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El viaje de los objetos, una columna de Patricia Almarcegui

"Las piezas se organizan atendiendo a su materialidad y a tramas de narrativas intra-conectadas"

El viaje de los objetos, una columna escrita por Patricia Almarcegui.

El viaje de los objetos, una columna escrita por Patricia Almarcegui. / Patricia Almarcegui

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La información que guardan los objetos y la proyección subjetiva e íntima que hacemos en ellos es definitiva. Hoy los pensamos y adquirimos atendiendo a cómo se producen, cuánto van a durar, cómo van a desaparecer… Son los llamados nuevos materialismos y hablan de nuestra afección actual por la materia. Surgen en oposición a la hegemonía de la sociedad digital y virtual en un momento en el que las fronteras entre los objetos inertes y los cuerpos vivos se desdibujan. Muchos son los textos que tratan de ellos. Por ejemplo, La terrible historia de las cosas bellas (2023) de Katy Kelleher, un ensayo sobre el deseo y consumo que cuenta el viaje de objetos, como tulipanes o perfumes, antes de llegar a nuestras manos, o el ensayo Ser piedra (2023) de Federico Luisetti.

En Barcelona, la arquitecta Olga Subirós acaba de comisariar una exposición con más de 700 piezas y 80 obras de artistas y diseñadores para reflexionar sobre estos viajes y materialidades. Se trata de Matter Matters. Diseñar con el mundo en el Museo del Diseño DHub Barcelona, una investigación de dos años que permanecerá expuesta otros tres.

Las piezas se organizan atendiendo a su materialidad y a tramas de narrativas intra-conectadas, que cuestionan su lógica extractivista –la explotación de grandes volúmenes de recursos naturales–, a la vez que presentan alternativas para una sociedad más sostenible y justa. Para llevarlo a cabo, es necesario identificar y visibilizar el poder oculto del imperialismo, y reconocer que la materialidad no es un recurso ilimitado, sino una red de relaciones de la cual formamos parte.

También está el viaje de los motivos de las sedas y mantones de Manila

Resulta difícil elegir entre la cantidad de obras pero, para esta crónica, por ejemplo, Naturaleza muerta, instalación hecha a partir de objetos del fondo de la Colección de Cerámica del museo DHub –el más importante de España. Desde el siglo XIII al XXI, se exhiben 200 piezas organizadas iconográficamente en torno a los elementos de agua, tierra y aire, dispuestas frente a un balcón abierto a la ciudad. La instalación muestra la realidad de la emergencia climática. Destacan también los dos candelabros del siglo XVIII realizados por Julián López, incluidos en la instalación Calculating Empires, que representan dos antorchas sostenidas por dos figuras racializadas que representan personas esclavizadas africanas utilizadas históricamente como soporte simbólico del sistema colonial y constituyen un testimonio de la silenciada esclavitud en los territorios transatlánticos.

O las sillas de ratán (madera flexible extraída de las palmas) pertenecientes a la sección Materia vegetal, que simbolizan el imaginario del placer exotizado, como aparece en las cubiertas de los vinilos o de las iglesias en la película Emmanuelle, donde ambas aparecen sentados en sillones de ratán, cuya extracción tiene un origen trágico y oscuro que se remonta a la colonización de las Filipinas.

También está el viaje de los motivos de las sedas y mantones de Manila, que, aunque hechos en China, otra ruta de la seda que va del puerto de Manila, pasa por México y llega a España donde se populariza, o las dolas de misas, ya en el siglo XIX, con motivos chinos hechos en Barcelona porque respondían a la tendencia llamada Chinoiserie.

Y una de las piezas preferidas, incluida en la sección Los límites de la materia. Teresa Estapé crea una joya con trinitita (el mineral que tras la primera prueba nuclear) que dialoga con un reloj análogo del 1800. Ambos hablan del tiempo. El reloj, del cotidiano, medido gracias a la exactitud de metales. La joya de trinitita, de un tiempo encapsulado que recuerda la posibilidad de la autoextinción de la humanidad, pues alude al primer test de arma nuclear llamado Trinity 16 d julio de 1945 y a las 2.000 explosiones nucleares posteriores que alteraron la materia terrestre y el aire, y activaron el tiempo sin tierra. Una de esas catástrofes que exigen nuevas explicaciones y una cartografía existencial de lo que somos y que muestra cómo debe repensarse la historia en un contexto de crisis. Como señala Subirós, es fundamental “abrazar” un modelo que permita regenerar el planeta junto con el planeta mismo.