'Road trip' por España (VI): cinco pueblos bellos del Valle del Tiétar

Al volante de un Opel Corsa, recorremos este paraíso abulense a los pies de Gredos, por los 5 pueblos más bonitos de la zona

Luis Meyer
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Foto: Enes Kucevic

El destino

Al sur de la Sierra de Gredos, la comarca del Valle del Tiétar es un escenario de naturaleza exuberante jalonada por un sinfín de pueblos con otros tantos encantos. Nosotros hemos seleccionado los cinco que consideramos más bonitos... por diversas razones. 

El coche 

Ya dijimos al principio de esta serie que en nuestros 'road trip' iban a entrar coches de todo tipo, y con eso, nos referimos también a coches de todos los tamaños. Hoy en día, el segmento hasta hace poco denominado “urbano” debería renombrarse, porque cuenta con muchos modelos de diversas marcas que no se limitan, en absoluto, a las ciudades: les sobran cualidades para viajar a cualquier parte. 

Axel Wierdemann

Es el caso del nuevo Opel Corsa: aunque sus dimensiones son compactas por fuera, cuando uno entra, tiene la sensación de estar en un coche más grande. Y no solo por la sensación de espacio que transmite su habitáculo, sino especialmente por su comportamiento. Permite rodar a velocidades elevadas con una facilidad pasmosa. Nada vibra, nada se siente llevado al límite, la estabilidad y el aplomo transmiten una seguridad que hasta hace diez años solo se sentía en las grandes berlinas. 

Dani Heyne

Y aunque cumplimos estrictamente con los límites de velocidad, la sensación es la de que este coche podría correr mucho más (por ejemplo, en algunas autovías alemanas sin restricciones) manteniendo la compostura. Otra cosa que me ha gustado: una vez que te sientas al volante, te das cuenta de que todo está orientado a la conducción. Y lo digo literalmente: la gran pantalla táctil del salpicadero y los mandos de los controles esenciales están inclinados hacia mí, todo queda a mano, y no hay que desviar la vista de la carretera, ni para cambiar el modo de conducción (Eco para consumir poco y rodar cómodamente, Sport para unas reacciones más vivas).

La Adrada

Noemí del Val

Esta es, por así decirlo, la puerta a la comarca del Valle del Tiétar, con permiso de Navahondilla,  siempre que vengas desde Madrid (o desde el este, que viene a ser lo mismo). La Adrada es un pueblo pequeño con pequeños encantos. Por ejemplo su pequeña plaza central, con un ayuntamiento presidido por un reloj y un campanario, y múltiples terrazas que la llenan de vida (no olvides pedir la tapa de patatas revolconas).

De allí sale Calle Larga, un corredor rodeado de casas bajas empedradas, que desemboca en un extremo del pueblo, de donde salen mil senderos para perderse gustosamente entre los paisajes inigualables esta antesala de la Sierra de Gredos. Si optas por caminar una calle en pendiente desde un lateral de la plaza llegas al Castillo de la Adrada, una formidable construcción amurallada que se conserva increíblemente bien a pesar de tener más de cinco siglos a sus espaldas, y está abierto al público.

Piedralaves

©Ayuntamiento Piedralaves

Continúo por la carretera 501, y llego a este pueblo, que mantiene en gran parte de sus calles adoquinadas y los balcones de madera la esencia del siglo XVII, cuando fue declarada villa independiente de manera oficial, está surcado de norte a sur por un caudaloso arroyo, la Garganta del Nuño Cojo, que parte de una presa a 10 kilómetros y desemboca en el río Escorial. 

©Ayuntamiento Piedralaves

Y ahí radica su encanto: el arrullo constante de sus aguas, que se vuelve más intenso en esta época del año, es una deliciosa banda sonora que acompaña en el paseo por sus intrincadas callejas. La garganta no solo discurre bajo un puente romano, sino también junto a la terraza de La Bodeguita, un sitio de cuento donde sirven una tapa de callos… que también parece de ficción, de lo rica que está. 

Pedro Bernardo

Lo llaman también el Balcón del Tiétar, y no es de extrañar: Colgado de la ladera sur del risco de la Sierpe, el pueblo es en sí mismo un mirador para disfrutar Del Valle en toda su inmensidad. Un manantial que llega de la cima se convierte en una cascada que se precipita por el frontal del puerto, a modo de bienvenida.

©Ayuntamiento Pedro Bernardo

Lo mejor es dejar el Corsa en las lindes del pueblo: sus empinadas callejas, muchas escalonadas, no son aptas para coches: estaban pensadas para animales de carga.

Mombeltrán

Una carretera muy bien asfaltada, en la que se combinan largas rectas con tramos nudosos, me permite disfrutar mucho de la conducción y comprobar la buena pisada del Corsa, mientras me deleito con la vista de los castaños y robles que la rodean, de colores explosivos en este momento del otoño, cuando aún no han caído todas sus hojas. 

quintanilla / ISTOCK

Ya en la vertiente sur de Gredos, el encanto de este pueblo radica en dos aspectos: por un lado, su privilegiada situación para acceder del Puerto del Pico, desde donde se disfruta de algunas de las mejores vistas de la sierra. Por el otro, su castillo, perfectamente conservado por fuera (no así por dentro), y que parecería el escenario de una película Disney de príncipes y princesas… de no ser porque cuando se erigió por el Duque de Albuquerque, en el siglo XV, al cine aún le quedaba mucho tiempo para ser inventado. 

El Arenal

Asqueladd

Y culmino mi road trip en un pueblo enclavado en el mismo epicentro del Parque Regional de la Sierra de Gredos: el Arenal no cautiva por tener una arquitectura especialmente exótica ni añeja, sino porque transmite la sensación (real) de estar muy apartado del resto del mundo. Rodeado por las frondosas montañas del valle de Gredos, la mayoría de sus casas son bajas y con tejados a doble vertiente, y no resulta disparatado compararlo con esos pueblitos encandiladores de los Alpes suizos. Aunque, si uno se fija sus laderas balconadas donde se cultivan nutridos cerezos, también puede rememorar a un paisaje vietnamita, especialmente cuando se inundan de sol y aún no se ha despejado del todo la bruma mañanera.