Tras la huellas de Camus, por Mariano López

Reverte ha escrito un libro que rezuma pasión por los viajes y por la obra del Nobel que dijo: "''Yo me rebelo, luego somos''.

Mariano López
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Foto: Victoria Iglesias

Camus fue uno de los escritores del siglo XX que más me emocionó y yo creo que le debía un pequeño homenaje. Así que un día de invierno, cuando iban a cumplirse los cien años de su nacimiento, decidí buscar sus huellas en Orán y en Argel, las ciudades en donde situó las tres grandes obras de las que, fundamentalmente, habla este libro: El extranjero, La peste y El primer hombre. Con estas palabras comienza el nuevo libro de Javier Reverte, El hombre de las dos patrias, que narra los viajes del autor en Argelia tras las huellas de Albert Camus, el escritor más joven en obtener el Premio Nobel de Literatura después de Rudyard Kipling. Nieto de una española, Camus fue un pied noir -argelino de origen europeo- que perdió a su padre en la guerra, pero tuvo la fortuna de encontrar un segundo padre en el colegio del barrio pobre de Argel donde se crió: un profesor que le imbuyó el amor a la libertad y a la literatura, un amor que engendró en Camus varias obras maestras. Movido por la emoción que le produjeron esas obras, Reverte ha recorrido los barrios de Camus en Orán y en Argel, ha indagado en la vida del Nobel, en la Argelia de Camus y en la Argelia actual, y en su huella española, y ha escrito un libro intenso y apasionado, una de sus mejores obras, creo, un relato que rezuma emociones, pasión por los viajes y por la obra del Nobel que dijo: "Yo me rebelo, luego somos".

El hombre de las dos patrias arranca en el ferri a Orán, la "magnífica, fecunda y brutal Orán", como la describió Camus. Reverte es el único europeo que viaja en el ferri y uno de los pocos, si no el único, que pasea luego por los barrios de la ciudad más noctámbula y jaranera del país. Una ciudad que fue española y turca y berberisca, y de todos los pueblos que han cruzado el Mediterráneo, y que hoy conserva, entre destartaladas y decrépitas construcciones, un alma que huele a Andalucía y a Levante, y hasta una antigua plaza de toros reconvertida en campo de fútbol con taquillas de Sol y de Sombra.

Javier Reverte recorre las plazas, los mercados, la judería, los pubs donde suena el rai, la música de la libertad. Y hace suyas las palabras de Camus: "Esta ciudad, sin nada pintoresco, sin vegetación y sin alma, acaba por servir de reposo y, al fin, se adormece uno en ella. Pero es justo añadir que ha sido injertada en un paisaje sin igual, en medio de una meseta desnuda, rodeada de colinas luminosas, ante una bahía de trazo perfecto".

Con la ayuda de Houari, su improvisado guía, -"un alma ingenua, bondadosa y confiada, con cara de asesino a sueldo"-, Reverte toma el tren, en segunda clase, a Argel y continúa su búsqueda de los lugares y las claves de las majestuosas obras del pied noir Camus. Y en esa búsqueda, el libro va tejiendo brillantes relatos de la historia pasada -el cautiverio de Cervantes-y de la reciente: la organización del ejército secreto, el golpe de Estado contra De Gaulle, la década negra, el conflicto en torno al Islam y en el seno del propio Islam.

"Una novela -escribió Camus- no es más que una filosofía puesta en imágenes". El hombre de las dos patrias es una filosofía. Un libro brillante, sabio, escrito por un amante de las palabras y de los viajes, dispuesto a buscar el rastro de los autores que le han animado a soñar por caminos abiertos a la aventura. En la cercana pero distante Argelia, por las calles de Orán y de Argel, que Reverte recorre como un vecino más, disfrutando de uno de sus lemas: "Siempre me ha gustado -escribe- sentirme extranjero".