Algunas casas de Formentera tendrán las paredes hechas con posidonia

Esta planta de 100.000 años de antigüedad tiene una segunda vida como aislante en la construcción, tal y como demuestra el proyecto arquitectónico más relevante de Formentera. El arquitecto Marià Castelló nos habla sobre los distintos paisajes que conforman el territorio de esta isla balear, la protección del patrimonio y la tendencia hacia sistemas constructivos de baja huella ambiental

Silvia Castillo
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Foto: M.Castello Architect

La vida y la obra de Marià Castelló, arquitecto por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, están estrechamente ligadas a la isla de Formentera, cuyo paisaje, cultura y tradición son su fuente de inspiración. Ha recibido diferentes premios internacionales, como el Premio Europeo Best Architects '20 (2019) por Bosc d’en Pep Ferrer y recientemente ha sido seleccionado en la XV Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo.

Vista de Formentera.  | Leandro Pita / ISTOCK

En su trabajo subyace la reflexión sobre los distintos paisajes que conforman el territorio de Formentera, la protección del patrimonio y la tendencia hacia sistemas constructivos de baja huella ambiental. Opina que “la conciencia general sobre el cambio climático es difícil de cuestionar. El problema radica en encontrar el modo de aprender a vivir de otra manera; en implementar sistemas que tiendan a consumir menos energía y en conseguir que ésta sea de fuentes renovables y cada vez más sostenibles”.

Marià Castelló.  | M.Castello Architect

Al volver la vista siete décadas atrás, asegura que “las particulares condiciones de aislamiento físico y social de Formentera hacían de nuestro territorio un ejemplo paradigmático. La vida a mediados del siglo XX era dura y desprovista de comodidades, pero también un ejemplo de territorio autosuficiente, con una arquitectura popular que integraba criterios bioclimáticos, construida con materiales naturales de cercanía y con un paisaje antropizado en armonía con la naturaleza. Probablemente las tecnologías eran muy básicas, pero los procesos eran circulares y el concepto de residuo no existía”.

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Pese a que el Consell de Formentera ha sido pionero en la limitación de vehículos que pueden acceder a la isla, en fomentar la movilidad sostenible y en proteger los principales espacios naturales, Marià Castelló sostiene que “la presión es tan grande que no nos podemos contentar” y considera que son necesarias medidas como “poner fin al crecimiento tanto en suelo urbano como en rústico; impulsar energías renovables en las edificaciones existentes, especialmente la fotovoltaica por la singularidad de nuestro clima y que el sector de la construcción se oriente hacia la reforma y las mejoras en términos de eficiencia energética, integración paisajística y función social”.

Vista de la isla de Formentera.  | sebastian dobrick / ISTOCK

Asimismo, defiende “la apuesta por materiales de construcción lo más naturales y locales posibles, con una baja huella de CO2, y también continuar impulsando la Cooperativa del Campo de Formentera para mantener el paisaje rural que nos caracteriza, que sigue siendo nuestro mayor activo”.

Finalmente, subraya que “la necesidad de tomar medidas decididas y radicales es una realidad que no solo se circunscribe al ámbito de la administración y de los poderes, sino también individualmente a través de nuestras acciones cotidianas”.

Bosc d’en Pep Ferrer. | M.Castello Architect

Marià Castelló afirma que el proyecto arquitectónico más relevante de la isla es la construcción de las 14 viviendas de protección oficial que integran el proyecto Life Reusing Posidonia, en Sant Ferran, ganador nacional de los Green Solutions Awards 2017 en la categoría Bajo en Carbono, del Premio FAD de Arquitectura 2018 y del Premio de Arquitectura Española CSCAE 2019, ya que ha supuesto un nuevo modelo en la política de construcción de vivienda pública en Baleares.

El arquitecto Carles Oliver explica en sus conferencias que “no habitamos una casa, habitamos un ecosistema” y por eso presenta Life Reusing Posidonia como un proyecto que se adapta al cambio climático y que utiliza la posidonia como aislante, siguiendo la práctica de la construcción tradicional, con lo que consigue el doble objetivo de dar visibilidad a la planta de 100.000 años de antigüedad y reducir la emisión de CO₂ de los sistemas constructivos habituales. 

Bosc d’en Pep Ferrer. | M.Castello Architect

El cambio de concepto que propone Life Reusing Posidonia es: “En vez de invertir en una industria química situada en 1.500 kilómetros dedicaremos el mismo presupuesto a una mano de obra local poco cualificada, que debe extender la posidonia al sol para secarla, y compactar en los palés, consiguiendo 15cm de aislamiento en cubierta. Además, resulta que la sal del mar actuará como biocida natural, y el producto será completamente ecológico”.