¿El fin de los vuelos low-cost? Así afectará la crisis al transporte aéreo

Las medidas contra el coronavirus podrían incrementar un 50 por ciento el precio de los billetes de avión

Noelia Ferreiro
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Foto: Animaflora / ISTOCK

¿Cómo serán, a partir de ahora, los viajes en avión? ¿Podrán las aerolíneas hacer frente a las nuevas exigencias? ¿Volaremos menos y pagaremos más? Todas estas cuestiones asaltan en la nueva normalidad que impone la crisis del coronavirus.

Como todos los sectores, el que se corresponde con los desplazamientos por el aire sufre el que tal vez sea su periodo más crítico de los últimos tiempos. La demanda de los vuelos sufrida de manera repentina es de una magnitud sin precedentes. Sólo en Europa la caída del tráfico aéreo supera el 90% respecto al año pasado. La IATA (Asociación Internacional de Transporte Aéreo) ha estimado que la situación provocada por el Covid-19 podría costarle a este segmento profesional unos 314 mil millones de dólares.

Bernardo Gonzalez Fernandez

Reducir el número de pasajeros

A este panorama tan desolador se suma la reestructuración de los protocolos a la que se verán obligadas las compañías. Porque ahora, para la reapertura del espacio aéreo, lo que prima es la seguridad sanitaria. Y en este sentido se están diseñando nuevas medidas que, según los expertos, podrían incrementar un 50 por ciento el precio de los billetes de avión. Algo que afectaría especialmente a los viajes de corta y media distancia.

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Además de la desinfección y otras reglas de seguridad, el obligado distanciamiento social se traduce en los aviones con una máxima primordial: la reducción del número de pasajeros. Y esto, claro, no puede dejar de incidir en los precios de las low-cost, cuyo éxito se basa en llenar los aviones y cobrar aparte ciertos servicios como el equipaje o la comida.

¿Asientos de dos caras? ¿Cápsulas en cada plaza?

Si las medidas para seguir viajando obligan a dejar parte de los asientos vacíos y prohíben portar bolsos de mano a bordo, estas compañías se verán forzadas, irremediablemente, a encarecer sus billetes. Algo que Ryanair, por ejemplo, ha justificado de esta forma: para hacer rentables sus viajes necesitan ocupar al menos el 72% de los asientos.

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Las aerolíneas están en plena carrera para agudizar el ingenio y presentar modelos alternativos que permitan mantener el máximo de plazas posibles. Algunas plantean nuevos asientos de dos caras (es decir, el del medio estaría colocado en la dirección opuesta a la de los asientos laterales). Otras proponen una separación con mamparas transparentes. Y otras hasta planean diseñar auténticas cápsulas en cada plaza.

Cambios como en el 11-S

Volar nunca fue lo mismo después de los atentados terroristas que conmocionaron al mundo en el año 2001. El temor a aquella atrocidad obligó a adoptar medidas de seguridad que cambiaron la forma de desplazarnos (más tiempo, más control, más prohibiciones a bordo) y que aún hoy siguen vigentes.

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Sin embargo, según los analistas, la situación es hoy muy diferente. En aquel entonces el tráfico se desplomó en cuestión de días pero la recuperación fue mucho más rápida. Lancemos un soplo de esperanza y pensemos que, aunque hoy el panorama afecta a la viabilidad de las aerolíneas low-cost, las aguas también volverán a su cauce.

 

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