El refugio veraniego de Rodri (29 años) está en un país de los Balcanes con dos Patrimonios de la Humanidad: cañones, monasterios y una bahía de fiordo
Entre montañas que caen a plomo sobre el mar y un cañón que se abre paso entre roca caliza, el centrocampista ha elegido un país que casi ningún viajero español marca todavía en el mapa.

El refugio veraniego del mejor jugador del mundial está en una joya de los Balcanes. / Istock
El agua verde esmeralda del cañón Nevidio se cuela entre paredes de piedra tan altas que el sol apenas llega al fondo durante buena parte del día. A pocos kilómetros, el macizo de Durmitor se levanta como un decorado de picos afilados y lagos glaciares, uno de los rincones menos transitados de los Balcanes. Ahí, y no en ninguna isla del Mediterráneo español, ha decidido pasar sus primeras semanas de descanso Rodrigo Hernández Cascante, capitán de la selección española, campeón del mundo y Mejor Jugador del Mundial 2026, un torneo que España acabó levantando frente a Argentina tras un verano que lo cambió todo para el centrocampista del Manchester City.

Parque Nacional de Durmitor, Montenegro / Istock
Que el elegido sea Montenegro, y no Ibiza o Mallorca, tiene más sentido del que parece si se conoce al personaje. Rodri es, desde hace años, uno de los futbolistas más reservados del vestuario español: no tiene redes sociales, evita las alfombras rojas y ha explicado en más de una entrevista que le pesa poco el ruido que rodea al fútbol de élite. Le acompaña Laura Iglesias, su novia desde hace más de una década —se conocieron siendo estudiantes en la Universitat Jaume I de Castellón, ella entonces empezando Medicina, hoy cirujana— y con la que ha compartido tanto el Balón de Oro de 2024 como la recuperación de una lesión de rodilla que lo apartó meses de los terrenos de juego. Un perfil bajo que encuentra en Montenegro justo lo que no ofrece ninguna isla balear en pleno agosto: silencio, naturaleza y cero cámaras.

Sara Fernández García
El Montenegro que empieza en la roca
Antes de la costa, hay montaña. El primer tramo del viaje de la pareja transcurre en Pošćenje, un pueblo diminuto del norte del país, junto al Parque Nacional de Durmitor, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1980 por sus lagos de origen glaciar, sus picos de más de 2.500 metros y una biodiversidad que sobrevive casi intacta al turismo de masas. Allí se alojaron en el Eco Village Nevidio, un alojamiento rural y ecológico de bungalós de madera con vistas al lago y a las montañas, confirmado por la propia cuenta del establecimiento, que agradeció públicamente la visita del futbolista y su pareja.
A apenas doce minutos a pie se abre el gran atractivo de la zona: el cañón Nevidio, uno de los más estrechos y espectaculares de Europa, tallado durante milenios por el río Komarnica. Se recorre en gran parte a través de pasarelas de madera suspendidas sobre el agua, entre paredes de roca que en algunos puntos apenas dejan pasar la luz. Es turismo lento, de trekking suave y ritmo pausado, muy alejado del circuito habitual del viajero español en los Balcanes, que casi siempre se queda en la costa adriática. Durmitor ofrece justo lo contrario: bosques de pino negro, senderos para todos los niveles y localidades como Žabljak, la más alta de los Balcanes, como base para explorar la zona.

Parque Nacional de Durmitor / Istock / Andrei Nekrassov
Una bahía que parece fiordo y no lo es
Días después, el rumbo cambia hacia el sur, hacia la bahía de Kotor, donde la pareja se alojó en el One&Only Portonovi, en la localidad costera de Portonovi. Es habitual escuchar que esta bahía es el fiordo más meridional de Europa, y la imagen no engaña del todo: montañas de más de mil metros caen casi en vertical sobre un mar que se adentra en la tierra formando una sucesión de brazos y ensenadas. Pero, geológicamente, no es un fiordo, sino una ría: un antiguo cañón fluvial que el mar terminó inundando. El apodo popular funciona como imagen, aunque conviene no repetirlo como si fuera un dato geográfico exacto.

