Sudores divinos en Nepal, por Luis Pancorbo

El sudor del ídolo de Dolakha, que representa al dios Bhimsen, es augurio de tragedias o conmociones políticas.

Luis Pancorbo

Hay un ídolo en el pueblo nepalí de Dolakha que se pone a sudar cuando va a ocurrir una tragedia o una conmoción política. En los últimos tiempos el ídolo de Dolakha ha sudado con profusión, y además por su lado izquierdo, el peor presagio para la familia real del país. En junio de este año, tras una copiosa transpiración divina, se proclamó una república federal en el antiguo reino del Himalaya.

El ídolo de Dolakha representa al dios Bhimsen, un aspecto del dios Siva. Su sudor es un augurio que no suele fallar según sus devotos. Sucedió cuando la insurrección popular de 1949, el primer gran aviso a los Rana, los antiguos monarcas de Nepal, de que las cosas iban por mal camino. Sudó antes de que se produjeran los terremotos de 1934 y 1989. A la nueva dinastía, los Shah, no les fue mejor con el sudor de la estatua que predijo la muerte del rey Tribhuvan en 1955 y la del rey Mahendra en 1972. En 1990 volvió a sudar y la dinastía Shah empezó a perder su poder absoluto. Aunque nada comparado con los sudores del ídolo poco antes del 1 de junio de 2001, cuando se produjo la matanza palaciega en Katmandú. El príncipe heredero Dipendra cogió su fusil y asesinó a su padre el rey Birendra, y a ocho miembros de la familia real. Encima el asesino fue coronado póstumamente y reinó de manera oficial tres días después de muerto.

El ídolo que suda está en un templo sin techo de Dolakha, en el distrito de Jonakpur, en el centro del país, un bastión de los maoístas que han acabado por triunfar en toda línea. Prachanda, el nuevo primer ministro de Nepal, era el jefe de los rebeldes. Se supone que los maoístas son racionalistas y que descartan las supersticiones, pero los sudores de Bhimsen les han hecho un favor. En Nepal, además, no creen en las meigas, simplemente existen bajo las muchas formas y colmillos que tienen allí los demonios. Tampoco hay que preguntar si la gente es budista o hinduista. Lo es todo a un tiempo, por si acaso. Son monárquicos por lo que se refiere a la ritualidad hinduista y republicanos viendo que la dinastía llevaba el reino como un cortijo. La misma atracción por la complejidad se da en el sudoroso Bhimsen, o Bhimeswar, el dios terrible, uno de los 1.008 nombres de Siva. Su estatua de Dolakha es conocida como "un icono, tres representaciones" por ser al mismo tiempo el dios Bhimsen, un aspecto de Siva; la diosa Bhagawati, que exige sacrificios de animales; y el propio dios Siva sin aditamentos.

Cada vez que suda Bhimsen, los sacerdotes le pasan un paño de algodón. Esas telas se guardan como signo auspicioso, y algunas se hacían llegar a la familia real. Si el augurio no es bueno, los sacerdotes tienen que hacer una kshama puja (sacrificio del perdón) para apaciguar al dios. El ídolo, una piedra negra triangular, recibe muchas ofrendas, y las naranjas son lo que más le gusta.

Dolakha, a 145 kilómetros al este de Katmandú y a una altitud de 1.800 metros, es punto de comunicación entre Nepal y el Tíbet, y el hogar de numerosos sherpas que han coronado el Everest y sienten el templo de Bhimsen como algo suyo. Una vez unos porteadores tenían hambre, rompieron una piedra para hacer una hoguera, y de ella manó sangre y leche. La piedra era la manifestación de Bhimsen. Los porteadores pidieron perdón y desde entonces lo adoraron.

Nepal es un país donde lo más increíble se hace múltiple. Los contrastes son mayúsculos: no hay más que pasar en el día -que se puede perfectamente- desde la selva del Terai a la cordillera más alta del mundo. Por su parte, las tres ciudades del valle newari, Katmandú, Patan y Baktapur, bastarían por si solas para colmar un viaje hacia un pasado de color oro, sangre o sepia. Todo depende de cómo se mire. Aunque a eso le dio la vuelta Antonio Machado: "El ojo que ves no es /ojo porque tú lo veas; /es ojo porque te ve".