Un inglés nada excéntrico, por Jesús Torbado

Michael Jacobs, fallecido en enero, entroncó con la estirpe inglesa de los apasionados por España.

Jesús Torbado
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Foto: Raquel Aparicio

Le decían en el pueblo de Jaén -y a él le parecía estupendo- que era el inglés que mejor bailaba la tarantela. Yo sé de primera mano que era un gran conversador, excelente bebedor de vino, incluso del malo, y supremo devorador de morcillas. Estoy seguro de que también Javier Reverte lo sabía, porque anduvo con él más tarde. Pero el amigo Michael Jacobs murió a mediados del mes de enero y por encima de Despeñaperros parece que nadie se ha enterado. Había regresado a Frailes para despedirse del pueblo y de sus gentes, un amigo millonario le apañó un avión privado para devolverlo a su casa de Londres y allí un cáncer total acabó llevándoselo para siempre en muy pocos días, a los 62 años de edad.

Sí, en varios sitios se ha leído que el autor de La fábrica de la luz, su última obra, era un inglés excéntrico, pero nada de eso. Jacobs era un hombre muy vital que en el año 1999 se enamoró de un pequeño pueblo de la Sierra Sur de Jaén y decidió pasar la mayor parte de su tiempo en aquel lugar. Protagonista de su espléndido libro, antítesis de tópicos y estereotipos de tantos viajeros extranjeros que han escrito sobre nuestro país.

Hijo de madre italiana y de padre medio irlandés, había nacido en Génova (la tarantela napolitana le quedaba lejos), se convirtió en viajero trotamundos y entroncó en la estirpe inglesa de los apasionados por España. "Es el curioso impertinente más gracioso, mágico y profundo de hoy en día", escribió otro irlandés tal cual, Ian Gibson. Y el historiador Paul Preston, de parecida cuerda, asegura que "tiene una capacidad envidiable para captar el lado más estrafalario y estrambótico de la gente". Y que encontró en su libro una especie de Macondo español, aunque personalmente creo que en este detalle se equivoca el profesor.

Evidentemente, Jacobs es pariente muy próximo de Gerald Brenan, pero con mucho mejor humor y menos estiramiento intelectual, y de George Borrow. Y hermano fraterno de Chris Stewart, el simpático y valeroso autor de Entre limones, que asombró a media Europa -más de un millón de ejemplares vendidos- (aunque llegó seis años tarde a España) con su libro sobre las Alpujarras.

Resulta curiosa la cantidad de viajeros ingleses que se internaron en España. Particularmente en Andalucía, para descubrir y describir a sus gentes y su verdadero carácter. Aquí no se les ha hecho mucho caso ni se les ha prestado gran atención, ni siquiera a Richard Ford, de cuyos libros, que han cumplido siglo y medio, decía Azorín: "No se ha escrito en el extranjero un libro más minucioso, más exacto, más sagaz, más analizador sobre España: pero tampoco más acre, más tremendo... No protestemos. El verdadero patriotismo debe desear estos libros".

También los de Stewart y Jacobs desde luego. Michael retrata con entusiasmo, benevolencia y amor no solo su pueblo jiennense de adopción sino a un grupo de personajes inolvidables y también su "arcaica hospitalidad", como quiso definirla en El País un pretencioso y europeo Cees Nooteboom, el escritor holandés propuesto para el Premio Nobel, que teniendo casa en la isla de Menorca también se mezcló en Frailes con nuestra compañía. Tal vez el más sólido de aquellos personajes era Manolo El Sereno, que, entre otras cosas, ideó la almazara más pequeña del mundo, con el motor de una lavadora vieja y un barril de cerveza. Hasta estas últimas Navidades me mandaba cada año una botellica de su aceite picual inabarcable, artesanía total, apellidado Serenoliva. Él se fue hace un año, con 88 cumplidos.

Reabrir después de treinta años de ruina el Cinema España, con invitación a la gran ceremonia a Sara Montiel, de la que El Sereno estaba enamorado desde aquel tiempo, y cuya película El último cuplé había inaugurado en junio de 1949 la sala, estreno absoluto en toda Andalucía, fue otro de los empeños asombrosos de Michael Jacobs.

Pero antes de ellos, el autor inglés había vivido y viajado mucho. Sobre España había escrito, por ejemplo, Andalucía: Between Hopes and Memories, De la Alhambra a Tombuctú, con otros relatos importantes sobre Bolivia y Chile.