Rumbo al Valle del Jerte

Nos ponemos al volante del nuevo Kia Sorento PHEV híbrido enchufable. Un SUV muy especial que se desmarca de la monotonía reinante en el sector

Luis Meyer
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Foto: Alex Aguilar

La frase “los coches cada vez se parecen más entre sí” es ya casi una coletilla entre los aficionados al mundo del motor. Y si hablamos de los SUV (carrocería elevada y aspecto de todoterreno aunque no lo sean necesariamente), que han impregnado todas las categorías imaginables, desde pequeños coches urbanos hasta mastodónticos vehículos de lujo, esta percepción cargada de nostalgia se acentúa. Parece que muchas marcas partieran del mismo patrón, y hoy cuesta encontrar un coche con “algo” especial que lo diferencie del resto. 

A mí me ha pasado, inesperadamente, con el Kia Sorento. A priori no había motivos: es un SUV de gran tamaño de una marca generalista. “Uno más”, fue lo primero que me vino a la cabeza. Hasta que entré en su habitáculo: está lleno de detalles para que te sientas, tú y quienes te acompañen, en un coche que no te va a ofrecer lo mismo que el resto. 

Alex Aguilar

Para empezar, la tercera fila de asientos. No es opcional, como en la mayoría de los vehículos de su tamaño y segmento, sino que viene de fábrica. Puedes plegarla si quieres más maletero, o abrirla si quieres llevar a dos personas más. Y no necesariamente tienen que ser niños: a diferencia de muchas terceras filas, que están limitadas a estaturas muy limitadas, aquí pueden viajar dos adultos de talla media sin ir muy encajonados. Y por si fuera poco, tienen un propio control de aire acondicionado y hasta una entrada USB. Se acabó lo de marginar a los de atrás. 

La segunda fila es muy amplia y cómoda, pueden viajar tres adultos sin problemas y el tacto del tapizado de cuero (este sí es opcional) es realmente agradable. Pero las verdaderas sorpresas me aguardan delante, cuando me pongo al volante. El puesto de conducción es como sentarse a los mandos del Enterpreise. Me rodea mucha tecnología, pero curiosamente, me familiarizo enseguida con todos los mandos. 

Alex Aguilar

Delante de mí tengo un cockpit digital (adiós a los típicos relojes analógicos) que cambia su aspecto y color en función del modo de conducción que haya elegido. Eco (para consumir y emitir menos), Sport (la respuesta del acelerador y el chasis se vuelve más dinámica) y Smart (se adapta a las condiciones de la conducción.

Primera sorpresa cuando me pongo en marcha: las zonas de la pantalla a los lados del velocímetro se convierten en dos pantallas que simulan dos espejos retrovisores, y me muestran todo aquello que quedaría en al ángulo muerto, fuera de mi visión. Algo que sin duda aporta mucha seguridad. La pantalla del medio, de más de 10 pulgadas, es un sistema multimedia con gráficos grandes y controles táctiles que se usa de forma muy intuitiva. 

La sensación general es de buenos materiales y ajustes. Lo de que el regusto ‘premium’ es exclusivo de los coches alemanes, parece que empieza a ser cosa del pasado. Los coreanos se están poniendo las pilas en este sentido. 

Así se conduce 

Otra de las sorpresas está bajo el capó. Además de un motor gasolina de 1,6 litros, lleva otro eléctrico que aporta 91 CV extra, de modo que el Sorento tiene 265 en total. Parecen muchos, pero no olvidemos que tienen que mover más de dos toneladas de peso. 

El motor eléctrico es enchufable, de modo que puedes cargarlo por la noche y recorrer unos cuantos kilómetros (si no lo exprimes mucho, casi 70, de sobra para un uso diario normal) sin que entre en juego el de combustión. Esto explica el silencio y la suavidad con la que se mueve al arrancar. Cuando en carretera el propulsor de gasolina entra en juego y funcionan los dos al unísono, lo cierto es que el Sorento se mueve con un brío inusitado para su tamaño: da la sensación de que llevas un coche más pequeño entre manos. 

Alex Aguilar

Segunda sorpresa en marcha: al pasar por curvas, a pesar de su voluminosa carrocería, apenas balancea. Las suspensiones tienen un tarado firme más acorde con coche de tinte deportivo que de un gran SUV familiar. Esto penaliza un poco el confort sobre asfalto en mal estado, pero no llega a ser incómodo y a cambio transmite mucha seguridad al volante, especialmente en carreteras comarcales. 

Y la última gran sorpresa: al poder circular en modo exclusivamente eléctrico por ciudad, lleva la etiqueta medioambiental 0: esto supone que no sufrirás las restricciones de la mayoría de los coches en cuanto a límite temporal de zonas de aparcamiento o limitaciones para entrar en zonas de bajas emisiones. En esto, el Kia Sorento también es diferente a la mayoría. 

Nuestro campo de pruebas: el Valle del Jerte

Este paraíso paisajístico de Extremadura que no pocos comparan con Suiza es perfecto para probar las cualidades de un coche: en nuestra ruta de Navaconcejo a Tornavacas pasando por Cabezuela del Valle y Jerte recorrimos carreteras enrevasadas que llevan al límite el chasis, la dirección y los frenos. Los del Sorento respondieron a las mil maravillas y sin síntomas de fatiga. 

jgaunion / ISTOCK

Pero lo mejor es que, además de disfrutar con la conducción uno disfruta con la vista:  el valle se encuentra en el noreste de Extremadura, a pocos kilómetros de Plasencia. Su situación y orografía crean unos paisajes de una belleza arrebatadora. Muchos dicen que la mejor época es la primavera, cuando los cerezos se ponen en flor y cubren el valle con un manto blanco. Verano también es una buena opción: gracias a su microclima, nunca llega a ser especialmente caluroso. 

Azulillo / ISTOCK