Un bar en las nubes, por Mariano López

El bar del A380 es el espacio más evocador de este superavión, que conecta con una época de glamour.

Mariano López
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Foto: Jaime Martínez

De todos los lujos que han afamado el vuelo en la primera clase y la clase de negocios delgigantesco A380 de Emirates -suites privadas, Spa, limusinas para los traslados...-, entiendo que ninguno resulta tan llamativo y tentador como el bar. Es, además, el espacio más evocador, una puerta en el tiempo que conecta con la época en que los aviones, y los viajeros, volaban envueltos en una nube de glamour. La presencia en el piso superior del A380 de un auténtico bar que parece trasplantado de un pub británico, con una barra circular a cuyo alrededor es posible permanecer de pie, si el vuelo no lo impide, charlando con la tripulación o con los amigos, con mesas y asientos alrededor de la barra, frente a una pantalla gigante de televisión que puede emitir partidos de fútbol en directo de dos ligas europeas, evoca con precisión los años del nacimiento de la jet set, los primeros Jumbos ignorantes de la crisis del petróleo, e incluso momentos anteriores, cuando en los aires solo había dos clases: la primera y la que era mucho mejor que la primera.

El bar de Emirates ha inspirado sus líneas y su estilo en un gran símbolo del glamour: el bar de la Pan Am, la mayor y mejor aerolínea de Estados Unidos desde su fundación en 1927 hasta su bancarrota en 1991. La Pan Am, abreviatura de Pan American World Airways, revolucionó la historia de la aviación. Fue pionera en los vuelos transatlánticos de pasajeros, en el servicio y los sistemas de entretenimiento de a bordo, en los vuelos con el B747, el Jumbo, y, en sus últimos años, en el uso de sistemas de reserva por ordenador. Sus primeros aviones transoceánicos, entre Nueva York y Londres, competían con los cruceros y los barcos de transporte que ofrecían primera clase, comida y atenciones exclusivas. La aerolínea bautizó, entonces, a sus aviones con el nombre de los barcos más fastuosos de la historia de la navegación, los clipper, protagonistas de la era del vapor; cambió la uniformidad de la tripulación: los pilotos abandonaron sus chaquetas de cuero y las mochilas militares y pasaron a vestirse como si fueran altos mandos de la Marina, al igual que el resto de la tripulación, con estrellas o bordados que acreditaban su rango prendidos en uniformes de un azul intenso que recordaban los colores y el estilo empleado en los ferrocarriles del Orient Express; mejoró los asientos individuales, creó salones comedor en el interior del avión, donde se servía la cena en platos de cerámica china con raciones generosas de caviar malossol, foie de Estrasburgo, langosta de Boston, salmón de Noruega y gambas de Nueva Zelanda. Con los cambios, la Pan Am ganó la partida. Los aviones empezaron a ser vistos como un lugar privilegiado, el más excelso ámbito del lujo y del glamour.

El bar más característico de la Pan Am fue el que situó en el piso superior de los B747, losJumbos, gigantes de los cielos, ahora empequeñecidos por la llegada del A380. La cubierta superior se situaba sobre la primera clase. Solo ocupaba una parte junto al morro del avión, al que le proporcionaba la característica personalidad de su figura delantera. Una escalera de caracol conectaba el piso inferior, de la primera clase, y el piso superior, donde la Pan Am instaló el bar, un piano, un área social y un bufé de comida permanente habilitado, siempre listo para que los pasajeros pudieran servirse y regresar a su sitio, junto al bar o a su plaza en la cubierta inferior. La idea respondía, también, a un intento por evitar la monotonía del vuelo y combatir el miedo a volar. Si se presentaba un caso de tensión, la tripulación tenía unas precisas instrucciones: había que alimentar, primero, al pasajero; luego, darle conversación y, finalmente, y en todo momento, era muy importante apartarle de las comidas y bebidas que se juzgaban más perjudiciales para la ansiedad, en particular el vino tinto y el queso.

La crisis del petróleo a mediados de la década de los 70 acabó con la generosidad de las compañías aéreas que, como la Pan Am, se permitían disponer de un espacio libre en sus aviones, un área de recreo social. Adiós a los bares, al bufé y, por supuesto, al piano. Hasta hoy, cuandoha sido recuperado por Emirates. Fueron los precios del petróleo los que se llevaron por delante el espacio más civilizado de los aviones, así que parece justo que haya vuelto de la mano de sus beneficios. De momento, el nuevo bar es un servicio exclusivo para las clases primera y business, pero estoy convencido de que su uso se extenderá a la clase turista. Airbus acaba de entregar su A380 número 100 a Malaysia Airlines. El gigante ya vuela con nueve compañías aéreas y la previsión, para las próximas dos décadas, es que el número de superaviones se acerque hasta los dos mil. Quizá para entonces, para el año 2030, volar en un avión con un bar a bordo resulte una rutina. Pero nunca, jamás, dejará de tener importancia. Los bares, sostenía el escritor irlandés James Joyce, son uno de los inventos más preciados y exquisitos de la humanidad. Ya nos acompañan en los trenes, los barcos, los aeropuertos y las estaciones. Ahora acaba de abrir al público en las alturas. Pedazo de invento, diría el protagonista de P. Tinto, que contemos, de nuevo, con un bar entre las nubes.