¿Recorrerse el mundo en modo 'low-cost'? La solución es hacer barco-stop

Apúntate esta manera de moverte por mar, a coste cero el trayecto
 

Noelia Ferreiro
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Enrolarse en un mastodóntico buque para llegar a los lugares más remotos del globo y vivir apasionantes aventuras. O tal vez elegir mejor un idílico velero para dejarse llevar por los vientos alisios y recalar en islas exóticas. Quién no ha soñado con viajar a través del océano, con surcar los mares y empaparse del romanticismo de la navegación.

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Un sueño que, muchos no saben, está al alcance de cualquiera. Porque desde hace ya tiempo que se está fomentando una nueva –y económica- práctica para moverse por el planeta. Apunta esta modalidad de desplazamiento original, divertida y, lo más importante, con coste cero de trayecto: lo último en viajes low-cost es hacer barco-stop. Sí, como lo oyes, aquello de levantar el dedo para obtener un trayecto gratis, pero esta vez con carácter náutico y al precio de desempeñar ciertas labores a bordo.

¿En qué consiste?

El barco-stop es similar a su homólogo de tierra firme, sólo que el interesado, lógicamente, en lugar de hallarse a la deriva en medio del océano esperando a un alma caritativa con el pulgar hacia arriba, acude a otros medios más sólidos y, tal vez, más organizados. El más común es recorrer diversos puertos hasta dar con aquel capitán que decida aceptarlo en su tripulación sin el previo paso por caja.

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A cambio, el nuevo tripulante tendrá que estar dispuesto a realizar ciertos trabajos en el barco en cuestión. Trabajos que pueden pasar por levar anclas o izar velas o por una larga y variopinta lista de funciones a bordo.  

Fregar platos o pelar patatas

Estas condiciones han de negociarse antes de emprender la travesía. Es lo que el barcostopista está dispuesto a ofrecer en contrapartida a un viaje sin cargas o, en su defecto, con el único pago del combustible y la manutención. 

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¿Fregar platos? ¿Pelar patatas? Más allá de la cocina y el mantenimiento, algunas compañías navieras buscan asistentes de chef, sumilleres, barmans... pero también masajistas, doctores, dentistas e incluso en los cruceros de placer, magos, malabaristas, cantantes, payasos, croupiers... y toda suerte de animadores de fiesta.

Mejor si se hablan idiomas

Claro, porque a veces basta el dominio de alguna lengua (cuanto más extraña mejor) para ganarse un hueco en el pasaje. Hay casos en los que se requiere de traductores al llegar al puerto de destino. Puestos a imaginar, japonés para la isla de Yakushima, árabe para el archipiélago de Socotra o, más asequible quizás, la lengua de Víctor Hugo para la exótica Polinesia Francesa.

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Pero ni que decir tiene que si el candidato tiene experiencia en navegación, esto supone siempre un plus para esta tendencia viajera en la que el mapa se amplía de pronto con inesperadas aventuras. Cuentan, por cierto, los expertos que la mejor temporada es ésta que se aproxima: los meses de octubre, noviembre y diciembre, cuando centenares de barcos facilitan el cruce del Atlántico con tripulaciones gratis.