"Después de mucho tiempo viviendo en Madrid llegó un momento en el que colapsé": Paula Prado (34 años) dejó su vida en la capital para volver a un pequeño pueblo de Córdoba
Tras buscar experiencias en Madrid, Paula Prado regresa a Baena para dedicarse a la agricultura y disfrutar de un ritmo de vida más pausado.

El paisaje lo marcan los cientos de olivos que siembran la campiña cordobesa. / Istock
Hace más de una década que Paula Prado, cordobesa de nacimiento y hostelera de profesión, decidió dar una oportunidad a la capital madrileña. Una década después, “colapsada”, volvía a su pueblo natal para recuperar la tranquilidad y el descanso que no encontró en la ciudad.
“Me fui a la ciudad en busca de experiencias y aventuras nuevas”, explica en el vídeo original de Cuadrilla de la Cola Negra, en YouTube, “cuando vi lo que había allí no me veía a gusto con la vida que tenía en Madrid y pensé que eso no era para mí".

Antigua calle estrecha en Baena / Istock
Hoy Paula vive en un pueblo de 18.000 habitantes, rodeada de los olivos que la acompañaron de niña y vistiendo orgullosa el relevo generacional de una labor que su padre le inculcó de niña: el amor por la agricultura y el trabajo de la tierra.

Martín Álvarez
"Es una cosa que siempre he llevado dentro y el campo era a lo que yo realmente quería dedicarme desde pequeña", aclara.

Vista panorámica de los bosques de pinos en Sierra Morena / Istock / FELIPE RGUEZ
Baena, historia y patrimonio
Elevado sobre una colina dominando el valle del río Guadajoz, así como los accesos entre la Vega del Guadalquivir y las sierras Subbéticas, el pueblo histórico de Baena, en el sureste de la provincia de Córdoba, parte de uno de los datos más sorprendentes de la Península: estar poblado de forma ininterrumpida desde la Prehistoria.
Desde turdetanos e íberos hasta la Reconquista Cristiana, ha sido refugio de asentamientos romanos, bajo el nombre de Colonia Virtus Iulia; más adelante Bayyana, como zona andalusí, en los siglos VIII-XIII; y, finalmente, en la Época Señorial, señorío y ducado. Hoy es pueblo, y superviviente de guerras como la de la Independencia y, con ella, el bandolerismo.

Iglesia de San Francisco en Baena / Istock / t
Así, su cronología es muestra del bagaje patrimonial que sostiene este pueblo blanco, reflejado en cada calle. El Barrio de la Almedina y su fortaleza es buena prueba de ello: el núcleo medieval de la ciudad conserva su trazado musulmán de calles estrechas e intrincadas, un clásico de este “retorcido” estilo. En este contexto dos de sus máximas expresiones son el Castillo de Baena, de origen musulmán, siglo IX, y remodelado en el siglo XV por los Duques de Baena; o la Iglesia de Santa María la Mayor, un templo de estilo gótico-mudéjar declarado Bien de Interés Cultural (BIC).

Castillo de Baena / Wikicommons / JamesNarmer
En este contexto y siguiendo con la arquitectura religiosa y civil, el Convento de San Francisco, declarado BIC, propone un templo barroco perfecto; la Iglesia de San Bartolomé, un estilo manierista y barroco; y la Casa del Monte, el edificio más representativo de la arquitectura civil local.

Convento de San Francisco, Baena / © AYUNTAMIENTO DE BAENA. 2026
Pero lo más impresionante no se encuentra en el propio pueblo.
Lo mejor para el final: lo que no puedes perderte
Conocido como la "Pompeya cordobesa", el Parque Arqueológico de Torreparedones supone uno de los yacimientos íbero-romanos más importantes del sur de Europa, con un foro romano bien conservado, un santuario íbero de la fertilidad, el mercado (macellum), la curia, termas y una necrópolis. Las excavaciones sacaron a la luz además la devoción romana a la Dea Salus (diosa de la salud) y el impacto del santuario de la corteza, donde se realizaban exvotos de piedra.

Parque arqueológico de Torreparedones en Baena, Córdoba / Wikicommons / Edmundo Sáez
Sin embargo, el mayor de sus patrimonios no es tangible, y está declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Hablamos del Toque del Tambor de Baena, asociado a sus turbas de judíos en Semana Santa, y celebrado como la manifestación cultural y ritual más emblemática de la localidad cordobesa.

Campos de olivos sobre el horizonte de Baena / Istock
"Para mí volver al pueblo ha significado tener una vida más tranquila, dedicarme a lo que más me gusta que es la agricultura y sobre todo poder cuidar a mi hijo en un entorno que está en contacto con la naturaleza y a un ritmo de vida mucho más tranquilo", Paula lo tiene claro, el pueblo siempre ha sido su sitio y el campo, su vocación, y cuando se trata de echar raíces uno siempre tiende a volver a los lugares donde las dejó crecer por primera vez.
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