Cómo sobrevivir en un avión... a un compañero de asiento (muy) hablador

La guía definitiva para huir de una de las peores pesadillas que nos pueden pasar en un vuelo: un pasajero que no para de darnos conversación sin conocernos de nada... justo cuando queremos tranquilidad

Álvaro Martínez Fernández
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Foto: Fotograma de la serie 'Friends' (Warner Bros)

Subirse a un tren, avión o cualquier otro medio de transporte es el momento en el que empiezan a aflorar las emociones y los nervios de embarcarnos en una nueva aventura.

Pero puede que el inicio de nuestro viaje no sea tan idílico como habíamos pensado, porque nos puede tocar desde un pasajero que reclina el respaldo por completo (y hacer que sufran nuestras rodillas), hasta otro que también viaja solo... y con muchas ganas de palique. 

Sobrevivir a un compañero de asiento hablador
La persona con ganas de palique puede surgir en donde menos te lo esperas... | izusek

Aunque no es así en todos los casos, quienes hacen asiduamente viajes de negocios suelen ser los más proclives a querer relacionarse, porque pasan muchas horas muertas en aviones y/o trenes. En una encuesta de la empresa de gestión de viajes corporativos Egencia, uno de cada cuatro de estos viajeros reconocía que le gusta hablar con desconocidos en los aviones. Así que nuestro primer consejo es que (a menos que sí tengas el día hablador), cuando veas a alguien portando un maletín ejecutivo, te pongas alerta. 

Pero no te preocupes, porque vamos a darte otras muchas pautas que debes seguir para poder zafarte del pasajero que no para de hablarte durante el viaje.

1. Evita el contacto visual a toda costa

En la revista especializada psicologia-online.com señalan que el contacto visual es "relevante en prácticamente todos los contextos comunicativos, e importante por ejemplo en entrevistas de trabajo, o al socializar con desconocidos". Esto último es justo lo que nosotros no queremos, por eso debemos evitarlo a toda costa. 

Ante todo... ¡no crucéis las miradas! | skynesher / ISTOCK

De modo que muestra un interés repentino por el cartón de las instrucciones de qué hacer en caso de emergencia, por lo que pone en la bolsita para el mareo, por la carta desplegable del menú de abordo, por los botoncitos que hay encima de ti para la ventilación, o haz como que te cuesta mucho ponerte el cinturón, porque así podrás estar un buen rato con la mirada fija en la hebilla (esto tiene un riesgo: tu compañero de asiento se puede ofrecer a ayudarte y, ¡zas! aprovechará ese despiste para inicar una conversación).

Un consejo: elige ventanilla siempre que puedas. Con mostrar un interés desmesurado por el paisaje (o los operarios de la pista del aeropuerto o la estación, si aún no habéis despegado o arrancado), te bastará con tener la cabeza girada para descartar cualquier tipo de contacto visual. 

2. Ponte en modo 'workaholic'

Te acabas de sentar y el pasajero o pasajera de tu lado empieza a hablarte sin pausa. La primera opción que te damos debes llevarla pensada desde casa, más concretamente, desde que haces la maleta, en la que no puede faltar una cosa: un ordenador portátil. ¡Pero si me voy de vacaciones!, pensarás. Da igual, porque el ordenador será tu salvoconducto para que no te den la tabarra. Ni iPad, ni móvil: no hay nada que apeste más a trabajo que un gris ordenador portátil. Ábrelo, ponte unos auriculares y esa peli o serie que tienes guardada en el disco duro, y teclea algo de vez en cuando para disimular. 

"Yo hago eso a menudo, y no falla", reconoce Guillermo O. Pascual, que hasta hace poco era representante comercial en una multinacional y se pasaba una semana en Shanghai, la siguiente en Londres y a la siguiente en Australia. "Mis amigos me decían que pasaba demasiado tiempo metido en un avión, solo, y que se me estaba yendo la vida en ello. Pero a mí me encantaban esos momentos en que tenía por delante un vuelo de más de 10 horas para leer ese libro o ver esa peli que tenía pendientes, o sencillamente para pensar en mis cosas". Y remata: "Y desde luego no iba a dejar que me lo fastidiara el pesado de al lado; era abrir el portátil, y se callaba ipso-facto. Por suerte o por desgracia, en la sociedad actual no respetamos nada menos el trabajo, eso es sacramental". 

Un consejo: en los primeros minutos, empieza a escribir rápidamente en las notas, en el correo o en el Whats App (esto dependerá de si estás un avión o en un tren). Cuanto más rápido escribas, más ocupado parecerás.

Ordenador avión
izusek / ISTOCK

Si insiste en la conversación o, en su defecto, empieza a leer lo que escribes es hora de pasar al siguiente estrategia.

