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El refugio de Sergio Dalma (61 años) es un pequeño pueblo del Baix Empordà: con una población de menos de 150 habitantes, forma parte del llamado "Triángulo Daliniano"

El cantante catalán lleva más de siete años viviendo en Púbol, un enclave medieval de la comarca gerundense donde asegura haberse reencontrado consigo mismo y donde, según confiesa, "la gente se saluda y se mira a la cara".

Este pueblo es el refugio que ha enamorado a Sergio Dalma.

Este pueblo es el refugio que ha enamorado a Sergio Dalma. / Istock

Hay territorios que no necesitan presentación, aunque la mayor parte del mundo aún no los haya descubierto. El Empordà, esa franja de Cataluña que se extiende entre los Pirineos y el Mediterráneo, es uno de ellos. Una tierra que huele a tomillo y a salitre, que combina el blanco cegador de las masías encaladas con el verde oscuro de los cipreses, y que ha inspirado a escritores, pintores y artistas durante siglos. No en vano, Salvador Dalí nació aquí, vivió aquí y aquí eligió enterrar a su gran amor, Gala. Otros, como Josep Pla, el cronista más certero de esta tierra, escribió sobre ella con una devoción casi religiosa.  

Calle Púbol, en el Baix Empordà

Calle Púbol, en el Baix Empordà / Istock

La comarca del Baix Empordà, conocida también como l'Empordanet, es quizá la más seductora de sus dos mitades. Pueblos medievales que parecen suspendidos en el tiempo, calas de agua transparente rodeadas de pinos, arroces de una calidad excepcional y una luz que los fotógrafos persiguen como si fuera oro. Todo eso aguarda al viajero que se atreve a abandonar las rutas más concurridas. Y es precisamente en uno de esos rincones menos transitados donde Sergio Dalma, el cantante de 61 años nacido en Sabadell como Josep Capdevila, ha encontrado su lugar en el mundo. 

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Púbol: el escondite medieval del cantante

Cuando Sergio Dalma decidió, hace aproximadamente siete años, dejar atrás Madrid —ciudad en la que había vivido y consolidado su carrera durante casi tres décadas— eligió un destino que sorprendió a muchos: Púbol, una pequeña localidad del municipio de La Pera, en el Baix Empordà, con apenas 135 vecinos censados.  

Calles de Púbol.

Calles de Púbol. / Istock

El propio cantante no ha ocultado su pasión por este lugar. "Ir a vivir a un pueblo, en el Empordà: ¡es una pasada!", declaró en una entrevista, con el entusiasmo de quien ha descubierto algo que buscaba sin saber que lo buscaba. Pero quizás la frase que mejor resume lo que Púbol significa para él es otra, más sencilla y más reveladora: "Desde que vivo ahí me siento muy protegido". Esa protección no viene de muros ni de seguridad privada, sino de algo mucho más valioso: el anonimato amable de la vida rural. "La gente allí se saluda, se da los buenos días y se mira a la cara", explicó también, subrayando ese gesto cotidiano que en una gran ciudad se ha convertido casi en una rareza. En Púbol, Sergio Dalma puede ser simplemente Josep. "Ahí soy Josep", ha reconocido en varias ocasiones, refiriéndose a esa capacidad del pueblo para devolverle su identidad real. 

Pubol, Baix Emporda

Pubol, Baix Emporda / Istock / Curto

La casa que adquirió en 2019 es una masía de alrededor de 200 metros cuadrados con un amplio jardín, de estilo rústico pero cuidadosamente reformada. Se dice que es allí donde el cantante escribe, donde se bloquea y donde, cuando las palabras no llegan, sale a caminar por los caminos rurales que rodean el pueblo hasta que regresan. En su último disco, Ritorno a Via Dalma, habla de un renacimiento personal y creativo. Él mismo ha señalado que el Empordà tuvo mucho que ver en ese proceso. "He vuelto a Cataluña, a mi tierra", afirmó tras instalarse definitivamente, marcando así el vínculo emocional que lo une a esta comarca. 

La parroquia de Sant Pere en Púbol

La parroquia de Sant Pere en Púbol / Istock / Manuel Milan

Pero Púbol no es solo el refugio de un cantante famoso. Es, por derecho propio, uno de los rincones más singulares del Baix Empordà. El elemento que lo distingue de cualquier otro pueblo de la comarca es, sin duda, el Castell Gala-Dalí, un edificio medieval documentado desde el siglo XI que Salvador Dalí adquirió a finales de 1969 para regalárselo a su esposa y musa, Gala. La condición que ella impuso fue tan excéntrica como la propia relación que los unía: "Lo acepto con la condición de que solamente vengas a visitarme con invitación". Así que el pintor más famoso del siglo XX solo podía entrar en casa de su propia mujer con permiso escrito. El castillo, que Dalí decoró con su particular imaginería surrealista, se convirtió primero en el refugio y taller de Gala, luego en el último estudio del propio Dalí entre 1982 y 1984, y finalmente en su mausoleo: Gala está enterrada en sus sótanos.  

