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El rincón del Mediterráneo donde vive Ferran Torres (26 años): minas de 6.000 años y un castillo del siglo X en la zona más exclusiva del litoral catalán

Un chico de Foios acaba de darle a España su segunda estrella mundial. Cuando se apague el ruido, volverá a una playa a veinte minutos de Barcelona que casi nadie sabría señalar en un mapa.

El refugio de Ferrán Torres es uno de los lugares mas codiciados del litoral catalán.

El refugio de Ferrán Torres es uno de los lugares mas codiciados del litoral catalán. / Istock

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España ya es bicampeona del mundo. Lo consiguió anoche en Nueva Jersey, en una final que se resistió hasta el minuto 106 de la prórroga, cuando un remate al estilo del que Iniesta firmó en Sudáfrica 2010 puso el 1-0 definitivo ante Argentina y desató la fiesta de todo un país. El autor del gol fue Ferran Torres, que entró desde el banquillo para escribir el momento que va a acompañarle el resto de su carrera. Y aunque Rodri se llevó el Balón de Oro del torneo como mejor jugador; Ferran se llevó algo más difícil de medir: el gol que decide una final.

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Ferran Torres cumple 26 años en 2026, aunque conviene matizarlo: nació el 29 de febrero del año 2000, así que en sentido estricto solo ha soplado velas en su fecha exacta cuatro veces en toda su vida. Ese detalle, curioso, ahora tiene una anécdota nueva que contar: la de un chico nacido en un día que casi no existe y que anoche entró en la historia del fútbol español en un minuto, el 106, que tampoco existe en un partido normal. Mientras España celebra y el equipo se prepara para aterrizar hoy en Madrid antes de su recorrido por las calles de la capital, conviene mirar hacia otro lugar: el rincón del litoral catalán donde este futbolista tiene su casa y al que, pasada la euforia, siempre acaba volviendo.

Playa de Gavà Mar

Playa de Gavà Mar / Istock

Cuatro kilómetros de arena que no salen en las guías de Barcelona

Nadie que llegue a Barcelona pensando solo en el Camp Nou o en las Ramblas sospecha que a media hora en coche por la C-32 hay un tramo de costa de casi cuatro kilómetros con menos gente que cualquier playa metropolitana en agosto. El Passeig Marítim de Gavà Mar, de dos kilómetros, no es un paseo cualquiera: ganó el Premio FAD de Arquitectura Exterior en 1995, un reconocimiento que en su día se le dio por algo poco habitual en la costa catalana de los noventa —respetar el sistema dunar y el pinar en lugar de arrasarlo para poner hamacas. El resultado, tres décadas después, es un pinar de 400 metros de ancho que llega hasta primera línea de playa, algo que en el Mediterráneo metropolitano ya casi no existe, y unas dunas restauradas que forman parte del primer proyecto de recuperación dunar del área metropolitana de Barcelona. Junto al paseo, la escultura de La Vela, obra de Antoni Roselló, hace de punto de encuentro tanto para los vecinos de Gavà como para quien llega de fuera buscando algo distinto a Castelldefels, la localidad vecina que absorbe a la mayoría de los visitantes de la zona.

Monumento de La Vela en el paseo marítimo de Gavà

Monumento de La Vela en el paseo marítimo de Gavà / Wikicommons / Antoni Roselló; photo by Grey Geezer - Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=63207541

Este verano, con España convertida en campeona del mundo y su plantilla bajo un foco mediático que no va a bajar de intensidad en semanas, tiene sentido pensar en dónde se refugian estos futbolistas cuando quieren desconectar. Gavà Mar responde a esa pregunta mejor que casi cualquier otro punto del litoral catalán: parcelas grandes, discreción y una tranquilidad que explica por qué tantos jugadores del Barça y del Espanyol han acabado echando raíces aquí. Pero reducirlo a "zona residencial de futbolistas" es quedarse en la superficie de un lugar que, literalmente, guarda joyas bajo tierra.

Vistas de Castelldefels y la playa, puerto de Port Ginesta con veleros, cerca de Barcelona.

