En ruta por la carretera más bonita de Europa

Se trata del trayecto alpino hacia el Grossglockner, el pico más alto de Austria

Noelia Ferreiro
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Curvas que culebrean ante un desfile de montañas que dejan reflejada su silueta en lagos aguas esmeraldas. Dramáticas vistas a las cumbres nevadas que recortan un horizonte tapizado de naturaleza. Así es la subida al Grossglockner, el pico más alto de Austria. Una mole que se yergue sobre los Alpes a 3.798 metros de altura.

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A menudo frecuentada por vehículos y motoristas (y también por valientes ciclistas), la carretera que atraviesa este deslumbrante paisaje alpino está catalogada entre las más bellas del Viejo Continente. Un trayecto corto, pero intenso en aventura y belleza. A lo largo de sus 48 kilómetros de longitud se suceden nada menos que 36 cerradísimas curvas en un desnivel de 2.500 metros.

Naturaleza desbordante

El Grossglockner se encuentra en la región del parque nacional Hohe Tauern, la mayor y más protegida reserva natural del país, que se extiende a los estados del Tirol y Carintia. Un lugar donde entregarse al senderismo a lo largo de rutas maravillosas o donde practicar el esquí, el deporte estrella de estos parajes, con 750 kilómetros de pistas para todos los gustos y niveles.

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Dentro de este marco de postal, la carretera que nos ocupa enlaza la población de Zell am See (en región de Salzburgo) con la de Heiligenblut (en Carintia). Por el camino encontraremos una armoniosa combinación de glaciares, laderas cubiertas por bosques, cascadas y lagos que se agazapan entre los valles verdes.

Placer de conducir

Su belleza no siempre ha podido disfrutarse como ahora. La construcción de esta carretera alpina en el año 1935 supuso la apertura al común de los mortales de estos parajes antes solo reservados a los montañistas expertos. Hoy su trazado se incorpora armoniosamente al paisaje, permite una experiencia montañosa única y garantiza un gran placer de conducción.

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La carretera panorámica de Grossglockner es una vía de peaje, por lo que antes de comenzar el recorrido hay que pagar unos 35 euros por coche. Merecen la pena. Porque más allá del paisaje, el trayecto conduce a un conjunto de miradores, funiculares, senderos y refugios de montaña, que quedan expuestos en un mapa que se adquiere en el punto de arranque.

Cuesta arriba

La carretera va ascendiendo entre enormes cumbres o serpenteando por los valles, con un paisaje nuevo a cada kilómetro. De pronto se abre la vista hacia la montaña Johannisberg, o de pronto irrumpen en el camino animales alpinos poco frecuentes como marmotas o cabras montesas.

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Y en cualquiera de los puntos, se pueden emprender cortos paseos o dar inicio a extensas caminatas. A lo largo del recorrido aparecerán, además, algunos museos con exposiciones sobre el entorno y un puñado de senderos didácticos que invitan a ser descubiertos.

La meta

El destino final llega en la cota de Emperador Francisco José, a más de 2.350 metros de altitud, donde se encuentra una terraza-mirador con vistas panorámicas. A sus pies se despliega el Pasterze, el glaciar más grande de Austria, con una longitud de ocho kilómetros que, desgraciadamente, van menguando a causa del cambio climático.

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Desde este punto se puede tomar un funicular y bajar al sendero que lleva al glaciar para poner el colofón perfecto a esta maravillosa ruta por carretera.