Abierto al público desde 1996, el recorrido incluye el Salón de los Escudos —con una pintura en el techo que Dalí realizó a modo de recibidor—, el Salón del Piano, con uno de sus grandes cuadros donde aparece una joven Gala contemplando las tierras del Baix Empordà, y el jardín de estilo románico, donde conviven elefantes de patas largas, esculturas y cipreses. La entrada cuesta 8 euros y se recomienda la visita guiada para no perderse los detalles que solo el ojo experto sabe señalar. 

Castillo de Gala Dali, Pubol

Castillo de Gala Dali, Pubol / Istock

Junto al castillo se encuentra la iglesia de Sant Pere, de origen románico, que forma parte del conjunto medieval que le da al pueblo su carácter casi feudal. Las calles que los rodean son estrechas, de piedra, y conservan ese aroma a leña y cal que ha seducido a Sergio Dalma tanto como a cualquier otro visitante que llegue por primera vez. Púbol forma parte del llamado Triángulo Daliniano, que completan el Teatro-Museo Dalí de Figueres y la Casa-Museo Dalí de Portlligat, en Cadaqués. Recorrer los tres en una misma escapada es adentrarse en el universo de un genio que, como Sergio Dalma, encontró en esta tierra el lugar donde ser plenamente él mismo. 

Calles de Púbol, localidad del municipio de La Pera

Calles de Púbol, localidad del municipio de La Pera / Istock

En cuanto a la gastronomía, el Empordà tiene en esta zona una propuesta que combina lo mejor del interior y la costa. Los restaurantes del entorno —algunos en el propio Púbol y otros en los pueblos vecinos— sirven platos como la escudella catalana, el suquet de peix (guiso marinero de pescado y patata), el arròs a la cassola o los contundentes platos de mar y montaña, una de las señas de identidad de la cocina catalana. El arroz del Empordà goza de fama bien ganada en toda la región. Para el alojamiento, si bien Púbol no dispone de establecimientos propios, los alrededores ofrecen una amplia variedad de masías rurales y hoteles con encanto. 

Pintoresco pueblo medieval de piedra de Púbol

Pintoresco pueblo medieval de piedra de Púbol / Istock

Más allá de Púbol: el Empordà que no deberías perderte

Quien llegue a Púbol siguiendo los pasos de Sergio Dalma cometerá un error si no aprovecha para explorar el resto del Baix Empordà. Esta comarca es, para muchos viajeros, una de las más completas y hermosas de toda Cataluña, y sus encantos se suceden a cada pocos kilómetros. Peratallada es quizás el pueblo medieval mejor conservado de la zona: sus calles estrechas y laberínticas, rodeadas de murallas y con casas de piedra que parecen detenidas en el siglo XII, la han convertido en uno de los núcleos más fotografiados de España. El Castell de Peratallada, del siglo XI, funciona hoy como hotel. Pals, a apenas unos kilómetros de la costa, es otro imprescindible: su casco histórico asciende por una colina coronada por la Torre de les Hores, un antiguo campanario gótico desde el que las vistas sobre los campos y el mar son de una belleza casi irreal. 

Peratallada es otro de los imprescindibles del Empordà.

Peratallada es otro de los imprescindibles del Empordà. / Istock

Siguiendo la línea de costa, Begur ofrece otra dimensión del Empordà. Este pueblo con sabor a historia colonial —muchos de sus vecinos emigraron a América en el siglo XIX y regresaron levantando mansiones de arquitectura indiana— es la puerta de acceso a algunas de las calas más espectaculares de la Costa Brava, entre ellas Aiguablava, rodeada de pinos y acantilados. Calella de Palafrugell es, por su parte, uno de esos pueblos de pescadores que todavía conservan su alma intacta, con barcas varadas en la arena y casas encaladas que se reflejan en el agua.

Y para quienes busquen naturaleza en estado puro, los Aiguamolls de l'Empordà —una reserva natural declarada espacio protegido— ofrecen rutas de senderismo y observación de aves en un paisaje de marismas y arrozales que sorprende por su singularidad. No es exagerado decir que el Baix Empordà es, para el viajero curioso, uno de esos territorios que se visitan una vez y a los que inevitablemente se regresa. Como ha hecho Sergio Dalma, que dejó una gran ciudad para instalarse en un pueblo de menos de 200 habitantes y que, desde entonces, no ha vuelto a echar de menos el ruido.