Viajar con la famosa por Jesús Torbado

Resultan estupendos, sí, los anuncios de viajes con famosa. Útiles, pedagógicos, higiénicos. En el fondo, no viajamos ya con otro equipaje que el ansia de sentirnos a su lado, en su mismo "paquete", a su mismo nivel.

Jesús Torbado
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Foto: Revista viajar

El espécimen famosa/famoso, que todo el mundo viene sufriendo desde hace años gracias sobre todo al veneno de las distintas cadenas de televisión, es uno de los más consistentes de la sociedad española contemporánea. Sirve lo mismo para un roto que para un descosido. Más aún: hay tantos rotos y tantos descosidos que es grande la necesidad de famosos y famosas, como dirían Ibarreche y la progresía circulante, hasta el punto de que hay que acudir a buscarlos a las tiendas de todo a cien. Son imprescindibles sus risueños caretos para abrir un bar de abstemios, para lanzar marca nueva de cordero asado, para promocionar al joven gurú de horóscopos o unos calcetines de colágeno.

Como esta gente de alquiler no podía faltar en el mundillo de las vacaciones multitudinarias, páginas enteras de los diarios aparecen presididas por la sonrisa un poco atontada de figurines y figurinas de la televisión, más bien del género femenino. Suelen exhibirse con gestos estrambóticos, con disfraces tan demagógicos como los de Fernández de la Vega y su troupe de Maputo o como los del kukuxclán de la boina en un lugar hospitalario de "Euskadi norte ". Miran con empeño, sonríen, apuntan con el dedo y proclaman lo maravilloso que son los periplos de las empresas que pagan su retrato.

En otro tiempo, y aún nos quedan coletazos, los grandes touroperadores invitaban gratis total a gente de la farándula y de la pancarta para promocionar destinos nuevos: Mauricio, Jamaica, Bora Bora, Margarita... Incluso les pagaban por el mismo viaje y les añadían cortejo de fotógrafos del ramo, que luego publicaban la gloriosa experiencia en publicaciones coloristas ajenas a los propios viajes. Si proliferó tanto esa práctica, sería porque mucha gente meditaba del modo adecuado: "Si la cuñada de Pe ha ido de vacaciones a las playas de Ujung Pandang, es que son maravillosas. Allá me voy yo también ". De hecho, así nació el notable éxito -merecido, al margen de este sistema- de Cancún, de Bali, de las Bahamas o de las Islas Seychelles. La publicidad tiene una finalidad y en este territorio la ha cumplido con mucha eficacia.

Desde tal punto de vista es razonable pensar que esos esparavanes estereotipados, ya cercanos a una relampagueante esquizofrenia, de actrices, presentadoras o lo que sean, famosas más o menos, pero así consideradas y pagadas siempre, las que nos miran arrebatadas desde el papel impreso, incluso desde la invasora televisión para empujarnos a ser felices a saber dónde, que gestos tan voluptuosos o cutres resultan eficaces para la venta del producto vacacional. Dicho queda: de vacaciones, que no de viajes, pues son actividades distintas.

No extrañaría, sin embargo, que un viajero auténtico deduzca quizá conclusiones opuestas. Del tipo: "Si la Adánez, la Mar Saura, el Ramonchu, la pareja Amaral, la Rosa de Graná o la Duval frecuentan tal lugar, ni borrachos van a encontrarme a mí a menos de cien millas de distancia ". Pero debe de tratarse sólo de gente minoritaria y muy negativa, ciertamente, pues posibilidad tan atractiva y sublime como tropezar en un centro comercial con fulanita o con fulanito, ver cómo el camarero que nos desprecia se desmaya ante sus mesas o ser desalojado por un democrático guardia de nuestra parcela de arena para cedérsela a un personaje de postín no se ofrece todos los días. ¿Que quién es: futbolista, cantante, concejal de escándalo, granhermano , ladrón de bancos, inventor de horóscopos, actor de un popular culebrón? Como su rostro suena, eso supone ciertos privilegios. Más la ventaja del turista de sentirse bien posicionado para contar luego a las amistades: "Pues donde estuve de vacaciones este verano me encontré cinco veces, cinco, con Aída en persona, en carne y hueso, como lo oyes, y con un empresario a su lado que no recuerdo cómo se llama, pero que lo vi en la tele... Y me dijeron además que la misma Telma y el torero Ostos andaban por allí cerca, fíjate ".

Son estupendos, sí, los multicolores anuncios de viajes con famosa. Útiles, pedagógicos, higiénicos. En el fondo, no viajamos ya con otro equipaje que el ansia de sentirnos a su lado, en su mismo paquete , a su mismo nivel. Es posible incluso que el actual y asombroso éxito de los cruceros se deba a que esa oportunidad mágica se multiplique por sí misma: ¡Doce días encerrados en el mismo recinto que Terelu, Kiko y Larrañaga, qué delicia! ¡Venga con nosotros!