Vistas de Castelldefels y la playa, puerto de Port Ginesta con veleros, cerca de Barcelona. / Istock

Lo que el visitante de la playa suele perderse: minas de 6.000 años, un delta con 360 especies de aves y un castillo del siglo X

Con la resaca de la fiesta todavía por España, vale la pena recordar que el terreno donde vive el héroe de la final tiene su propia final ganada hace mucho tiempo: a apenas tres kilómetros de la arena está el argumento patrimonial más potente de todo el municipio, y probablemente el menos conocido fuera de Cataluña. Las Minas Prehistóricas de Gavà son las galerías de extracción más antiguas de Europa, con más de 6.000 años de antigüedad. Aquí se picaba variscita, un mineral verde semiprecioso con el que las comunidades neolíticas fabricaban joyas y amuletos que después viajaban por rutas comerciales de cientos de kilómetros. En una de esas galerías apareció la Venus de Gavà, una figura femenina neolítica con ornamentos de variscita que hoy se considera una de las piezas clave del Neolítico peninsular. El yacimiento está declarado Bien Cultural de Interés Nacional desde 1996, y el Parque Arqueológico Minas de Gavà organiza visitas guiadas que permiten bajar a las galerías —algo que muy pocos destinos de playa en España pueden ofrecer a quince minutos andando del mar.

Venus de Gavà

Venus de Gavà / Wikicommons / Vetranio - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=32751432

Al sur, el Delta del Llobregat añade otra capa completamente distinta al mismo territorio: humedales, lagunas y playas vírgenes protegidos como Zona de Especial Protección para las Aves, con más de 360 especies registradas —flamencos, garzas, cormoranes y limícolas que hacen parada en su ruta migratoria entre Europa y África. Es uno de los puntos de observación ornitológica más relevantes de toda la península. Hacia el norte y el noroeste, el Parque Natural del Garraf ofrece el paisaje opuesto: un macizo calcáreo de rocas y areniscas rojizas, cuevas formadas por la erosión del agua y rutas de senderismo y bicicleta de montaña que suben hasta el Castillo de Eramprunyà, documentado desde el siglo X, con la Ermita de Sant Miquel —de origen románico con reformas renacentistas— y vistas que abarcan todo el litoral. En un radio de pocos kilómetros conviven un yacimiento neolítico único en Europa, uno de los humedales más ricos del Mediterráneo y un castillo medieval con mil años de historia. Ninguno de los tres necesita un Mundial para justificar el viaje.

¿Cuando?

La mejor época depende de lo que se busque: primavera, para los espárragos y para el Delta en plena actividad migratoria; de junio a septiembre, para la playa y el baño; y otoño, para el Garraf y para el observatorio de aves, cuando el paso migratorio vuelve a llenar de vida las lagunas del delta.

Delta del Llobregat

Delta del Llobregat / Istock / XAVIER ARROYO

Hacia el norte y el noroeste, el Parque Natural del Garraf ofrece el paisaje opuesto: un macizo calcáreo de rocas y areniscas rojizas, cuevas formadas por la erosión del agua y rutas de senderismo y bicicleta de montaña que suben hasta el Castillo de Eramprunyà, documentado desde el siglo X, con la Ermita de Sant Miquel —de origen románico con reformas renacentistas— y vistas que abarcan todo el litoral. En un radio de pocos kilómetros conviven, sin que casi nadie lo sepa, un yacimiento neolítico único en Europa, uno de los humedales más ricos del Mediterráneo y un castillo medieval con mil años de historia.

Ermita de Sant Miquel

Ermita de Sant Miquel / Wikicommons / joan ggk - Garraf, abril 2006, diumenge de rams, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2840978

Cómo organizarse la visita: tren, minas con reserva previa y espárragos de temporada

Antes de hacer la maleta

  • Reserva con antelación la visita a las Minas Prehistóricas: el aforo de las galerías es limitado y en temporada alta se agota.
  • El Parc de les Dunes se recorre bien a pie en una hora, y el Delta del Llobregat merece la bicicleta más que el coche, permitiendo combinar observación de aves con paradas junto al agua.
  • En la mesa, el paseo marítimo de Gavà Mar mantiene la cocina típica de este tramo de costa: arroces, marisco y, en temporada, los espárragos de Gavà.

Llegar es más sencillo de lo que parece para tratarse de un destino tan poco masificado. En tren, la línea R2 Sud de Rodalies conecta Barcelona-Sants con la estación de Gavà en poco más de veinte minutos, con un breve trayecto a pie o en autobús hasta el paseo marítimo. En coche, desde Barcelona se cuentan unos veinte minutos con salida directa a Gavà Mar.