Sarajevo, por Javier Reverte

Alfonso Armada coincidió con Susan Sontag en la ciudad y recoge esta frase de ella: "El siglo XXI comienza en Sarajevo".

Javier Reverte
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Foto: Raquel Aparicio

Hay libros alegres y hay libros tristes y, si son buenos, unos y otros son necesarios, pues nos enseñan a conocer nuestra naturaleza, a veces alegre y en ocasiones lastimosa. Nacemos llorando y luego aprendemos a reír. "Porque reír es lo propio del hombre", afirmaba Rabelais. ¿Hay otro animal que ríe? Dicen que el mono. Y me pregunto ahora: ¿y alguno que llore? Los cazadores cuentan que el ciervo abatido, en su agonía, deja escapar unas lágrimas de dolor.

Ahora acabo de leer un libro triste. Pero, como es bueno, se me hace un libro necesario. Se trata de las crónicas reunidas del periodista Alfonso Armada y que titula Sarajevo, la ciudad cercada durante algo menos de un lustro, a principios de los años 90 del pasado siglo, por los radicales serbios. Alfonso fue allí como enviado especial en los primeros meses del asedio y dejó unas crónicas soberbias sobre el dolor, la fe, la barbarie y la esperanza de las gentes sitiadas, hombres y mujeres hambrientos que se jugaban la vida cruzando una calle, o esperando en la cola de una panadería, o en el mercado intentando lograr hacerse con un pedazo de carne.

Yo recuerdo aquella ciudad de finales del 92 -el cerco había comenzado en mayo- como una urbe destrozada, en la que apenas había un edificio que no hubiera sido dañado. No existía otra circulación que la de las tanquetas de la ONU y eran cientos los coches reventados por las granadas, los tranvías volcados, los raíles rotos y sostenidos en el aire como costillares de animales desollados. Los disparos de los francotiradores sonaban a toda hora, tanto como las explosiones de las granadas de mortero. Era la música de Sarajevo, una melodía que no se silenciaba ni siquiera por la noche. Un día le pregunté a un sarajevino por qué los sitiadores disparaban en horas nocturnas, cuando no existía visibilidad, y me respondió con una frase tan aparentemente sencilla como hondamente trágica: "Por el día, disparan para matar los cuerpos; por la noche, para matar las almas... para mantener despierto el miedo".

Estas crónicas de Armada recogen la desesperanza y el furor de aquellos días. Nadie esperaba, tras el fin de la II Guerra Mundial, que el horror fuera a adueñarse de nuevo de los territorios europeos. Pero el drama de la antigua Yugoslavia espantó las esperanzas: regresaron los fusilamientos sumarísimos, el destrozo de las poblaciones, las violaciones, los campos de concentración... Aquel grito de "¡Nunca más!" escrito en Europa en 1945, al final de la más terrible guerra de la historia, se convirtió de pronto en un "¡Otra vez!". Y de nuevo se escucharon los ecos latinos del pensamiento de Hobbes: "Homo hominis lupus est".

Lo más dramático del libro lo constituyen los testimonios de las gentes sometidas al miedo cotidiano y de las víctimas de los verdugos radicales serbios; Leila, por ejemplo, la muchacha vejada y violada una tarde en su propio domicilio. O el retrato de las gentes que buscaban leña para calentar y cocinar en los parques de la urbe, los cementerios en donde ya no cabían más tumbas, los hospitales atestados de heridos, la vida sin café, sin teatro, sin escuelas... sin civilización humana, en suma.

Armada coincidió con una visita a la ciudad de la escritora americana Susan Sontag, durante el año 1992. Y recoge una frase de ella en su libro: "El siglo XXI comienza en Sarajevo".

Han pasado quince años desde que el siglo comenzó. Y ya tenemos a diario las crónicas de Libia, el Sahel, Siria, el Estado Islámico, Irak... El siglo XXI acaba de comenzar como comenzó el otro. ¿Acaso no aprenderemos nunca?