The Mexican Suitcase por Carlos Carnicero

Todo el archivo gráfico que quedó en el estudio parisino de Robert Capa se expone en Nueva York hasta el día 8 de mayo.

Carlos Carnicero
En realidad eran, son, tres cajas de cartón maltratadas por el tiempo. Dentro de ellas un tesoro de valor incalculable. No hablo de euros ni de dólares: hablo del respeto que merece el sacrificio y el dolor que ha ganado la eternidad en las instantáneas de unos fotógrafos y una fotógrafa que se jugaron la vida y, en el caso de Gerda Taro, la perdió. La historia es tan apasionante que no solo merece un viaje a Nueva York, que voy a hacer en breve para contemplar la exposición que se celebra en el International Center of Photography hasta el día 8 de mayo de 2011. Merece dedicar mucho tiempo a aprender de todo lo que le ocurrió a esta misteriosa maleta y a sus protagonistas.Es la historia de la supervivencia de la memoria gráfica de tres personas excepcionales: Robert Capa, Gerda Taro y David Seymour. Sin duda, los tres mejores fotógrafos extranjeros de la guerra civil española, cuyo legado ha permitido conocer a fondo la tragedia del golpe militar y de la guerra civil, y también la vida cotidiana de una República que intentaba salvar su existencia frente a la barbarie que luego se expandiría a lo largo y ancho de toda Europa.Sabemos bastante de ellos y de su obra. Robert Capa representa un icono de la fotografía de guerra y de la representación en imágenes de la resistencia contra el franquismo. La que fuera su mujer, Gerda Taro, murió aplastada por un tanque en la batalla de Brunete el 25 de julio de 1937. Solo tenía 27 años y dejó unas imágenes indescriptibles de la batalla en donde perdió la vida.Los tres se conocieron en París a comienzos de los años 30. Eran judíos de origen y de ideología claramente de izquierdas. No dudaron en viajar a la España en guerra y sus imágenes son una fuente de información y de emociones de incalculable valor. Se conocía una parte muy importante de la obra de Robert Capa, y bastantes imágenes del trabajo de Gerda Taro y David Seymour. Pero existía un enigma fundamental sin resolver: ¿qué pasó con todo el archivo gráfico que conservaba Robert Capa en su estudio, situado en el número 37 de la rue Froidevaux, y que dejó al cuidado de su técnico de laboratorio (y también fotógrafo) Imre Csiki Weiss, cuando tuvo que huir precipitadamente ante la inminente llegada del ejército alemán, por el que sería sin duda detenido? Cerca de cinco mil negativos inéditos quedaron guardados en tres cajas de cartón.A partir de ese momento, The Mexican Suitcase emprendió un viaje de casi 70 años que ha sido imposible de precisar. Se supo de la intervención del embajador de México, el general Aguilar, ante el gobierno de Vichy, sin que podamos precisar si fue consciente del valor de la maleta que le fue entregada por un refugiado judío que trataba de escapar de Francia por el sur. Nada sabemos tampoco de la forma y el recorrido que hizo la maleta hasta llegar a México y cómo fue posible que pasara inadvertida durante tantos años.Pero lo sustancial es que The Mexican Suitcase se salvó, apareció después de una inagotable labor de búsqueda de Cornell Capa, hermano de Robert. El director de cine mexicano Benjamín Tarver, que los había heredado de la viuda del general y embajador Aguilar, fue muy duro de roer para entregar el material al incansable hermano de Robert Capa.El recorrido de The Mexican Suitcase, el milagro de que sus cuatro mil setecientos negativos se conserven en un estado aceptable y fueran finalmente recuperados, forma parte de una de las más bellas historias de amor de dos hombres y una mujer con la realidad más fehaciente, en un momento en que la fotografía de guerra y la fotografía de la retaguardia de la República española estaban dejando una huella imborrable para el futuro. Todo el material está expuesto en Nueva York y merece más que ningún otro motivo realizar un viaje detenido. Porque el heroísmo no consiste en ponerse delante de una bala para sacar una fotografía: consiste en tener la sensibilidad de conocer el ángulo exacto, el reflejo de la luz y el alma de las personas que están dando su vida solamente por aquellas cosas en las que creen.