, gracias a un golpe de suerte, se convirtió en la primera mujer en cruzar el océano Atlántico como pasajera, recorriendo en un avión trimotor 3200 kilómetros en 20 horas y 40 minutos desde Canadá hasta Gales.

Tras esto llevó a cabo varios vuelos en solitario cruzando Estados Unidos hasta que, en 1935, consiguió convertirse en el primer piloto en abordar con éxito el trayecto entre California y el archipiélago de Hawái. No satisfecha con el logro, batió una marca de velocidad poco tiempo después.

D.R.

Reconocida ya en el mundo del vuelo estadounidense, comienza 1937 con el reto de su vida: dar la vuelta al mundo por la línea ecuatorial, haciéndolo además tomando una ruta no convencional. Una vuelta al planeta que acabaría en tragedia y cuyas circunstancias la catapultarían a la fama como una leyenda de la historia de la aviación.

El extraordinario viaje a través del planeta

Emulando al mítico piloto que cruzó sin escalas y en solitario el océano Atlántico por primera vez, Charles Lindbergh, con quien la joven tenía un gran parecido facial – no obstante fue apodada por la prensa de la época Lady Lindy -, Amelia Earhart quiso llevar a cabo su propia hazaña circunnavegando la Tierra por el aire a bordo de un bimotor y la compañía como copiloto de Fred Noonan.                                                                                                         

Comenzarían oficialmente su aventura el 1 de junio de 1937 a bordo del histórico Electra 10-E, desde Miami, aunque en un principio partieron desde Oakland, en San Francisco, varios meses antes.

D.R.

Desde allí, el viaje fue discurriendo a lo largo de las primeras etapas por lugares como San Juan de Puerto Rico (Puerto Rico), Caripito (Venezuela) o Natal (Brasil). Esta última, en el extremo nororiental del gran país sudamericano, paraíso de playas y dunas y emplazamiento del singular Fuerte de los Reyes Magos junto al mar, fue el punto desde el que partieron hacia el continente africano.

Natal, Brasil | Roman_Rahm / ISTOCK

Allí les esperaba, en la península de Cabo Verde, la célebre Dakar, capital de Senegal. De Dakar continuaron el viaje en dirección a Gao, la ciudad de los askias, en Malí, una ciudad poco conocida que, sin embargo, conserva el conjunto monumental de la tumba de esta importante dinastía, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Abandonando Gao llegaron por Sudán y Etiopía hasta el final del continente para proseguir la ruta de vuelo a través de Karachi, la ciudad más poblada de Pakistán, donde no pudieron llegar a admirar el que es hoy en día el monumento más bello de la ciudad, construido en la década de 1960, el mausoleo Mazar-e-Quaid, tumba del fundador de Pakistán.

Karachi, ciudad más poblada de Pakistán. | Umar Kashif Thanvi / ISTOCK

La India, con Calcuta, fue la siguiente etapa del recorrido, tras la que llegaron las paradas de Randún y Bangkok, la capital de Tailandia, y la moderna Singapur, el icónico puerto de La vuelta al mundo en ochenta días y, hoy en día, una de las ciudades más cosmopolitas y vanguardistas del mundo; a pesar del cansancio por el largo viaje, que acumulaba en este punto más de 30000 kilómetros y casi 30 días, continuaron su periplo por Asia hasta la última de las etapas del continente, Bandung (Indonesia), donde problemas técnicos y de salud de Amelia retrasaron la agenda prevista.

helovi / ISTOCK

El último tramo de la travesía, el más peligroso, lo afrontaban con la preocupación del gran reto de la vuelta al mundo: atravesar el océano Pacífico.

La primera etapa tenía como destino Darwin, la ciudad más al norte de Australia, famosa por su Parque de los cocodrilos y por ser la entrada al Parque Nacional Kakadu, una importante área protegida donde conocer la cultura aborigen del continente.

Desde allí la siguiente parada se situaba en Lae, en Papúa Nueva Guinea, donde el agotamiento y los problemas de salud de Amelia empezaban a hacer sus estragos. Tras más de 35000 kilómetros a sus espaldas, la pareja afrontó los más de 11.000 kilómetros que les restaban.

BeyondImages / ISTOCK

El 2 de julio, con un tiempo desfavorable, despegaron rumbo a América. Tras varios contactos por radio que lo confirman, parece ser que lograron alcanzar la primera de las etapas, las islas Nukumanu, un atolón situado en el suroeste del océano Pacífico, partiendo desde aquí hacia su penúltima etapa, la isla Howland, a medio camino entre Australia y Hawái.

El último contacto con el guardacostas de la isla Howland indicaba que parecían perdidos y se estaban quedando sin combustible. A partir de ese momento su rastro se perdió y nunca más se supo nada del avión.

La extraña desaparición de los tripulantes y su aeronave dio lugar a todo tipo de elucubraciones, como la teoría de que fueron capturados por los japoneses – existe incluso una polémica fotografía -. Hoy en día, sin embargo, la hipótesis más aceptada apunta a que consiguieron descender hasta la isla de Gardner – un pequeño atolón llamado Isla Nikumaroro actualmente, perteneciente a Kiribati -, donde murieron.

Teoría apoyada por el hallazgo de unos huesos en la isla que, aunque en un principio fueron descartados como los de Amelia, han sido recientemente relacionados con ella a través de un estudio genético, lo que cerraría el misterio por la desaparición de una mujer extraordinaria que cumplió su sueño de vivir volando convirtiéndose en una leyenda.