Tras los pasos de la historia: el último viaje de Carlos V

Una ruta por el último tramo que recorrió el monarca hasta llegar a su retiro definitivo

Noelia Ferreiro
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Foto: Nedrofly / ISTOCK

El 8 de agosto de 1556, acuciado por la gota y la vejez, cedidos ya sus poderes y aplacadas sus ambiciones, el emperador que convirtió a España en la cabeza de un imperio universal emprendía su último viaje rumbo al sur de la península. Su destino final era el Monasterio de Yuste, donde había elegido asistir al oscuro ocaso de su vida. Y aunque habrían de pasar cuatro meses hasta alcanzar su retiro, fue su paso por Extremadura el que más huella dejó. Los bellos parajes de La Vera, la tierra del pimentón, fueron la última morada del ilustre Carlos V.

¿Pudo haber elegido un rincón más hermoso? Talvez sí, talvez no. Lo cierto es que, de todo su vasto imperio, Carlos I de España y V de Alemania puso sus ojos en esta comarca extremeña para saborear su retiro. Hoy son muchos los que se aventuran a abordar el último tramo de esta ruta cargada de historia, paisaje y tradición.

En coche o a pie

Tres fueron las poblaciones que acogieron la visita del monarca: Tornavacas, Jarandilla y Cuacos de Yuste, a las que se puede llegar fácilmente por carretera. Es la opción más recomendable para no cansarse mucho y realizar las paradas que uno quiera. Desde Madrid, se viene por la Nacional V hasta la altura de Oropesa, donde se ha de tomar la carretera a Madrigal de la Vera, el primero de todos los pueblos de la comarca, tanto si se entra a Cáceres desde Ávila como desde Toledo.

Madrigal de la Vera | IRMA Sanchez / ISTOCK

Sin embargo, para quienes gusten de gastar la botas, existe un camino señalizado para recorrerse a pie. Un apasionante itinerario que, a través de poderosas gargantas, pueblos a los pies de la sierra y campos de nogales y alcornoques, emula los pasos del Carlos V.

Una ruta muy sabrosa por el corazón de la dehesa extremeña

La parte más dura

En Tornavacas, aún en el Valle del Jerte, da comienzo el viaje real a lo largo de las tierras extremeñas. Allí llegó Carlos V para descansar una noche, antes del gran desafío de superar la Sierra de Tormantos. Y allí, en el número 23 de la calle Real, la casa en la que se hospedó mantiene una vieja inscripción: “Juan Méndez de Ávila, criado de su Majestad”.

Tornavacas | BestTravelPhotography / ISTOCK

Quienes decidan caminar por este sendero hasta Jarandilla de la Vera han de armarse de buena energía. Porque esta parte de la ruta es la de mayor dificultad (unos 27 km en cerca de nueve horas). Así la vivió el emperador, portado sobre los hombros, aquejado por su enfermedad. "¡Ya no franquearé otro puerto que el de la muerte!", llegó a decir ante el esfuerzo de tan fragosa andadura.

Bonitos paisajes

La recompensa al esfuerzo, eso sí, será grande. Paralelo al río Jerte, el camino discurre entre cerezos para pronto empezar a ascender entre bosques de robles y castaños. Por el trayecto, gargantas (de la Serrá, del Collado de las Yegüas, del Yedrón…), cerros y refrescantes arroyos con el marco de los montes de Gredos.

Sierra de Gredos | Nedrofly / ISTOCK

Así se llega a Jarandilla, en el corazón de la comarca, donde el rey permaneció durante cerca de tres meses. El tiempo suficiente para que el Monasterio de Yuste, por entonces un pobre cenobio de jerónimos, acometiera a contrarreloj la realización de reformas a la altura de la elección imperial. Carlos V tendría que esperar entonces y lo haría en el castillo de su amigo, el Conde de Oropesa, que en la actualidad es el deslumbrante Parador de Jarandilla de la Vera.

Jarandilla de la Vera | laagudo / ISTOCK

Llegada al monasterio

Justo aquí, está indicado en una placa, comienza el siguiente tramo, mucho más corto y asequible. En tres horas y a lo largo de 10 kilómetros, se llega al famoso monasterio cruzando por un robledal, por el refrescante arroyo Cepeda y por Aldeanueva de La Vera. Pero antes aparece Cuacos de Yuste, donde merece la pena detenerse para contemplar su arquitectura serrana.

Cuacos de Yuste | jacquesvandinteren / ISTOCK

Ya en el Monasterio de Yuste hay que revivir la historia. La de aquel 3 de febrero de 1557, cuando Carlos V, por fin, se recoge en su soñado retiro. Visitarlo es recorrer las estancias donde transcurrieron sus últimos días: la sala de Audiencia, el dormitorio, la sala de lecturas con la famosa silla de la Gota… Allí donde, efectivamente, esperó la llamada de la muerte, ponemos fin a la ruta imperial.

Monasterio de Yuste | Proformabooks / ISTOCK