El refugio de Sara Carbonero (42 años) es un pueblo toledano de 5.340 habitantes con un restaurante que guarda "la mesa número 19": "Tengo un profundo amor por esta tierra"
Hay pueblos que se visitan y pueblos que se llevan dentro. Corral de Almaguer es de los segundos, y Sara Carbonero lo demuestra, recordando el pueblo en que nació y donde su infancia sigue intacta.

La periodista ha sido galardonada con la Medalla de Oro del mismo pueblo que la vió crecer. / Istock
El 31 de mayo, en el Teatro Auditorio José Luis Perales de Cuenca, Sara Carbonero (42 años) recibió la Medalla de Oro de Castilla-La Mancha de manos del presidente autonómico, Emiliano García-Page. No fue una gala más: llegaba apenas siete semanas después de la muerte de su madre, Goyi Arévalo, el 13 de abril, y la propia periodista lo reconoció desde el atril como "uno de los momentos más difíciles de mi vida". Arropada por su pareja, Jota Cabrera, su hermana Irene y su amiga Isabel Jiménez, pronunció el discurso más íntimo de su carrera.

Redacción Viajar
En ese discurso no habló de fútbol ni de televisión. Habló de un pueblo de la Mancha Alta toledana del que se fue con 18 años para perseguir sus sueños y al que ha vuelto, con 42, convertida en otra persona pero con la misma brújula. "Tengo un profundo amor por esta tierra. El mejor legado que pueden dejar unos padres o una familia a sus hijos son raíces y alas", dijo, antes de nombrar sin rodeos el lugar exacto de esas raíces: Corral de Almaguer. Ese pueblo, y no la medalla, es el verdadero protagonista de esta historia.

Paisaje típico deToledo, Castilla La-Mancha / Istock / Guillermo Perales
Un pueblo que no pasa desapercibido
Corral de Almaguer no es una localidad más de La Mancha: es un municipio de algo más de 5.300 habitantes, a ambos lados del río Riánsares, en plena llanura de la comarca de la Mancha Alta toledana, y en 2020 fue elegido Pueblo Más Bonito de Castilla-La Mancha. Lo primero que se ve al llegar, mucho antes de entrar en el casco urbano, es la mole de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, un templo gótico-renacentista tan desproporcionado para el tamaño del pueblo que los propios vecinos la llaman "la Catedral de la llanura". Sara Carbonero la citó también en su discurso como parte del paisaje que la vio crecer.

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Corral de Almaguer / Wikicommons / Rodelar - Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=147387088
El centro social sigue siendo la Plaza Mayor, porticada, con el Ayuntamiento neoclásico presidiendo un espacio que huele a bar de toda la vida y a domingo de misa. A pocos metros, la Plaza de los Mártires funciona como segundo pulmón del casco histórico. Y por las calles que rodean ambas plazas asoman caserones como la Casa de los Collados, la Casa Briceño o la Casa Barreda, arquitectura hidalga que delata que este pueblo fue, siglos atrás, más importante de lo que su tamaño actual sugiere. En algunas fachadas todavía se conservan rejas de forja hechas a martillo, sin soldadura, un oficio artesano que ya casi no se practica en la provincia de Toledo.

Ayuntamiento de Corral de Almaguer, en la Plaza Mayor / Wikicommons / Zarateman - Own work, CC0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=132405281
Los Mayos, la Semana Santa y el vino que la vio crecer
Este pueblo manchego no es uno más porque cultiva su propia identidad ritual, y la fiesta de los Mayos es la mejor prueba. Se celebra en la Plaza Mayor en primavera: jóvenes que cantan y rondan de casa en casa, una tradición que Sara Carbonero recordó con detalle en su discurso, contando cómo de niña acabó tocando el laúd, la panturria y la guitarra en esas rondas junto a sus amigas. La Semana Santa de Corral de Almaguer, declarada de Interes Turístico Regional, añade otra capa: procesiones de un carácter popular y sobrio, muy alejado del boato de las grandes ciudades castellanas.
Alrededor del pueblo se extiende el viñedo, kilómetros de cepas de la Mancha Alta que marcan el calendario agrícola y el paisaje. Sara Carbonero lo evocó como uno de sus recuerdos más queridos: las mañanas subida en el tractor de su abuelo para ir a vendimiar. No es un dato anecdótico: en un pueblo donde el vino todavía se hace y se bebe en cada mesa, la vendimia de septiembre sigue siendo casi una fiesta no oficial, tan arraigada como los Mayos o la Semana Santa.

Molinos de viento Consuegra que se elevan sobre el paisaje de viñedos de La Mancha / Istock
Parada obligatoria: la mesa 19
La forma más directa de llegar desde Madrid es en coche, por la N-301 o combinando la A-3 y la CM-310, en un trayecto de algo más de una hora; no hay conexión ferroviaria directa. Una vez en el pueblo, el Hotel-Restaurante El Patas, a las afueras por la propia N-301, es parada obligada para quien quiera entender el vínculo de Sara Carbonero con su tierra: tiene reservada de forma permanente la mesa número 19, en una salita íntima cerrada con puerta corredera, con un cartel que dice "El rincón de Sara Carbonero". Su especialidad es la paletilla de cordero al horno, acompañada de paté casero y vinos de la Mancha Alta. El cantaor flamenco Israel Fernández, también nacido en Corral de Almaguer, tiene su propio salón privado en el mismo local: un restaurante de carretera con dos hijos ilustres colgados de sus paredes.
Cuándo ir y qué celebrar
Cada fecha tiene su celebración, por eso apunta para no perderte nada: en Semana Santa podrás disfrutar de las procesiones, declaradas Interés Turístico. En mayo las Fiestas de los Mayos inundan la Plaza Mayo, y si prefieres esperar a que el calor amaine, planea tu visita para Septiembre, haciéndola coincidir con la vendimia de los viñedos de la Mancha Alta.
Para comer, la cocina manchega tradicional manda: caldereta de cordero, migas, gachas, pisto, patatas al telotón y calandrajos son los platos que definen la mesa de la comarca, siempre regados con los vinos locales.
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