Vacaciones por un mundo mejor

Colaborar en la construcción de una escuela en Cuba o impartir cursos de orientación laboral a indígenas son algunas de las alternativas que ofrece el llamado turismo responsable.

Laura Ordoñez

Según la Organización Mundial del Turismo (OMT), el número de llegadas de turistas internacionales registradas en todo el mundo superó los 800 millones en 2005, lo que representó unos ingresos de 620 millones de dólares. Este movimiento de personas representa la primera industria del planeta (12 por ciento del PIB mundial), generando una ilusión de riqueza que nos hace pensar en un mundo mucho mejor. La pregunta que se plantea es: "¿Mejor para quién?".
En este contexto, surgen conceptos como turismo solidario, turismo responsable o turismo justo, que promueven esta industria como herramienta de desarrollo que beneficie a la población de los destinos en los que se lleva a cabo y que impulse un comportamiento ético de las empresas turísticas que invierten en estos países.

Si echamos un vistazo a la distribución de la riqueza mundial, descubriremos que el 80 por ciento de los pobres del mundo reside en 12 países y en 11 de ellos la actividad tu rística es su principal fuente de riqueza. Este dato refleja el problema de la vinculación que existe actualmente entre turismo y desarrollo.

Proyectos sociales
Durante los últimos años, el turismo solidario ha cobrado fuerza en España gracias a que ha surgido una nueva necesidad social de "hacer algo más por los demás" y al auge de las ONG que sensibilizan a la ciudadanía en este sentido. En España, la demanda potencial de turismo responsable emi sor hacia el extranjero podría situarse en estos momentos entre 160.000 y 260.000 de los viajes turísticos al extranjero, con un potencial de facturación en torno a los 110 ó 115 millones de €.

Una de las ONG con más experiencia en esta clase de viajes es la Fundación Vicente Ferrer (FVF), que desde hace más de 35 años trabaja para concienciar acerca de la realidad de la comunidad dálit (perteneciente a la casta de los intocables), la más excluida de la sociedad india, que es mayo ritaria en el distrito de Anantapur (al sur del país).

Según comenta Esther Paz, del Departamento de Comunicación de la FVF, "el año pasado se realizaron 23 viajes en los que participaron alrededor de 700 personas, a las que hay que sumar las más de 500 que viajaron de forma particular, pero que también fueron acogidas en nuestro campus de Anantapur". Paz destaca que "para la FVF, estos viajes tienen un componente muy importante de concienciación acerca de la comunidad dálit, ya que muchas de las personas que visitan el programa de la Fundación en Anantapur se convierten a su regreso en agentes sensibilizadores de esta realidad".

En el campus de Anantapur los viajeros solidarios visitan diferentes proyectos desarrollados por FVF, como hospitales, escuelas o centros de niños discapacitados, ya que la visita al niño apadrinado se realiza el último día de estancia. Son numerosas las alternativas que estas ONG ofrecen a aquellos que quieran aprovechar sus vacaciones ayudando a los demás: desde pintar escuelas en Cuba o impartir cursos de orientación laboral a mujeres indígenas hasta organizar escuelas de fútbol para jóvenes o explicar la necesidad de vacunarse contra el dengue a poblaciones de riesgo.

Algunas de estas propuestas se ofrecen en la ONG Solidaridad Internacional, cuya responsable de Comunicación, María Sande, explica que "este año, cerca de 170 voluntarios participarán en julio, agosto u octubre en nuestro programa Vacaciones Solidarias en Honduras, Haití, República Dominicana, Ecuador, Cuba, Perú, Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Senegal y Tindouf (campamentos de refugiados saharauis)".

Diálogo constructivo
La convivencia con las comunidades de los destinos es una parte fundamental del programa Vacaciones Solidarias, ya que muchas veces los viajeros llegan a compartir la vivienda con las familias de las aldeas o pueblos donde aportan su ayuda, participando de sus labores cotidianas, como tejer sombreros o cocinar tortas de maíz.

Arancha Moreno, una abogada de 30 años residente en Madrid, probó esta experiencia en el verano de 2003 en una mancomunidad de aldeas en Honduras, donde participó en la alfabetización en escuelas, promoviendo entre los niños la importancia de la ingesta de frutas y verduras. Arancha lo tiene claro: "Yo sólo di mi tiempo y recibí mucho más". Y este convencimiento la ha llevado a repetir este año, esta vez en la zona de Pedernales (en la frontera entre Haití y la República Dominicana), donde permanecerá durante agosto junto con otros once voluntarios de Solidaridad Internacional.

