'Road trip' por España (V). Hoy: Puerto de Casillas

Entre el embalse de Burguillo y el valle de Iruelas, discurre un camino con unas vistas increíbles detrás de cada curva

Luis Meyer
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El destino

En la provincia de Ávila, entre dos castañares exuberantes y junto a la Reserva Natural del Valle de Iruelas, en un extremo de la Sierra de Gredos y partiendo del embalse de Burguillo, el puerto de Casillas es un recorrido con paisajes majestuosos que permite disfrutar de la naturaleza tanto a pie como al volante. 

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El coche

Esta es la quinta ruta de la serie y, aunque ya han pasado por mis manos coches de todos los tipos y tamaños (y todos con sus muchas virtudes), tengo que decir que este es el que más se sale de lo normal. Y cuando digo “se sale”, lo digo de forma literal. Se sale de tamaño, para empezar: es raro ver en nuestro país un vehículo de estas dimensiones (más habituales en Estados Unidos, país donde, por cierto, ya lleva vendiéndose un año).

En cifras: mide más de cinco metros de largo (algo mas de dos Paul Gasol tumbados con los brazos estirados), y tiene una batalla (el espacio destinado a ocupantes) de más de tres, de modo que su espacio interior es lo más cercano al infinito: puedes elegir entre tener tres filas de asientos (con siete plazas)o plegarlos todos y disponer de un espacio de carga suficiente para solventar una mudanza entera en un solo trayecto. 

También se sale en diseño: no sé cómo lo han logrado en Ford, pero aunque su nuevo SUV es mastodóntico, sus formas son deportivas, casi gráciles (y eso que la rueda me llega por la cintura). Y se sale en comportamiento, aquí llega lo más sorprendente: tiene un motor eléctrico y otro de gasolina V6, y entre los dos rinden más de 400 CV. Lo bueno es que pueden funcionar junto o por separado, y tu eliges el modo de conducción, desde Eco a Offroad, pasando por Sport. Pues bien: en cada uno, el Explorer adopta una personalidad distinta: a veces parece que vas en un ecológico coche eléctrico, otras en un todoterreno radical y otras, en un deportivo mucho más pequeño y ligero. En fin, que este coche es una feliz desmesura. 

La ‘app’

En esta ruta metemos una pequeña variación. Porque ya que el Ford Explorer es, además de todo lo dicho, un todoterreno con todas las letras, he querido aprovechar para sacarlo del asfalto. Y ya que nos ponemos camperos, ¿por qué no caminar un poco? De modo que he combinado la conducción ‘offroad’ con un poco senderismo, algo que va muy bien para las piernas, los pulmones… y el cerebro. 

Pero no quería ponerme a recorrer caminos a lo loco, así que me he bajado Komoot, una ‘app’ de móvil concebida para senderistas de todo pelaje: desde consumados alpinistas a meros aficionados (como es mi caso). 

Al volante... y a pie

A diferencia de rutas anteriores, esta es muy sencilla: subir el Puerto de Casillas, que es algo así como la antesala de la Reserva Natural del Valle Iruelas. Son unos 11 kilómetros que parten de la presa del embalse de Burguillo. Solo está asfaltado un primer tramo, pero la mayoría discurre por un camino pedregoso y, en algunos casos, embarrado y con un manto de hojas otoñales, de modo que es recomendable realizar este recorrido con un coche que tenga unas mínimas cualidades todoterreno o, en su caso, una altura suficiente respecto al suelo. Aunque como comprobarás, hay muchos intrépidos que se aventuran a culminarlo con coches “normales”.

corradobarattaphotos / ISTOCK

En nuestro caso, no tenemos problema, porque el Ford Explorer es sin duda uno de los todoterreno más eficaces que uno puede encontrarse en el mercado hoy en día. Su tracción total inteligente lo pega al suelo con uñas y dientes, pasa por las irregularidades como si las apisonara, en todo momento uno se siente seguro al volante, ya que se solventa un camino abrupto como este sin pestañear. 

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Y eso es bueno porque permite relajarse y regalarse la vista con el paisaje circundante, esto es, el valle de Iruelas en todo su esplendor, y el bello embalse de Burguillo y su peculiar entorno lunar, que cada vez va quedando más abajo: te en cuenta que, una vez que culminas el puerto, estarás a casi 2.000 metros sobre el nivel del mar. 

Toca caminar

Para este primer día nos hemos planteado un paseo más que una verdadera ruta de senderismo. El coche puede aparcarse junto a la caseta del guarda, y desde allí, hay un camino bastante definido que bordea la montaña, en dirección al pozo de la nieve

Este lugar, que aparece al cabo de unos 40 minutos en medio de una pradera, corresponde a uno de los pozos construidos en el interior de edificaciones de piedra, madera y teja. Hasta hace un siglo allí se almacenaba la nieve del invierno que los poceros prensaban con los pies. El hielo resultante servía para abastecer a las tabernas de la zona. 

Antes de empezar a andar, abro Komoot y marco la ruta. Enseguida me ofrece muchísima información: no solo la distancia y el tiempo estimado, sino también el nivel de dificultad de cada tramo, el tipo de caminos que me esperan (pista alpina, pavimentada, sendero, senda, etc.), el clima que va a hacer casi al minuto, e incluso la experiencia y el estado de forma requeridos. 

Segunda ruta, mismo destino

Después de haber calentado el primer día, hoy toca esforzarse un poco más. El destino será, una vez más, el pozo de la nieve de lo alto del Puerto de Casillas, pero hoy quiero hacer dos cosas: por un lado, conducir el Ford Explorer por las serpenteantes carreteras de la zona. Y por el otro, realizar a pie una ruta que merezca tal nombre. 

De modo que conduzco hasta El Tiemblo, o más concretamente hasta su famoso castañar. Como dije al principio, es alucinante la manera en que el Explorer cambia su personalidad: lo pongo en modo Sport y no balancea nada en las curvas, la dirección es mucho más precisa y el coche se siente mucho más ligero de lo que es. 

Una vez llego al castañar, tras dejarme embriagar uno minutos por los colores vibrantes del otoño, marco la ruta en Komoot y empieza a andar. Me dice que voy a tardar 2,46 horas, que son 7,7 kilómetros de los cuales, los primeros cuatro son cuesta arriba, pero a partir de ahí empiezo a descender. No hay ni un metro de pista pavimentada, de modo que todo discurre por senderos y senderos de montaña (que no son lo mismo).

LucVi / ISTOCK

El tiempo, gracias a Dios, será soleado. De modo que no solo no me mojo durante el camino, sino que me permite disfrutar aún más de los colores otoñales. 

Ya de regreso a Madrid, me llevo muy buenas experiencias conmigo. Y no lo digo en sentido figurado: Komoot me permite guardar las rutas que he hecho, todas geolocalizadas, e incluso compartirlas con otros usuarios y en redes sociales. Para una vez que este servidor hace deporte, al menos, que se sepa.