El refugio de Samantha Vallejo-Nágera (56 años) es el pueblo amurallado donde aprendió a cocinar de niña: "A mí me relaja venir aquí"
Después de trece años frente a las cámaras, la chef ha cerrado una etapa televisiva y ha vuelto a lo de siempre: un precioso pueblo de piedra dorada donde empezó todo.

La cocinera ha encontrado en Segovia un refugio donde disfrutar con calma, lejos del ruido de los focos. / Istock
El 11 de enero de 2026 RTVE puso fecha a un rumor que llevaba meses circulando: Samantha Vallejo-Nágera dejaba el jurado de MasterChef. Trece años, treinta y ocho ediciones, un delantal que se había convertido casi en uniforme junto a Pepe Rodríguez y Jordi Cruz. Marta Sanahuja, Delicious Martha, ocupa ahora ese asiento en la decimocuarta edición. Para Samantha, el cambio no es solo profesional: es el cierre de la etapa que más la ha expuesto públicamente en toda su carrera.

Adriana Fernández
Lo curioso es hacia dónde mira cuando esa etapa termina. No hacia un nuevo plató ni hacia otro proyecto televisivo, sino hacia un pueblo de la sierra segoviana al que se accede por una sola puerta abierta en una muralla medieval. Pedraza no es un descubrimiento de adulta ni una segunda residencia comprada con el sueldo de la fama: es el sitio donde se crió tras la separación de sus padres, donde su madre y su padrastro montaron una tienda en los años setenta, donde hoy regenta un restaurante en la Plaza Mayor. Trece años frente a las cámaras terminan y ella vuelve a la piedra de siempre, a un pueblo que, según cuenta, tiene el poder de bajarle las revoluciones cuando todo lo demás va deprisa.

Calle de hermosos edificios medievales con torre de iglesia al fondo en la ciudad monumental de Pedraza, Segovia. / Istock
Una muralla con una sola puerta
Entrar en Pedraza tiene algo de ritual obligado: no hay atajos, no hay segunda puerta, solo la Puerta de la Villa abierta en una muralla que ha sobrevivido casi intacta desde la Edad Media. Ese acceso único explica buena parte de por qué el pueblo ha llegado hasta hoy sin el ensanche que ha desdibujado tantos cascos históricos de Castilla: quien entra en Pedraza entra en un espacio que apenas ha cambiado de escala en siglos.

Escenas de Pedraza / Istock / SAMI AUVINEN
La Plaza Mayor recompensa el paseo. Soportales de piedra, casas con entramados de madera y balcones que en primavera se cubren de geranios, un suelo que todavía recuerda a plaza de pueblo y no a decorado turístico. Ahí, en una casona con más de cuatrocientos años de historia, Samantha abrió Casa Taberna. No fue un plan calculado desde un despacho: "Nunca había pensado en montar un restaurante en Pedraza, pero ha sido la solución a mis problemas, estoy súper contenta porque aquí reseteo", contaba en marzo de 2022, poco después de la apertura. El restaurante cuenta con un Sol Repsol, un reconocimiento que confirma lo que en el pueblo ya se daba por hecho.

Plaza Mayor de Pedraza / Istock / JUAN ENRIQUE DEL BARRIO
Pedraza está declarada Conjunto Histórico-Artístico, y esa protección no es un trámite administrativo más: es la razón por la que la piedra dorada de sus fachadas sigue intacta, sin cables a la vista, sin las intervenciones que en otros pueblos han sustituido carácter por comodidad.

Escenas de Pedraza / Istock / t
El castillo y lo que no sale en la foto de la plaza
Hay una Pedraza que la plaza no enseña. Al sur del pueblo, encaramado sobre una roca cortada a pico, el castillo vigila desde hace siglos. En 1525, tras la derrota de Francisco I de Francia en la batalla de Pavía, sus propios hijos fueron recluidos ahí como prisioneros de guerra, un episodio que convierte a esta fortaleza aparentemente modesta en escenario de historia europea de primer orden. Hoy es propiedad privada y acoge conciertos, pero su presencia sobre el caserío sigue imponiendo respeto a quien levanta la vista desde abajo.

Castillo medieval de Pedraza / Istock
Julio trae la cita más singular del calendario de Pedraza: los Conciertos de las Velas. Durante dos fines de semana, el pueblo apaga sus luces y las sustituye por miles de velas repartidas entre calles, balcones y la propia plaza. Bajo ese resplandor suenan conciertos de música clásica, y quien lo vive una vez entiende de golpe por qué Samantha describe Pedraza como un contraste tan claro frente al verano de playa y calor: "Hay gente que viene a veranear a los pueblos de antes porque los que van a la playa se están asando de calor, en cambio aquí se está genial. A mí me relaja venir aquí", explicaba en Viajeros Cuatro, en agosto de 2025, durante una visita al pueblo con el programa. En esa misma conversación recordaba juegos de infancia muy concretos: "Aquí he jugado a la rule, que era el juego típico, me he tomado mi primer botellín... parte de mi vida está aquí."

Detalle del Castillo de Pedraza / Istock / SAMI AUVINEN
El mirador de la Ontanilla ofrece la panorámica que resume todo esto de un vistazo: el caserío compacto, la muralla ciñéndolo, la Sierra de Guadarrama detrás como telón de fondo. Y a un paso de la plaza, en De Natura —la tienda que sus padres abrieron hace más de cinco décadas y que hoy sigue funcionando como espacio de decoración y muebles—, se palpa el otro lado menos fotografiado de esta historia: el de una infancia real en el pueblo, no una postal construida para la televisión.

Vista aérea de Pedraza / Istock
Cómo llegar, dónde comer y cuál es la mejor época para visitar el pueblo
Desde Madrid, Pedraza está a poco menos de hora y media en coche, unos cien kilómetros por la A-1. No existe transporte público regular que llegue directamente al pueblo, así que el coche sigue siendo, hoy por hoy, la vía práctica para cruzar esa única puerta en la muralla.

Calles estrellas en el interior de Pedraza / Istock / SAMI AUVINEN
En la mesa, el cochinillo manda sin discusión. Es la gran seña de identidad de la cocina segoviana: se asa a baja temperatura con solo agua, sal y manteca, hasta que la piel queda tersa y quebradiza como el cristal y la carne se separa sola, casi sin necesidad de cuchillo. El cordero asado le compite de cerca. Para probarlo, Casa Taberna es la referencia más directa, con habitaciones desde unos 300 euros la noche para quien quiera alargar la visita más allá de la comida. El Soportal ofrece cocina castellana clásica sin artificios, y La Olma completa el trío de mesas seguras del pueblo para quien llega decidido a comer bien y sin sorpresas.
La mejor época para visitar Pedraza es primavera u otoño, cuando el pueblo respira sin las aglomeraciones del verano. Julio merece viaje aparte por los Conciertos de las Velas, aunque conviene reservar con meses de antelación porque las entradas se agotan pronto. Quien busque calles despejadas y luz suave sobre la piedra dorada, mejor que esquive agosto.
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