Siete lugares de veraneo alejados de la masificación turística

Hay lugares de España donde en agosto aún reina la soledad y el silencio. Es posible llegar hasta ellos y sentir que ha dejado atrás la masificación, el bullicio y el gentío turístico.

Carolina Oubernell
 | 
Foto: LucVi/istock

Cabo de Gata
Calas lunáticas

Cabo de Gata es parque natural, de modo que Almería prohíbe en esta esquina de la península la masificación. Verano, no obstante, es la época de mayor número de visitas, en especial en localidades como San Miguel, San José o los pueblecitos costeros que trepan dirección norte hasta Vera y Garrucha. En mitad de esos núcleos urbanos abren al Mediterráneo pequeñas calas como medias lunas de nombres evocadores. A las consabidas playas de Mónsul y Genoveses, de los Muertos y Rodalquilar, se suman otras menos conocidas, más pequeñas y menos cómodas para llegar (mucha de ellas son nudistas), donde no es necesario competir por unos pocos metros cuadrados a la hora de hincar la sombrilla y la silla de playa.

Doñana
Cuarenta kilómetros de playas vírgenes

Los casi cuarenta kilómetros de playas vírgenes –el único litoral intacto de la península ibérica– que se extienden entre la localidad onubense de Matalascañas y la desembocadura del río Guadalquivir son el mejor freno para entrar en ellas y por tanto para preservarlas y protegerlas. Entrar hasta aquí no está prohibido, pero no se puede utilizar ningún medio mecánico porque sencillamente no existen carreteras que lleguen hasta este rincón simbólico de la baja Andalucía. ¿Buscas un lugar apartado y solitario donde solo tú escuches el sonido de las olas del océano Atlántico rompiendo sobre la arena? Este es tu sitio. No hallarás un lugar más solitario este agosto de turismo y gentío.

habari1/istock

Monfragüe
Corazón verde de Extremadura

A Monfragüe el nombre se lo dieron los romanos que en lengua latina significa ‘monte denso’. No es muy diferente el parque nacional que hoy recorremos a aquella espesa selva que conocieron los primeros pobladores de estas rugosidades. El duodécimo parque nacional español, enclavado en su totalidad en la provincia de Cáceres y bañado por las aguas tibias de los ríos Tiétar y Tajo, está salpicado de rutas, caminos, senderos y miradores que hacen más llevadero el caluroso mes de agosto. Los pueblos más pintorescos que se asoman a este espacio protegido, declarado Reserva de la Biosfera, son Serradilla, Malpartida o Riolobos. Y no anda lejos de estos tres lugares la ermita de la Virgen de Monfragüe cuya romería y fiestas se celebran algunos fines de semana de primavera.

Zaragoza
Las Cinco Villas

Las Cinco Villas es una de las comarcas de mayor personalidad de Aragón. Se extienden por terrenos quebrados, valles ásperos y encrucijadas de caminos al norte de la provincia de Zaragoza y la forman Tauste, Sádaba, Uncastillo, Sos del Rey Católico y Ejea de los Caballeros, que ejerce de capital. Estas tres últimas localidades son las más patrimoniales y sus barrios viejos están coronados por antiguas fortalezas, iglesias de época gótica y palacios señoriales cuyos moradores formaron parte de la corte de muchos reyes de España. En Sos, por ejemplo, nació Fernando el católico, esposo de Isabel. Y en Ejea es famosa por dos de sus iglesias, Santa María de la Corona y El Salvador, coronadas por sendos campanarios que ejercen de faros históricos de la comarca aragonesa.

Ribeira Sacra
Dos escalones antes de llegar a Santiago

Santiago de Compostela es estos días de agosto la metrópoli europea de la espiritualidad. Los peregrinos llenan la plaza del Obradoiro desde primeras horas de la mañana a la espera de abrazar al apóstol. Pero hay fuera de la capital de Galicia lugares donde la paz, el silecio y la soledad nos hacen reconciliarnos con la región más misteriosa y telúrica. Es la Ribeira Sacra, un puñado de pueblos al sur de Lugo y al norte de Ourense, con valles abiertos por el ímpetu de los ríos –el Sil y el Miño, sobre todo– y laderas donde crecen las cepas que dan sentido a alguno de los vinos de Ribeiro. Aquí los monasterios y las iglesias, de estilo gótico en su mayoría, salen al encuentro del caminante mientras los más viejos del lugar no dudan a la caída de la noche de hablar con los visitantes de los misterios que engendran las meigas y la santa compaña.

PEDRE/istock

Roncesvalles
La Navarra pirinaica

Hay un lugar en el norte de Navarra donde los valles son verdes y frondosos, las montañas altas y blancas en días de frío e invierno y los caminos objeto de veneración para peregrinos llegados de toda Europa. Estas líneas que atraviesan Roncesvalles son caminos viejos que vienen de Francia por mitad de las cumbres y llegan hasta este remanso de paz y silencio donde hay un hospital para los caminantes cansados y un importante oratorio para el alimento del alma. Este agosto en el que decenas de peregrinos miran hacia Santiago poblaciones del Camino como Roncesvalles mantienen son parada y fonda para aquellos paseantes más acostumbrados que encaran con preparación y espiritualidad el Camino Francés o inician desde aquí el Camino Aragonés.

Palencia
El primer románico

El románico es silencio, concentración y parsimonia estética. San Martín de Frómista es la quintaesencia del románico palentino. Pero no es el único lugar donde los viajeros que aman la historia del arte han de hacer escala. Muy cerca de aquí se halla Carrión de los Condes que establece desde su plaza mayor y su iglesia consagrada a Santiago el punto de partida hacia el románico del norte, simbolizado en las ciudades de Aguilar de Campoo y Cervera del Pisuerga. Hay otro románico de transición, entre la Montaña Palentina y el Camino de Santiago y finalmente un románico que mira al sur de la provincia y cuyas iglesias se alzan en la capital y en los cercanos y encantadores municipios de Villamuriel de Cerrato y Torquemada.