'Road trip' por España (XIII): un ruta salada por el litoral de Vizcaya

De Bilbao al Bosque Animado al volante de un Lexus UX

Redacción Viajar
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Foto: poliki / ISTOCK

La ruta 

Con el Cantábrico acompañándonos siempre a nuestra izquierda, nos damos un atracón de acantilados, playas, pueblos pesqueros.... y buena gastronomía vasca, claro. 

El coche

El Lexus UX no es desde luego un coche pensado para gente convencional. Por su diseño, está a caballo entre un compacto y un SUV, tiene un motor híbrido que permite una conducción deportiva y ahorradora a la vez, y no es el líder de su categoría en tamaño de maletero o plazas traseras, pero a cambio, tiene un encanto difícil de describir. Por dentro las líneas son futuristas, con un cuadro de mandos que le hace sentirse a uno en una nave espacial, incluido un pad táctil en la consola central desde el que manejas todo el sistema multimedia con un simple deslizamiento de los dedos. 

Por fuera tiene un aspecto imponente, con una carrocería maciza de líneas angulosas, faros rasgados y abultados pasos de rueda que le dan una mirada agresiva, mucho más deportiva de lo que se estila en esta categoría de coches. Y eso se corresponde con su conducción: pisa con aplomo en las curvas de la carretera del litoral vizcaíno (y han sido muchas), por las que hemos zigzagueado con una agilidad sorprendente.

Esto no solo va bien para el dinamismo: también transmite mucha seguridad porque la carrocería no pierde la compostura en ningún momento. Y bajo el capó llevamos un sistema híbrido (gasolina más eléctrico) que rinde más de 180 CV, de modo que siempre tienes potencia de sobra bajo el pie derecho en los adelantamientos. Y es precisamente su condición de híbrido lo que le da doble personalidad: si lo llevas relajado, lograrás consumos muy bajos. Pero si lo subes de vueltas, ojo porque el consumo se puede disparar. 

Bilbao

¿Qué no se ha dicho ya de esta ciudad que hace unas pocas décadas era el “patito feo” de Euskadi por su carácter industrial y hoy es Ciudad del Diseño por la Unesco? Seria injusto decir que su nueva condición se la debe exclusivamente al espectacular edificio orgánico que Frank Gehry diseñó para su museo Guggenheim. 

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Pasear hoy esta ciudad es encontrar muchos rincones bellos despojados ya de la pátina gris de antaño. Por ejemplo, cuando recorres su Ría puente a puente, desde el de Vizcaya, joya de la arquitectura industrial y Patrimonio de la Humanidad, hasta el Zubizuri o la pasarela Arrupe, iconos del nuevo Bilbao, y el puente de San Antón orgulloso representante de su pasado.

Y una vez hemos disfrutado de una de las ciudades con la mejor calidad de vida de nuestro país, tomamos la carretera BI-637 a la segunda parada de este road trip. 

Getxo

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Bañado por las aguas del Cantábrico, está formado por cinco núcleos: Andra Mari, Algorta, Las Arenas, Neguri y Romo, y rodeado por la bahía del Abra. Getxo se caracteriza por sus playas larguísimas y acantilados de vértigo, que forman un conjunto inigualable a lo largo de 10 kilómetros. 


Sopelana

Jose Miguel Sanchez / ISTOCK

Por la misma carretera llegamos a este pueblo donde seguimos dándonos un atracón de impresionantes acantilados y playas que se suceden a lo largo de la franja costera, uno de los tramos más sorprendentes del litoral vizcaíno. 

Plentzia

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Continuamos hasta este pueblo por la BI-2122. Con la ría como arteria y su playa como indiscutible robaplanos, esta acogedora localidad costera está situada en una hermosa bahía que se asoma al mar y que comparte con la vecina Gorliz.

Bakio

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Continuamos por la BI-2120 hasta Bakio. La carretera se vuelve más nudosa, pero resulta sorprendente la agilidad con la que el Lexus se deja guiar por las curvas, impertérrito y sin apenas balanceos. La playa de Bakio es uno de los arenales más admirados de Vizcaya. Está en pleno núcleo urbano, y desde aquí paseamos hasta la Ermita de San Pelaio, del siglo XII, no sin antes visitar las Velas cruzadas al viento, una escultura del artista José Ramón Anda Goikoetxea situada al final del espigón. Nos subimos al Lexus UX y seguimos la carretera con e Cantábrico a nuestra izquierda, a un paso de nosotros, hacia nuestro siguiente destino. 

San Juan de Gaztelugatxe

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Recientemente se ha hecho famoso porque aquí se enclavó el castillo de Daynelis en la serie Juego de Tronos, pero este enclave ya era antes considerado como uno de los lugares con más magia del planeta. Esta ermita dedicada a San Juan Bautista es un auténtico castillo de roca —eso significa gaztelugatxe en euskera—, ubicado en lo alto de un islote en forma de cono y unido a tierra firme por un puente de piedra y a la que se accede por un estrecho camino de 241 peldaños para. Desde allí, uno tiene la sensación de fusionarse con el Cantábrico, que golpea furioso a nuestro alrededor. 

Bermeo

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Seguimos ruta hasta Bermeo, uno de los principales puertos pesqueros del territorio histórico de Vizcaya. Este pueblo cuanta una singular personalidad y encanto, amén de un abundante patrimonio cultural

Mundaka

Su playa es la más codiciada por surferos de todo el mundo por su famosa ola izquierda, que emerge como una enorme montaña acuosa algunos días cada año. Es un pintoresco pueblo marinero y, posiblemente, uno de los mejores lugares del mundo para comer pescado a la brasa. 

Rudolf Ernst / ISTOCK

Gernika

Nos despedimos de la costa y enfilamos hacia el interior. Gernika se halla dentro de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, uno de los humedales más importantes de Europa y de una riqueza ecológica extraordinaria. 

Kortezubi

Terminamos nuestra ruta en un pueblo que, posiblemente, sea al único que pueda presumir de contar con dos obras de arte naturales inopinadas. Por un lado las cuevas que se crearon a merced de sus formaciones montañosas. Descubierta en 1916 y ubicada en el marco incomparable del barrio de Basondo, las cuevas de Santimamiñe son un importante yacimiento arqueológico en el que se encontraron restos arqueológicos de los inicios del Paleolítico hasta la época de la Romanización. 

Ander Abadia Zallo


 Por otro lado, el Bosque de Oma o Bosque Animado, una ladera en la que el artista Agustín Ibarrola ha pintado árboles y piedras con sus obras. Una combinación de naturaleza y arte que permite disfrutar de la pintura mientras realizamos un agradable paseo, perfecto para estirar las piernas después de un día al volante.