Tirso vive en un pueblo del Pirineo sin cobertura ni servicios y a una hora del médico: "Es peor la soledad de las ciudades que la de los pueblos"
Tirso se instaló definitivamente en un pequeño pueblo del Pirineo aragonés tras jubilarse. Allí defiende una idea que rompe muchos tópicos sobre la España rural.

Tirso encontró la tranquilidad donde otros ven aislamiento / Wikimedia Commons
Cuando la mayoría de la gente piensa en jubilarse, suele imaginar una ciudad con todos los servicios cerca, pero Tirso hizo exactamente lo contrario. Decidió instalarse durante todo el año en Nocito, un pequeño pueblo del Pirineo aragonés donde no hay cobertura telefónica, apenas quedan vecinos y el centro de salud más cercano se encuentra a una hora en coche. Y que nadie piense que ese aislamiento es un problema para él.
A sus 74 años, asegura a la reportera de Comando Actualidad que no cambiaría esa vida por ninguna otra. Cada vez que baja a Huesca para hacer alguna gestión, cuenta los minutos para regresar a su casa en la montaña donde ha encontrado una tranquilidad que, según asegura, jamás podría disfrutar en una ciudad.

Sara Fernández García
Tirso no nació en este pequeño pueblo, pero hace tiempo decidió convertirlo en su hogar permanente. Es normal al llegar por primera vez preguntarle lo mismo: cómo es posible vivir allí durante todo el año, lejos de casi todo y con servicios muy limitados. Él responde con naturalidad. "Vivir solo en un pueblo parece que sea algo extraordinario, cuando tendría que ser lo más normal".
Su forma de entender el mundo choca con la idea general de que el bienestar siempre está asociado a las grandes ciudades. Para Tirso es exactamente al contrario. El silencio, el paisaje y el ritmo del Pirineo pesan mucho más que cualquier comodidad urbana. Es más, cuenta que, cuando necesita desplazarse a Huesca paran realizar algún trámite, la sensación no cambia. "No puedo vivir en la ciudad. Yo cada vez que bajo a Huesca por algún asunto, no estoy pensando más que marcharme enseguida al pueblo", confiesa ahora que ha descubierto que su lugar está entre montañas y que no necesita mucho más para sentirse plenamente satisfecho.
"Hay veces que hasta me duele la soledad de las ciudades"

Para él, lo verdaderamente duro es la soledad de las ciudades / Wikimedia Commons
A la pregunta de si no echa de menos vivir rodeado de más gente, pues es el único habitante del pueblo, su respuesta rompe uno de los tópicos más repetidos sobre la España vaciada. "¿Sabe usted las soledades que se encuentran muchas veces en las ciudades grandes? Te quedas impresionado", afirma.
Para él, el problema nunca ha sido la falta de vecinos. Lo verdaderamente duro es la soledad que puede experimentarse incluso rodeado de miles de personas: "Hay veces que a mí hasta me duele esa soledad, mucho más que las que piensan que tenemos en estos pueblos". Muchos imaginan estos pueblos como lugares aislados y tristes, pero él sostiene que el aislamiento emocional puede ser mucho mayor en una gran ciudad, donde el ritmo de vida y el anonimato dificultan las relaciones personales.

Tirso es consciente de las dificultades que atraviesan y del progresivo envejecimiento de muchas zonas rurales / Wikimedia Commons
El lujo de ver salir el sol
Hay una imagen que resume perfectamente su manera de entender la felicidad: "Si aquí mucha gente no sabe la suerte que es, por ejemplo, ver salir el sol por la mañana o que se te inunde toda la casa de luz cuando viene un día como hoy".
Tirso habla simplemente de abrir la ventana y contemplar cómo amanece sobre las montañas del Pirineo y está convencido de que esa relación con la naturaleza debería enseñarse desde pequeños. "Estas cosas ya se tienen que empezar a educar a los críos en la escuela. Es una forma de demostrar que se puede vivir en muchos sitios".
Aun así, no idealiza la realidad de estos pueblos. Es consciente de las dificultades que atraviesan y del progresivo envejecimiento de muchas zonas rurales. Por eso también lanza una reflexión: "La España vaciada ya se ha quedado tan vaciada que ya no tiene nada". Pese a todo, celebra que cada vez existan más personas preocupadas por esa realidad y considera que cualquier esfuerzo para mantener vivos estos pueblos merece la pena.
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