Bahía de Kotor, / Istock
En el corazón de esa bahía se levanta Kotor, ciudad amurallada de origen veneciano y Patrimonio de la Humanidad desde 1979, con un casco histórico de callejones estrechos, plazas escondidas y más de mil trescientos escalones que suben hasta la fortaleza de San Juan, colgada sobre el mar. Merece la pena perderse sin prisa por sus calles antes de subir, y reservar la última hora de luz para la panorámica desde lo alto. El país guarda además un patrimonio religioso ortodoxo notable, con monasterios excavados literalmente en la roca —el más célebre, el monasterio de Ostrog, del siglo XVII— que forman parte del paisaje cultural montenegrino aunque no siempre sean visita obligada en una escapada corta. Otra alternativa más accesible desde la propia bahía es Cetinje, antigua capital real, a poco más de media hora en coche desde Kotor.

Monasterio de Ostrog, construido en un acantilado montañoso / Istock / Tomasz Wozniak
Cómo ir, cuándo hacerlo y qué comer
Llegar a Montenegro desde España no tiene vuelo directo: la opción más habitual pasa por hacer escala en algún hub europeo hasta Tivat o Podgorica, los dos aeropuertos del país, o bien volar hasta Dubrovnik, en Croacia, y cruzar la frontera en poco más de una hora en coche, una ruta muy utilizada por quienes combinan Montenegro con la Dalmacia croata. El verano es temporada alta y también la más concurrida en la bahía de Kotor, así que quien busque tranquilidad hará bien en mirar hacia mayo, junio o septiembre, cuando el calor afloja y las carreteras de montaña se vacían. En cuanto a precios, Montenegro sigue siendo notablemente más económico que Croacia o Italia, aunque los alojamientos de lujo de la costa, como el que ha elegido la pareja, escapan a esa regla.

Montenegro es una joya de país que ya deberías conocer. / Istock / TUNART
De la gastronomía montenegrina dieron buena cuenta en Forza Kuk, un restaurante situado en las laderas del monte Lovćen, con vistas panorámicas sobre la bahía de Kotor y cocina tradicional del país. El propio establecimiento confirmó la visita a través de su cuenta de Instagram, donde agradeció la parada del futbolista y su pareja. Es una buena carta de presentación de la cocina local, con pescado del Adriático, quesos de montaña y platos de herencia otomana y mediterránea a partes iguales, muy alejada de la oferta turística estándar de la costa.
Rodri nunca ha hablado en público sobre Montenegro, pero sí ha explicado, en más de una ocasión, qué tipo de vida busca fuera de los campos. En una entrevista con el diario AS resumió su forma de entender el éxito con una frase que explica, mejor que cualquier itinerario, por qué un país sin aeropuerto directo desde España y sin discotecas de postal se ha convertido en su refugio de verano: «no me importan las redes sociales ni las zapatillas de 400 libras». En Montenegro, desde luego, no las va a necesitar.
- Paco es alcalde, policía y personal de mantenimiento de una aldea donde vive completamente solo: 'He elegido quedarme aquí porque amo la naturaleza
- El refugio de Vicente Vallés (63 años) está en las Islas Afortunadas: 'Es una preciosidad. Es como un pequeño continente
- Las raíces de Emilio Aragón (67 años) están en un pueblo de Sevilla al que su padre Miliki dedicó su primera canción: tiene una puerta que resistió a cartagineses, romanos y árabes
- Tirso vive en un pueblo del Pirineo sin cobertura ni servicios y a una hora del médico: 'Es peor la soledad de las ciudades que la de los pueblos
- Nacieron en el mismo lugar, pero solo uno se quedó: las raíces separadas de Kira Miró (46 años) y Salva Reina (48 años) están en 'el continente en miniatura', Reserva de la Biosfera y Patrimonio de la Humanidad
- La casa que Cristiano se construyó para retirarse tiene playa privada: la finca de Cascais con una suite de 300 metros y en una de las zonas más exclusivas del país
- Las raíces de Isabel Rábago (52 años) están en un pueblo de Cantabria junto a Marismas Blancas y Negras: es el refugio de 70 especies de aves migratorias
- El pueblo español donde nació el primer hombre que dio la vuelta al mundo es perfecto para recorrer a pie: un monte con forma de ratón, txakoli y un casco medieval junto al mar