Tiendas que merecen un viaje

Perfumes de 5.000 euros o zapatos de diseño que superan los 2.000 euros se convierten en el objetivo de estos viajes, en los que museos y catedrales se sustituyen por exquisitas boutiques.

Laura Ordoñez

Ala vuelta de cada viaje nuestras maletas siempre pesan más. Este exceso de carga se corresponde con los souvenirs que hemos adquirido en nuestros destinos de vacaciones porque, aunque sólo sea para quedar bien con la suegra o los compañeros de trabajo, es difícil resistirse a la tentación de adentrarnos en tiendas, mercados, zocos o centros comerciales extranjeros.
Hasta aquí, todo normal. Si el leit motiv de nuestros periplos viajeros no es la curiosidad de descubrir lugares realizay culturas desconocidas sino la adquisición de artículos exclusivos, la cosa cambia. Lo que para muchos podría ser tildado de esnobismo, para otros supone una forma de viajar.
La ropa, los complementos de moda y las joyas representan una de las presas más atractivas para estos cazadores de objetos únicos que en ciudades como Londres, París o Nueva York encuentran auténticos paraísos.
Precisamente en la Gran Manzana encontramos la boutique ideal para las que no quieren escatimar ni un cénti- mo en la puesta en escena de su boda. La firma Francesca Couture (440 Avenue U en Brooklyn. Tel: 718 645 8330) es conocida por sus trajes de novia adornados con lujosos detalles en forma de pedrería.
Un vestido, 248.000 €
Recientemente una de sus creaciones ha sido catalogada como el traje de novia más caro de Estados Unidos y es que el padre de la prometida tuvo que abonar 248.000 euros por este vestido, diseñado por Anthony La Bate.
El traje, realiza y do en seda de organza, llevaba sobrepuesta una falda con ondas en cascada y un corpiño adornado con 1.100 diamantes y 3.000 cristales Swarovski. Si hay un denominador común en los fondos de armario de las mujeres más famosas, sofisticadas y elegantes del mundo, sin duda son los zapatos Manolo Blahnik, auténticas joyas de la alta costura femenina.
Este diseñador canario, afincado en Bath (Inglaterra), puede presumir de vender los zapatos más caros del mundo, y es que pisar con muunos Manolos cuesta entre 500 y 2.500 euros. Madonna asegura que estos zapatos "son un placer que dura más que el sexo", pero la iconoclasta cantante no es la única fiel seguidora de los Manolos: Julia Roberts, Naomi Campbell, Paloma Picasso o Carolina de Mónaco también suspiran por sus tacones de vértigo, sus acabados, su comodidad y sus seductoras hormas. Blahnik ha creado durante tres décadas unos 10.000 pares de zapatos, siguiendo un proceso artesanal en el que él mismo diseña, modela y remata cada una de sus creaciones.
Los zapatos pasan por 50 procesos de producción diferentes, en los que los colores y los diseños se mezclan con materiales tan exquisitos como sedas, tejidos de los siglos XVI y XVII, algodones chinos, linos, terciopelos y brocados. Manolo Blahnik, que tiene por costumbre bautizar cada par de zapatos que diseña, utiliza como fuente de inspiración las creaciones de Visconti y Cocteau, en cine, y las de El Greco, Goya y Velázquez en pintura.
Quienes quieran adquirir un par de Manolos pueden viajar a Londres, donde se encuentra su primera tienda y la única en propiedad, en la Calle Old Church, 49-51, en Kings Road (Tel: 171 352 8622), aunque también se pueden comprar en sus franquicias de Moscú, Roma, Nueva York y Las Vegas, y a partir de octubre en Madrid. El más internacional de nuestros zapateros prevé inaugurar en la céntrica calle Serrano su primera tienda en España, cuyos únicos socios serán el duque de Lugo, Jaime de Marichalar, y Nati Abascal.
Un collar, 4 millones
Si lo que estamos buscando son obras de arte en forma de joyas, Harry Winston (718 Quinta Avenida, Nueva York, tel: 212 245 2000) ofrece espectaculares diseños para bolsillos generosos: tiene un collar de diamantes con un colgante de 80 quilates que alcanza los 4,3 millones de euros.
Los diamantes de Harry Winston llevan deslumbrando a Hollywood muchos años antes de que Marilyn Monroe susurrara "Dímelo, Harry Winston, cuéntamelo todo" en el famoso número musical Diamonds are a girl''s best friend.
Una de las ceremonias en las que sus creaciones lucen al alcance de todos es la entrega de los Oscar, donde estrellas como Nicole Kidman, Halle Berry, Gwyneth Paltrow, Jodie Foster o Liz Taylor han podido comprobar el tacto de estas joyas.
Un perfume, 5.100 €
Si se viaja hasta Nueva York para comprar el vestido de novia más caro de Estados Unidos, ¿por qué no viajar a Omán para conseguir el perfume más caro del mundo? Este preciado líquido sólo se vende en la ciudad de Muscat, en una edición muy limitada que se comercializa en frascos de oro macizo.