Arancha encaja en el perfil medio de esta clase de viajeros, ya que en un 80 por ciento de los casos son mujeres con edades que oscilan entre 25 y 40 años, aunque también hay menores de 25 y mayores de 40, sobre todo prejubilados.
Entablar un diálogo constructivo con los protagonistas de la actividad turística para conseguir que el turismo sea una herramienta de desarrollo para los pueblos es el objetivo de Turismo Justo, una orga nización sin ánimo de lucro que ha comenzado su andadura el pasado mes de marzo, "buscando la complicidad de las empresas del sector para que apoyen los proyectos", como explica su presidente, Carles Tudurí.

Turismo Justo no ha perdido el tiempo desde su fundación, ya que han mantenido conversaciones con diferentes ONG de Nicaragua, Honduras y Argentina para realizar proyectos de desarrollo turístico, han puesto en marcha una newsletter que cuenta con más de 500 suscriptores y en julio organizarán, junto a la Universidad de las Islas Baleares, el curso Turismo y Tercer Mundo: cooperación y desarrollo.

Reunión informativa
Una de las dificultades con las que se encuentran muchas de estas ONG es la escasa ayuda que facilita el sector privado. Federica Carraro, directora de Sodepaz, organización que lleva desde 1994 trabajando en el turismo responsable, indica que "se ha notado cierta sensibilidad por parte de algunas empresas, aunque aún no hemos conseguido acuerdos estables y además nunca logramos tener el listado definitivo de las compañías colaboradoras hasta el mes de junio, y sin esta información las agencias de viajes no pueden realizar reservas con antelación y, por tanto, garantizar precios más asequibles".

Las ONG que organizan estas peculiares vacaciones se encargan de impartir la formación adecuada antes de iniciar el viaje, de facilitar el acceso a sus proyectos de desarrollo en los destinos elegidos y, en la mayoría de los casos, cubren los gastos de alojamiento y manutención. Los viajeros asumen los costes del billete de avión y cualquier otro desembolso generado durante el viaje. A la vuelta, suelen organizarse reuniones para compartir las experiencias vividas entre los diferentes miembros de una misma ONG.

Carraro afirma que "el número de participantes en estos viajes aumenta cada año cerca de un 15 por ciento. Cerca de 100 personas viajaron con Sodepaz el año pasado y los destinos más atendidos fueron México, Cuba, Brasil y Perú".
El turismo solidario se define, según palabras del secretario general de la OMT, Francesco Frangialli, como aquel en donde "el visitante no se preocupa sólo por tener un momento placentero sino que toma en cuenta el hábitat en el que se encuentra y procura su conservación", además de tener claro que los recursos que aporte llegan directamente a los administradores de esos sitios, los mismos pobladores. Esta clase de turismo tiene sus antecedentes en el llamado turismo integrado, que surgió en los años 60 y 70 a raíz de las experiencias del francés Cristian Saglio en Senegal. Llevando sus competencias al servicio de las poblaciones locales, Saglio les ayudó a crear un dispositivo de acogida, conforme a sus tradiciones locales, cuyos beneficios se encontraban gestionados por un sistema bancario local, del que se aprovechaba toda la población.

Apoyo globalizado
La OMT, con el Programa STEP y el Código Ético Mundial, y la Red Latinoamericana de Turismo Comunitario (Redturs) son los organismos internacionales que más están potenciando el desarrollo del turismo solidario, una práctica que cuenta con unas interesantes experiencias en países como Francia, Italia, Reino Unido y Suráfrica.

"Tus vacaciones pueden cambiar el destino de tus destinos favoritos", reza el eslogan de la ONG británica The Travel Foundation, que promueve el turismo como motor económico que beneficie no sólo a las empresas que lo comercializan sino también a los destinos que acogen esta actividad.

En este mismo contexto trabaja la organización sin ánimo de lucro francesa Echo Way, que abandera el turismo responsable promoviendo numerosos proyectos locales en el Amazonas boliviano o con las tribus aborígenes en el sur de Australia.

En Italia, 15.000 personas abandonan cada año su país para ayudar durante unas semanas a las comunidades más desfavorecidas del planeta en programas especiales de turismo solidario que están coordinados por más de 50 organizaciones italianas.

La Asociación Hombres y Medioambiente de Marruecos es una ONG que promueve los viajes de turismo solidario hacia su país para Echointentar acabar con el fenómeno de la emigración. Desde esta organización explican que "si los vecinos españoles vienen a hacer turismo solidario a Marruecos, la situación mejoraría en nuestro país, lo que podría convencer a muchos compatriotas para que renunciasen a la emigración".

En una sociedad cada vez más globalizada, el turismo responsable se ha extendido por todo el planeta para impulsar una forma mucho más respetuosa de viajar e intentar hacer de este mundo un lugar un poco mejor porque, como dice Gabriel García Márquez, no tenemos otro mundo al que podernos mudar.