Visita a Petra con la mirada de dos exploradores, el real y el de ficción

En 2012 se cumplen 200 años desde que un explorador suizo descubriera al mundo occidental la existencia de la ciudad perdida bajo la arena del desierto jordano. Considerada como una de las siete nuevas maravillas del mundo, el arqueólogo "Indiana Jones" acudió a Petra para encontrar el Santo Grial en el templo secreto.

B. Iznájar

La gran pantalla se llenó de asombro cuando los ojos de Indiana Jones miraron la belleza de Petra. La misma impresión que sintió Johann Ludwig Burckhardt al redescubrir esa ciudad que excavó en la piedra la tribu árabe de los nabateos. Dos exploradores que la realidad y la ficción han vinculado para siempre a una joya que fue construida en el siglo I.

Cuentan los hechos ciertos que el hallazgo del explorador suizo tuvo lugar el 22 de agosto de 1812 y fue consecuencia de un plan hábilmente trazado, que consistió en adoptar la falsa identidad de un jeque árabe para así poder escudriñar tranquilamente la metrópolis escondida en los territorios que hoy constituyen Jordania.

La Última Cruzada (1989) hizo que el arqueólogo de pistola, sombrero fedora, látigo y cazadora de cuero irrumpiera en esta "maravilla del mundo" al galope de su caballo, atravesando el angosto desfiladero (el Sik) por cuyo ojal pétreo penetró el foco de Steven Spielberg para revelar plano a plano la imagen más emblemática de la ciudad rosada, El Tesoro (Al-Khazneh). Un sorprendente templo real funerario macizo esculpido sobre la montaña. En la parte inferior, seis columnas de estilo helenístico soportan un frontón sobre el que se sujeta el segundo y último piso, con una gran urna a la que la leyenda atribuía ser el contenedor de un tesoro.

A la tercera entrega de la trilogía cinematográfica protagonizada por Harrisson Ford solo le hizo falta esa última escena, en la que Indy y su distinguido padre (Sean Connery) van en busca del Santo Grial, para presentar al mundo una joya declarada Patrimonio de la Humanidad. El cine, una vez más, con su poder de convocatoria de masas se convirtió en una gigantesca agencia de viajes que tranformó la ciudad de Petra en la atracción turística jordana por excelencia.

Hace 200 años, cuando Johann Ludwig Burckhardt se encontró con ella, ni siquiera pudo expresar su admiración para que no fuera descubierta su condición de investigador occidental y tuvo que conformarse con escribir un informe que posteriormente aprovecharían otros exploradores.