Amouage ("Olas de emoción", en árabe) se fabrica a petición de Sayyid Badr al Hamood, del Sultanato de Omán. Esta mezcla de 120 esencias naturales, que incluye aceite de rosas, sándalo, lima, esencia de lirios, incienso de Dhofar y resina del olíbano (árbol enano que sólo crece en Omán), tiene un precio desorbitante: 5.100 euros. Para los más moderados se venden versiones económicas cuyos precios oscilan entre 150 y 400 euros.
Existen otros objetos que, aunque no desprenden el glamour de los anteriores, despiertan un gran interés entre los aficionados a la buena mesa. En Salzburgo (Austria), los bombones Mozart hacen las delicias de los melómanos más golosos.
Los descendientes del creador de esta deliciosa mezcla de chocolate y mazapán trabajan en la pastelería de Joseph Fürst (Plaza Mirabell, 5. Salzburgo), donde se pueden comprar estos bombones a 0,80 euros la pieza. En Legnago (Italia) también han querido honrar con unos dulces de sugerente nombre (pezones de Venus) la memoria de Antonio Salieri, compositor local coetáneo de Mozart al que Milos Forman nos presenta como un ser amargado y envidioso en su película Amadeus.
Los habitantes de Legnago quieren así hacer justicia a la imagen de Salieri, que, además de ocupar durante 46 años el cargo de maestro de la capilla real en Viena, fue maestro de Beethoven, Schubert y del primogénito de Mozart. Para encontrar el mejor té del mundo hay que viajar has- ta China, donde en tan sólo diecisiete provincias producen la mayor variedad mundial de té de gran calidad. Según los diferentes métodos de procesamiento, el té chino puede clasificarse en cuatro categorías (verde, negro, oolong y aromático).
Un paseo por la Calle Maoliandao, en el Distrito de Xuanwu (Beijing), permite atisbar más de 600 tiendas de té en las que se pueden comprar 100 gramos de té oolong de calidad superior por 13,2 euros o la misma cantidad de té verde por 3,3 euros. En Beijing encontramos la Casa de Té Lao She (Qianmen Xi Dajie 3, 3ª planta. Tel: 630 36 830) y la Casa de Té Wufu (Di"anmen Beidajie, 104), la más grande de la ciudad, donde los clientes disfruhain, tan de esta infusión mientras presencian la singular ceremonia del té y la fabricación de teteras artesanales.
En Hong Kong se puede saborear un taza de té en un clásico ambiente cantonés en la Casa de Té Luk Yu (24-26 Stanley, Distrito Central. Tel: 252 35 464) y en el emblemático vestíbulo con columnas del Hotel Península. Según la leyenda china, la historia del té comienza en el año 2737 a.C., cuando el emperador y erudito Shen Nung descansaba junto a un árbol de té silvestre mientras una ligera brisa agitó las ramas, de forma que algunas hojas cayeron en el agua que estaba hirviendo. La infusión resultante le pareció deliciosamente refrescante y reconstituyente.
Hasta el siglo III d.C. la infusión se preparaba como medicina o tónico, pero su popularidad creció durante los siglos IV y V, cuando el té empezó a encontrarse en tabernas, tiendas de vino y posadas. En 1657 el Café Garraway, de Londres, se convirtió en el primer establecimiento público occidental en el que se servía té.
El valor de la historia
La importancia de algunos artículos no sólo se mide por lo que cuestan o el placer que proporcionan sino también por su valor histórico. Se trata de objetos que encierran episodios claves en la historia de la Humanidad, como lo fue en su momento la caída del muro de Berlín en 1989.
Actualmente, en pleno corazón de la capital alemana, en el barrio de Friedrichs- disfruhain, se encuentra la East Side Gallery, la mayor galería de arte al aire libre del mundo, en la que 118 artistas de 21 países expresaron en forma de graffiti sus ideales políticos y poéticos sobre los restos del muro de Berlín. El muro de la vergüenza se convirtió en el doloroso símbolo de la guerra fría y de la opresión comunista cuando se construyó en 1961.
Un complejo sistema de muros, vallas electrificadas y fortificaciones que se extendía a lo largo de 106 kilómetros, en el que cerca de 250 personas murieron asesinadas al intentar escapar.
Volker Pawlowski trabajó como obrero de la construcción en Berlín Occidental durante dos décadas hasta que, tras la caída del muro de Berlín, decidió cambiar de profesión y convertirse en comerciante de bloques de este monumento, hasta el punto de que en Berlín se le conoce como el dueño del Muro. Volker Pawlowski consiguió reunir hasta 300 metros del muro, por los que pagó 4.100 euros en diferentes centros de reciclaje.
En la actualidad, las piezas recuperadas por Pawlowski se venden en tiendas de regalos y souvenirs (Ampelmann Galerie Shop, situada en Hackesche Höfe, patio 5. Tel: 440 48 801) y en hoteles de la zona, donde por 6 euros se puede adquirir el trozo más pequeño.