3. Cuanto más raro… mejor

No ha funcionado el plan maestro que teníamos pensado como primera opción. Es hora de pasar a una estrategia mucho menos común… pero mucho más efectiva en muchos casos. El pasajero de nuestro lado quiere hablar, cueste lo que cueste mantener tu atención. Es entonces cuando debes empezar a tener gestos que puedan resultar extraños.

Sergey_T / ISTOCK

Esta práctica, como nos cuenta la psicóloga Adriana Martínez, “provoca que la otra persona pueda sentir una cierta repulsión hacia nosotros, viéndonos como una persona extraña y dejándonos de dirigir la palabra”. Por si no lo has captado: esto se basaría en empezar a hacer comportamientos extraños: habla de una forma rara, o ejecuta movimientos que la otra persona pueda percibir como de una persona que no está en sus cabales.

De hecho, este es uno de los métodos más infalibles de todos. Pero, en muchas otras ocasiones, puede que la persona se una a nuestro “show” partícular (te ha tocado el único rarito del pasaje, qué se le va a hacer). Es entonces cuando debemos pasar al siguiente nivel.

4. La revista bizarra

Gregg Rottler, fundador de Flightsfromhell.com, declaró a la CNN que trataba siempre de detener a los conversadores "sacando una bolsa llena de periódicos y leyendo durante todo el vuelo". Sabe de lo que habla: su web es un foro donde viajeros de todo el mundo cuentan (con humor) sus experiencias más desagradables en sus vuelos.

Uno de los usuarios, de hecho, contradecía la técnica de Rottler en uno de sus post: "Siempre evito el contacto visual, porque como tus ojos se crucen con los suyos, estás perdido. Pero aun así, el de mi lado quería conversación. Era de noche, así que encendí la lucecita de cortesía para sacar un libro y empezar a leer, pero él se lo tomó como una forma de romper el hielo; ahora sí que estaba perdido".

Nosotros tenemos una solución aún más radical para esta situaciones. No saques un libro o un periódico tradicional. Llévate contigo la revista/libro más extraño y bizarro que tengas por casa, y que lo lleves siempre a tus viajes.

Revista tren
Spiderplay / ISTOCK

Sirve cualquier cosa, lo más extraño que encuentres en tu casa y que la otra persona perciba como algo inusual. No hace falta que sea real, puedes imprimirte una portada y forrar con ella el libro o la revista que realmente quieras leer. Por ejemplo de una edición antigua del Mein Kampf o de un Playboy de los años ochenta. Aunque hay veces que tampoco funciona….

5. Momento apretón

Eficacia en estado puro. Así podríamos definir esta otra estrategia. Es la más sencilla, pero para la que deberemos sacar nuestras mayores dotes de interpretación. No es otra cosa que simular que te está dando el apretón de tu vida. Para ello solo tienes que llevarte las manos al estómago, simular rugidos y poner cara de que hay problemas intestinales.

Si cumples todas estas pautas, conseguirás que la otra persona deje de hablarte. Si ves que no… es el momento de ir corriendo al aseo, aunque no tengas que hacer nada allí, mójate la cara y frótate los ojos, que a tu vuelta, tu acompañante perciba que lo has pasado mal ahí dentro y no estás para nadie. Si aun así quiere seguir con su conversación, entonces hay que pasar al siguiente nivel.

5. Invéntate un idioma

Para esta pauta debes haber mantenido el silencio por completo durante todo el rato que la otra persona ha querido comunicarse contigo. Y, para acabar de un plumazo con la conversación, debes hablarle en un idioma que te inventes en el momento. No pruebes con el inglés o el francés, porque con una altísima probabilidad pueda entenderse. Solo… ¡Invéntate un idioma!

6. Momento siesta

El infalible, el que nunca falla, y el que tantas alegrías nos da para evitar a todo tipo de personas. Es simple, recuesta tu cuello donde puedas y ¡a dormir!. Solo le vemos un fallo a esta estrategia… sus ganas de hablar pueden haber aumentado considerablemente tras haber pasado horas sin mantener una conversación contigo, y en cuanto te descuides y abras los ojos, te cazará sin remisión.  

Dormir en avión
izusek / ISTOCK

7. Si no puedes con el enemigo… únete a el

Si ya has cumplido todos los pasos y aún así no has conseguido tu propósito… es el momento de unirte a tu enemigo. Es hora de que uses lo que más te duele en su contra. ¿Cómo? Empezando a contarle absolutamente toda tu vida, de principio a fin, de tal forma que la otra persona termine saturada de tanta información y, finalmente, te deje tener un plácido viaje. ¿Que tu vida es apasionante? Invéntate una, lo más aburrida y girs posible. 

Eso sí… hagas lo que hagas, hazlo siempre con simpatía. Nunca sabemos por lo que pueden estar pasando otras personas, y tener un poco de empatía no nos cuenta absolutamente nada.