Soy trabajador del Museo del Prado y la obra que más impresiona casi nadie la mira: pasó de ser escándalo nacional a languidecer en un depósito
La obra que, a pesar de ser una maravilla en mensaje y técnica, está quedando en el olvido (hasta ahora).

En el Museo del Prado no todo lo que importa cuelga en las salas más famosas. Hay obras que no atraen multitudes, no protagonizan selfies ni aparecen en las guías más famosas de arte en Madrid, pero que condensan una potencia histórica y política difícil de igualar. Algunas, de hecho, pasaron de ocupar el centro del debate público a desaparecer casi por completo de la mirada colectiva. Eso es exactamente lo que ocurre con El año del hambre de Madrid. Una pintura que, en su momento, generó debate, incomodó y fue enormemente popular, pero que con el paso del tiempo quedó relegada a un segundo plano hasta desaparecer casi por completo de la mirada pública.
No es una opinión subjetiva, ni me lo he inventado yo. Es el propio museo quien lo reconoce en el avance de la exposición dedicada a la obra: “Pasó de erigirse como una de las pinturas más populares y controvertidas… a languidecer en un depósito en el que pasa desapercibido entre el público y la historiografía”. Esta frase resume mejor que ninguna otra el recorrido de este lienzo firmado en 1818 por José Aparicio, uno de los pintores oficiales del reinado de Fernando VII.
Una pintura nacida de una crisis real
El año del hambre de Madrid no es una alegoría ni una escena repleta de simbolismo. Se trata de una representación directa de la hambruna que golpeó la capital española tras varios años de malas cosechas, crisis económica y desorden institucional. Y es que Madrid, a comienzos del siglo XIX, era una ciudad tensionada, empobrecida y socialmente fracturada.

Aparicio decide fijar ese momento sin filtros, y es que no hay reyes, ni gestos gloriosos, ni redención visual. En su lugar, se ven cuerpos exhaustos, miradas vacías y una composición que sitúa al espectador frente a la realidad incómoda del hambre como consecuencia política.
Del centro del debate al margen del relato
Durante décadas, el relato del arte español del siglo XIX se construyó alrededor de otros ejes. Por un lado, la pintura histórica grandilocuente; por otro lado, el costumbrismo amable; y, por último, la representación oficial del poder. El año del hambre de Madrid no encajaba bien en ninguno de ellos. No es una obra complaciente ni fácilmente clasificable pues documenta el fracaso de un sistema en lugar de celebrarlo. Y eso, incluso hoy, sigue siendo incómodo.

De ahí que el propio Prado admita que la obra terminó “languideciendo” en depósito. No por falta de calidad, sino por falta de encaje en el discurso dominante. Ahora todo tiene sentido, ¿verdad?
El valor de recuperar lo que se dejó de mirar
La decisión del Museo del Prado de volver a contextualizar esta obra tiene un sentido, como todo en esta vida. Y es que forma parte de una revisión más amplia sobre qué historias se han contado y cuáles se han quedado fuera. El año del hambre de Madrid no necesita reinterpretaciones forzadas, simplemente debes mirarlo con atención, nada más. Su fuerza está en haber dicho demasiado pronto algo que nadie quería seguir escuchando. Hoy, cuando vuelve a ocupar un lugar en el relato del museo, lo hace no como curiosidad, sino como recordatorio de que el arte también sirve para señalar aquello que una sociedad preferiría olvidar. Y es que, el arte es subjetivo, o eso dicen, pero estoy segura que nadie se queda indiferente tras mirar con detenimiento esta obra.
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