Reverte, en Irlanda, por Mariano López

El nuevo libro de Javier Reverte certifica el cariño que siente el autor por una tierra que ama la literatura, la música y la cerveza.

Mariano López
 | 
Foto: Jaime Martínez

El nuevo libro de Javier Reverte, Canta Irlanda, un viaje por la isla esmeralda, es, ante todo, un acto de amor, un relato que explica y certifica el cariño que siente el escritor por una tierra que ama la literatura, la música y la cerveza. "Mi pretensión -dice el autor- no es otra que comprender un poco y rendir mi particular homenaje a esta isla en la que no hay serpientes, que exporta al mundo miles de curas y monjas y millones de litros de cerveza negra, que presume de tener uno de los índices más bajos de suicidios de la Unión Europea, que nunca ha invadido a nadie y que ha sido tantas veces invadida, donde sus habitantes beben hasta el delirio Guinness y whiskey, gentes que prefieren la carne al pescado, las patatas a las verduras, y que aman a los cisnes, a los caballos y a los poetas". Son razones de peso para enamorarse de Irlanda, pero hay más. Reverte es un consumado mitómano. Ha recorrido el planeta para explorar la geografía de los nombres y los relatos que inspiraron sus mejores sueños, desde el Níger de Joseph Conrad al Yukón de Jack London. Y en Irlanda abundan los mitos, en particular los literarios. Es la isla con mayor producción de premios Nobel de Literatura per cápita del mundo, la patria de Joyce, Yeats, Kavanagh, Beckett, Oscar Wilde, Seamus Heaney y Bernard Shaw. Un país de escritores y de lectores que les levantan estatuas, porque saben que no hay nada como la poesía. Salvo la música. Y ambas, música y literatura, han calado en las raíces de Irlanda hasta formar la esencia del país y de sus gentes. Dice Reverte: "Irlanda ha crecido entre las brumas de las leyendas, los cantos populares y la voz de los poetas. Y un héroe irlandés no es nadie si no hay una balada que le cante. Por ello, Irlanda es un país de escritores, y, por eso, el pueblo irlandés ama a sus escritores más que a sus santos, a sus políticos, incluso a sus héroes. Cada noche, en cientos de pubs de toda la isla se cantan las gestas, las bromas o los dramas y tragedias de decenas de hombres y mujeres a los que la historia no concede una sola línea, pero que todos los irlandeses, grandes y chicos, conocen de memoria".

Canta Irlanda comienza con el Bloomsday, la fiesta que se organiza en Dublín el día en que se supone que transcurren las aventuras de Leopold Bloom, el protagonista de la novela Ulises, de James Joyce. Reverte asiste, maravillado, al homenaje popular de los dublineses a una de las grandes obras maestras de la literatura, un texto enigmático y genial, de un autor, dice Reverte, "al que amamos como a Góngora, sin acabar de comprenderle del todo, porque intuimos que su genio nos sobrepasa". Reverte narra, con su habitual maestría, el ambiente y las razones de la fiesta, la vida de Joyce, los secretos de sus personajes. Recorre los pubs sin los que no existiría la fiesta y comparte, con los lectores, versos y canciones. Cada capítulo del libro contiene, al menos, una canción, una historia que suena solo con pronunciar sus palabras. Reverte ha escrito un libro que canta, como el país que tanto ama. "Irlanda -escribe- no ha cesado de cantarse a sí misma. Y lo ha hecho en baladas que tienen el aire de antiguos romances o de cantares de ciego y en donde a menudo aparecen personajes que no son propiamente históricos sino nacidos de las leyendas populares, como ese muchacho descarriado, ese ‘wild rover'' que se echa a la mala vida y al alcohol y al final regresa a casa arrepentido; o como la dulce Molly Mallone, que vendía almejas y mejillones en las calles de Dublín y un día murió de fiebre; o como los ebrios gamberros y gamberras del velatorio de Tim Finnegan, que acaban liándose a puñetazos".

Javier Reverte recorre la isla de Irlanda en coche, en autobús, en tren. Viaja en ferry a las islas Aran. Apura la geografía de la isla esmeralda y explora los sentimientos que tienen los irlandeses sobre su patria y sobre sí mismos. Recala en los pubs, se acoda, junto a una cerveza Kilkenny, allá donde la barra se curva para acoger mejor a los clientes. Canta y bebe, "dos actos que en Irlanda -afirma- son de carácter místico". Y va enhebrando relatos, personajes, leyendas, mitos. El origen del whiskey, la historia de San Patricio, la versión original de "la lluvia en Sevilla es una maravilla", la Pascua irlandesa, el idioma gaélico, el bandido Jack Duggan, la Armada Invencible, el Ulster y, por supuesto, Innisfree, el lugar donde se rodó la película preferida de Javier Reverte: El hombre tranquilo, protagonizada por John Wayne y su idolatrada Maureen O''Hara. "Entré en Cong -escribe Reverte- como quien entra en la pantalla de un cinematógrafo a vivir una historia soñada, con la adecuada música de fondo sonando en el reproductor de cedés del coche. Me interné entre los árboles y cerré los ojos, deseando que, al abrirlos, estuviera allí delante Maureen O''Hara".

Canta Irlanda es un regalo. Un bello libro de historias, lugares, aventuras, poemas y canciones, un libro de viajes y una obra de amor. El amor que siente Reverte por Irlanda y que se transmite, en cada página, con el lirismo y la hondura que acompañan a las canciones de los pubs. Un relato viajero que ha anudado a la mochila sentimientos y emociones, sueños y mitos de un país que ama las causas perdidas, bebe y canta en los pubs y celebra a sus escritores antes que a sus políticos o a sus militares. "Si tuviera una nueva vida, amigo lector -escribe Reverte-, y pudiera elegir una tierra en donde nacer, ¿cuál crees que elegiría?". Fácil: la isla que protagoniza este nuevo y excelente libro de Javier Reverte, Canta Irlanda, un viaje por la isla esmeralda.

// Outbrain