Volcanes dormidos

Descubrir América fue algo maravilloso, pero más maravilloso todavía hubiera sido no dar con ella. La frase de Mark Twain parece hecha a medida para algunos pasajes de este libro en el que la desolación campa por sus fueros devastadores. Pero hay más: su potencialidad y su belleza es un mosaico al que le da unidad el idioma. Incluso en regiones pretendidamente homogéneas como la que recorre este libro, la variedad es el común denominador, y si acaso une sus teselas la metáfora acertada de sus volcanes dormidos, es decir, la común pobreza que un día estallará en reivindicaciones de justicia. Por sus impulsos, ahora sofocados, hacen historias una curiosa pareja de cronistas -Regás y Molina Temboury-- que no ha querido quedarse en la superficie de los encantos naturales o la fascinación de las huellas arquitectónicas rastreadoras de antigüedades votivas sino que, asumiendo el símil explosivo, se ha convulsionado con una tierra que expone, de par en par, su ser en carne viva de hermosura y carencia. Tierra sojuzgada de magos y poetas, la irrealidad y la imaginación se dan la mano con lo que reclama aún la utopía: evitar las causas que fuerzan las revoluciones para que no se produzcan.

VOLCANES DORMIDOS
Rosa Regás y P. Molina Temboury.
Premio Grandes Viajeros 2005 .
Ediciones B.
290 páginas.
Precio : 18 €.