Un viaje en el tiempo y a través del mundo sin salir de Mallorca

Si el relato de la novela "Cloud Atlas", escrita por David Mitchell, recorre gran parte de este planeta, para rodar los exteriores de la película homónima ("El atlas de las nubes"), dirigida por Tom Tykwer y los hermanos Wachowski, han sido suficientes los paisajes de Mallorca, que ha puesto al servicio del celuloide su mar, cielo y tierra.

B. Iznájar

Desde la costa noroeste mallorquina, en septiembre de 2011 el galeón del siglo XVIII Earl of Pembroke surcaba aguas mediterráneas en una metafórica singladura por el Pacífico. Con su velamen desplegado, a bordo navegaba una tripulación de técnicos de cine, focos y cámaras. Refugiados en los camarotes, un notario enfermo y el médico que lo asiste veían alejarse, a través de los ojos de buey, el puerto de Sóller, una preciosa localidad extendida sobre el lecho de un valle bordado de naranjos y vetustos olivos, al regazo de la Sierra de Tramuntana, desde cuyo territorio se hinca en el cielo el Puig Major. Allí, en el punto más alto del archipiélago balear, destino de apasionados senderistas, los ojos de Tom Hanks miran hacia Ses Bolles, el icónico radar militar que la película convierte en una post-apocalíptica flor de pétalos metálicos.

Ladera abajo circula raudo el Torrent de Pareis en busca de su desembocadura, que la encuentra en la emblemática cala de Sa Calobra, tan acostumbrada a ser el escenario de conciertos de verano y ahora convertida en plató natural para que el actor Jim Sturges interprete ahora a un encopetado notario, mientras que mar adentro, entre tormentas de ficción, continúa bogando el Earl of Pembroke en su papel de cicerone de este monumento natural rodeado de acantilados. Más al norte de la isla mallorquina, el paisaje de bosque mediterráneo que habita en el cabo Formentor recrea horizontes polinesios y campos esclavistas del Estado de Virginia en el siglo XIX.

Ciudades y pueblos de escocia, compañeros de rodaje

Mientras que en Mallorca grababa un equipo de producción, simultáneamente otro hacía lo propio en Escocia. Por sus características urbanas, la ciudad de Glasgow reúne todos los requisitos para emular las calles empinadas de San Francisco, ciudad protagonista en la película. En el estilizado puente de Clackmannanshire, que atraviesa el estuario Firt of Forth en su desembocadura hacia el Mar del Norte, desde un helicóptero se rueda la acción de una persecución automovilística. La actriz Halle Berry se ve envuelta en un tiroteo en las calles Revere Avenue y Kirkwood, entre rancios modelos de coches americanos de los años 70. En la capital de Escocia, Edimburgo, la cámara se fija en la impresionante fachada de su City Chambers, un conjunto de edificios en cuyo patio se levanta una estatua de Alejandro Magno, muy cerca de la calle más turística, Royal Mile. En esta misma ciudad, la película se detiene también en territorios de Princes Street Gardens y su monumento gótico victoriano al escritor Walter Scott.